Opinión Nacional

Notas de (muy) principios de año

La reforma constitucional está en la agenda de 2007, si es que el gobierno nacional se atreve a sabiendas de las limitaciones e imposibilidades que tiene para asumirse como poder constituyente. No obstante, a los fines del entretenimiento, surgen algunas propuestas en la bancada parlamentaria que pretenden ir más allá del objetivo supremo reeleccionista de Hugo Chávez, con o sin revisión del texto fundamental.

Decimos entretenimiento porque es en Miraflores donde se traza el mapa político esencial y no en el Capitolio, lo cual no impide que surjan inquietudes ingenuas que esperan prosperar con un socialismo que poco o tampoco conocen. La “vieja cuenta” que muchos de los parlamentarios tienen con la Liga Profesional de Béisbol está en el tapete, a veces por tratar de interpretar la voluntad del mandatario nacional y, otras, por una legitima inquietud que también caen en el pozo de las herramientas políticas que explican la supervivencia del régimen.

Otro tema recurrente al inicio de cada año, es el de los buhoneros. Creemos que el alcalde Freddy Bernal, a veces, lo siente como uno de los grandes problemas que –también lo sabe- no podrá solventar sin afectar a una de las bases de sustentación del régimen del que es beneficiario.

Pasa inadvertida la actuación financiera del parlamento, cuya comisión especializada luce como una oficina ministerial de acuerdo a la particular concepción que sostiene en torno a la división de poderes en Venezuela. Historiadores, politólogos y economistas deberán pasar por las arcas documentales que sobrevivan en dicha comisión, cuando al paso de los años perfilen un presente que tardarán en sentir como ajeno.

Intentaremos este año escribir más brevemente, pues la extensión involuntaria de nuestros modestos textos (sin disponer de tiempo para escribirlos cortos, parafraseando a la poetiza), impide frecuentemente su ubicación en los medios impresos, sobre todo tabloides. Por cierto, no es motivo alguno de complejo su aparición o no en esos medios, ya que –si fuere el caso- los espacios que ganamos en unos cuantos lo perdimos al coincidir con el alcance de ciertas responsabilidades partidistas: motivo de satisfacción y de agradecimiento, incluso, extensible a los medios digitales, no parece prevalecer el interés de darle entrada a una expresión meramente opositora o entrada a una voz militante de COPEI, como exclusivo motivo para su publicación.

NOTA DEPORTIVA

Recordemos que, al principiar su ya largo gobierno, el Presidente Chávez fue a Nueva York y, enfundado en un uniforme que ahora no preciso, lanzó la primera bola del juego. Así, el acto beisbolístico del jefe del Estado pareció responder más a una vieja y personalísima aspiración o fantasía que a un vistoso gesto de cortesía para con una liga que ha recibido a incontables peloteros venezolanos.

En los predios del oficialismo, recientemente ha surgido la idea de afectar la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, más allá de corregir sus equívocos y enderezar sus fallas. Vieja cuenta de algunos parlamentarios, el cuestionamiento, por ahora impreciso, tiene las marcas de antiguas observaciones, pero también el deseo netamente político de acertar en la interpretación de la voluntad del mandatario nacional, cuyo único fin es el de reelegirse indefinidamente antes que el de una revisión concienzuda del texto constitucional.

Igualmente recordamos, planteamos una radical propuesta autogestionaria del béisbol a mediados de los ochenta con motivo de un encuentro ideológico de la juventud socialcristiana que, luego, al iniciarse los noventa, reformulamos a través de un artículo publicado en el extinto diario “Economía Hoy”. Abrigamos la convicción que toda fórmula autogestionaria y las afines, deben comprobar –ante todo- su viabilidad y eficacia en competencia con las fórmulas ya conocidas, pues la experiencia yugoeslava –por citar un ejemplo- no arrojó en vano dramáticas lecciones.

El modelo siempre perfectible de la organización privada del deporte ha representado grandes beneficios para el país y para los venezolanos, sobre todo por aquello del principio universal del destino de los bienes. Tuvimos ocasión de conocer personalmente en la merideña ciudad de Tovar, durante la pasada campaña electoral presidencial, a Johan Santana, cuya sencillez y arraigo desmiente cualquier estereotipo invocado por los que cuestionan o –mejor- apuestan por un modelo decididamente estatista del deporte: nuestro país ocupa el segundo lugar del capital humano importado para las Grandes Ligas, en Estados Unidos, el cual alcanza el 27% de un total –según la AP- que el sentimiento nacionalista en este lado del mundo rechazaría descaradamente.

Ocurre como en otros ámbitos, por ejemplo el de los intérpretes de la música popular, ya que se trata de la búsqueda de los mercados que aún no tenemos, requeridos de una capital, organización, gerencia, creatividad o audacia, pero fundamentalmente de talento natural para competir exitosamente. Por lo demás, está asociado al modelo privado del deporte (y del deporte de alta competencia, es necesario recordarlo), la industrialización y actualización tecnológica de los implementos y del propio espectáculo que no impide plantear otros asuntos eminentemente laborales, de seguridad social o del propio franquiciado.

Breve digresión, la afición por el “voleibol” o el “básquetbol” dependió o depende más de la ventaja que ofrece a nuestras reducidas plantas físicas escolares, por la economía de los implementos, esfuerzos y espacios, que por una comprobada afición que se sostenga con el tiempo. El auge del mundo basquetero se ha debido más al estímulo, empuje y difusión que le ha dado la empresa privada antes que el propio Estado, por siempre de limitadas inversiones en la especialidad deportiva.

Nadie conoce, como suele ocurrir con las iniciativas parlamentarias, la profundidad y coherencia del otro modelo propuesto. Ya hay experiencia suficientemente acumulada para no hacerse ilusiones sobre la implementación de los países totalitarios que –espartanamente- utilizan el deporte a los fines de sus políticas interior y exterior, teniendo a sus dirigentes y practicantes como meros empleados de un Estado que lo desindustrializa, contraviniendo las propias previsiones del modernismo marxista cuando dibujó la recreación o los juegos como una de las principales actividades de la sociedad futura, después de superado el capitalismo desarrollado hasta sus últimas consecuencias.

Anotaba Luis Cazorla que “el deporte deja de ser lo que en naturaleza le corresponde, para convertirse en un instrumento político al servicio de una forma de entender la vida” (“Deporte y Estado”, Labor, Madrid, 1979, p. 155), en relación a lo que ocurría en los países del socialismo real. Resulta impensable que el béisbol hubiese sido ideado, prosperado y mejorado en algunos de estos países, tanto como que el “paintball” de estos días que –en la programación decembrina de la televisión por suscripción- ilustró el esfuerzo de promoverlo como un espectáculo de masas.

Puede decirse de una vertiente neurótica del régimen respecto al béisbol profesional, ya que su máximo líder creció y aún explica una perspectiva de la vida en virtud de los grandes beisbolistas profesionales y de toda una cultura que tiende a confundirse con la misma nacionalidad. Afectar el deporte profesional, de acuerdo a las enseñanzas cubanas, promete a la postre una nada deleznable depresión y extravío de la identidad, ya que no ha abrevado o perfilado una actitud ante la vida por sus meditaciones filosóficas, sino por el béisbol y los manuales tácticos de guerra.

Finalmente, en una nota que se ha hecho una nota que se ha hecho involuntariamente larga, las orientaciones prácticas del régimen parecen contrarias a la del deporte como fenómeno de recreación, de descanso activo, responsabilidad, socialización, solidaridad, inclusión: “Instrumento para la realización de la persona, la cual tiene necesidad de jugar con otros, y con éstos satisface dicha necesidad generando de paso una unidad”, refería Carlos Felice Castillo (“Visión integral del deporte”, Italgráfica, Caracas, 1986, p. 60), en apuntes destinados al congreso ideológico socialcristiano de 1986 que, como todo evento que se repute de tal, debe estar precedido de una fuerte discusión de sus materias. Al celebrarse otra vez el Día del Deporte, valgan éstas líneas para señalar otro de los terrenos en los que se debe dar el combate cívico.

NOTA BUHONEROLANDESA

La radical informatización de la economía tiende a afectar a otros campos, incluyendo el político, como en una ocasión lo referimos con la buhonerización del destino común (El Globo/Caracas, 04/01/01). Suele ocurrir con la despedida de cada año, la posibilidad de una solución para el problema de la buhonería –aunque lo aspire el alcalde de Caracas, Freddy Bernal- se estrella contra la evidencia económica y política de un régimen que le encuentra una salida permanente a las altas tasas de desempleo que provoca, así como logra neutralizar un factor de perturbación potencial del orden público convertido en una de sus bases de sustentación.

Ciertamente, la buhonería es un fenómeno de siglos que compensa la debilidad de los canales oficiales de distribución, aunque opera como comisión de “minoristas instalados”, según el elogio de Marco Negrón (El Nacional/Caracas, 05/07/87) o la observación de Alberto Rial (Economía Hoy/Caracas, 16/12/91). Podemos añadir que no hay mejor ejemplo de las bondades del libre mercado, radicalizada la competencia que hace bajar –por ejemplo- el precio de los ce-dé “quemados” en procura de su mejor calidad, así tienda a cartelizarse en otros rubros. Empero, otros señalamientos tienden a oscurecer el imaginario colectivo que la ha favorecido.

Al lado de la intuida participación de la delincuencia organizada (“alquiler” de los espacios públicos, apariencias sanitarias, realización del contrabando, subempleo o falso empleo), la agresiva estrategia de colocación del comercio formal, la “industrialización” o diversificación (buhonerización en el transporte público, los carretilleros, el florecimiento de depósitos y estacionamiento), podemos agregar una suerte de “pasarelización” de las ciudades y el “atrincheramiento” en inmuebles bajo presunto litigio, magníficamente ilustrado por el que se ubica en la esquina caraqueña de La Bolsa. Hernando (de) Soto pudiera explicar mejor el futuro de buhonerolandia, como el modelo alternativo de crecimiento que verídicamente plantea el chavismo, habida cuenta de la infinitamente superada experiencia peruana que sirvió de base para sus reflexiones.

El asunto de mayor sensibilidad ciudadana es el del acaparamiento de los espacios públicos, sujetos a la disputa permanente, cotización y control de los buhoneros básicamente organizados, los cuales cuentan con sendos recursos gerenciales y una lograda conexión con importantes factores económicos y políticos, ya que de otro modo no lo suponemos posible. Sin embargo, los aventaja cierto sentimentalismo que cuestiona el tratamiento meramente económico o académico de la materia, subrayando que el 60% de la población vive hacinada en los barrios, excluida de las calles asfaltadas y “aceras para caminar”, ahora recuperadas como señala Roberto Martialay en carta a la revista “Sic” (Nr. 679 de 11/05).

Y, si bien es cierta la anterior exclusión de los sectores populares de la ciudad, compensada por plazas y paseos públicos más o menos seguros, no menos cierta es la actual exclusión, compensada por los centros comerciales de más fácil acceso y seguridad, e –incluso- disponibles para el consumo, al menos, en las ferias de comida-chatarras que tienen precios semejantes independientemente del lugar donde tengan sus locales. Es la ironía del capitalismo comercial que tiende a brindar espacios más confortables y seguros a sectores sociales que también demuestran una nada despreciable inclinación por el consumo de productos y el uso de servicios, como los celulares, MP3/MP4, zapatos y vestuarios de marca, con farmacias y supermercados que compiten en calidad y precios (hasta con los mercados populares), en un país en el que todos pagamos impuestos.

Objeto de la crítica epistolar de Martialay, Wladimir Zanoni López ha estudiado serena y pragmáticamente las posibles respuestas que pueden darse al problema, ideando alternativas como la recompra (por el Estado) de los derechos (incompletos) esgrimidos por la buhonería sobre los espacios públicos, como los Títulos de Transferencia, por tales canjeables, destinados al fortalecimiento del capital humano y a la reubicación física de los informales (“Buhoneros de Caracas”, CEDICE, Caracas, 2005), por cierto, refugio significativos para las mujeres y los profesionales como ha reportado Corina Rodríguez (El Nacional, Caracas, 08/05/06). Debe constituir motivo para la discusión de los partidos y de las instancias organizadas de la sociedad civil, las soluciones de corto y de mediano plazos, sin obviar lo que se ha hecho con el INCE en los últimos años, pero creemos más importante la adopción de otro modelo de desarrollo que genere empleos formales con las consecuencias del caso (seguridad social, elevación de la productividad y del salario real, etc.), permitiendo literal, pacífica y provechosamente, a largo plazo, recuperar un vasto capital humano desperdiciado en la urdimbre buhonerolandesa. Quizá, como citó Rebeca Vidal (“Creación de empleo”, CONAPRI, Caracas, 2003), al promover la pequeña y mediana empresa, crear el llamado empleo distributivo, integrar y actualizar los procesos tecnológicos, ajustar los salarios y estimular el crecimiento de la demanda agregada.

NOTA FINANCIERA

Es importante que la Comisión Permanente e Finanzas de la Asamblea Nacional, publique todas y cada una de sus actuaciones, incluyendo las del anterior período constitucional. Convertida en una de las piezas claves del régimen, cuenta con un invalorable patrimonio documental de importancia histórica, además de la política por lo que se refiere al récord de créditos adicionales correspondientes a 2006, por ejemplo.

Igualmente, la publicidad nos impondría de la actuación de los otrora parlamentarios de la oposición que hicieron del examen y de la denuncia de las cuentas públicas, un ejercicio político tan importante y crucial como el activismo de calle. Así, con la lupa en la mano, Elías Mata señaló el celebérrimo caso del FIEM y Carlos Berrizbeitia realizó un pormenorizado seguimiento a la ejecución presupuestaria, prestando un estupendo servicio al país.

Nos parece de alto interés público la discusión que presuntamente realizan los actuales integrantes de la Comisión que, más de las veces, parece una oficina ministerial en razón de la particular concepción de la división de poderes que sus miembros tienen. Ha de estimular la conformación y continuidad de los equipos especializados de la oposición para la legítima tarea de seguimiento de lo que ocurre con las finanzas de todos los venezolanos.

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