Opinión Nacional

Novisimo año para una ciudad triste

Entendemos que los municipios de la llamada Gran Caracas, hicieron sus mejores esfuerzos para festejar públicamente el último día de 2009. Y el más bolivariano de todos ellos, donde está el asiento principal de los poderes, tuvo un bien presupuestado sarao que sirvió de respaldo a las grandilocuentes declaraciones del burgomaestre y de la usurpadora jefa del gobierno del Distrito Capital. Sin embargo, no tenemos interés alguno en la crónica social, recreativa y dicharachera del las pretendidas innovaciones socialista de la ciudad.

Convengamos que la urbe estuvo triste en todo el diciembre próximo pasado, aunque hubo un ritmo de compras navideñas que pudieron dar alguna ambientación. Las fiestas anidaron más en los hogares que en los espacios públicos, contagiada de una cierta pesadumbre que parece olfato, intuición o previsión de las tempestades que se acercan.

Siempre exagerado, viviendo en el otro planeta del dineral de todos los venezolanos, Chávez Frías lanzó el presidencialisimo mensaje que no logramos distinguir de los numerosos y redundantes que arroja cada día sobre el país.

Contrastando con la rueda de prensa que Rodríguez Zapatero celebrá antes, vista a través de la televisión por suscripción, aquél intentó engañarnos con un balance a todas luces incontestable, pues lo celebraron sus más altos funcionarios y otros aplaudidores de salón.

La política o la economía tuvieron lo suyos, naufragando en las anécdotas personales que las quiere cada vez más inaúditas, pero el colmo fue tratarnos de estúpidos en materia de seguridad ciudadana. Todo el mundo sabe y padece la guerra del hamponato contra el resto de la ciudad, la cual no contiene ni le conviene contener por más bajas que cobre en vidas humanas, convertido el discurso en la picardíaa morbosa que consume al orador entre todos los oradores que pasaron por Miraflores.

Cada quien toma con muchusisima cautela el novisimo año, tratando de evadir sus tristezas. Estas, tan anegadas en la ciudad como la monumental basura que la ha ajado y cicatrizado por más de una década, necesitan del optimismo combatiente: es posible y necesario salir del régimen que hasta la propia Constitución que se dio, siquitrilla.

Digamos de una convicción moral que nos conceda la fuerza necesaria para derrotar el socialismo rentístico en curso, democráticamente impulsora de otras realidades. Se trata de un proceso, largo y complejo, que no puede durar tanto cuando manifiesta muy bien la propia descomposición política de quienes hoy nos gobiernan.

SOBRE EL MENOS SOSPECHOSO DE TODOS LOS VENEZOLANOS

En el ancho cesto de las sentencias proferidas en la década, frases y gesticulaciones, interjecciones y omisiones, quizás la más emblemática se deba a Eliécer Otaiza. Aquello del estado general de sospecha en el que nos encontramos el resto de los venezolanos, retrata muy bien la naturaleza del régimen.

En días recientes, declaró el otrora constituyente, director de la DISIP, presidente del instituto de tierras e Presidente del INCE, discípulo al parecer de Luis Castro Leiva. Nada relevante ciertamente, aunque se trata de la voz de la más férrea e incondicional lealtad hacia Chávez Frías.

Lo cierto es que tan curioso personaje, cuya trayectoria pública valdría la pena examinar, arquetipo del socialista campamental que se pinta de el hombre nuevo, haba ahora de impunidad, como si fuese extraño al gobierno nacional mismo. La cínica bandera que enarbola, pudiera enlazarse a la ya vieja posibilidad que planteá sobre le preeminencia de los tribunales militares en una situación de guerra (El Nacional/Caracas, 23/10/99), haciéndose evidente la intención de militarizar a toda la sociedad y que bien pudiera suscitar la opinión de Francisco Visconti, desparecido de las lides públicas que sepamos.

Otaiza, catedrático del celebricimo caso Montesinos, envuelto también un trágico accidente vial, propulsor de la nominación bolivariana de la República, ocupa la dirección del Servicio Nacional de Contrataciones, instancia que refuerza la atonalidad curricular. Dijo andar, en tales funciones, tras la pista de los nuevos ricos según la labor encomendada por el mandatario nacional (Ibidem, 11/05/06), pero es excesivamente elocuente que fracasó en sus menesteres de persecución, prefiriendo la de los disidentes políticos, habida cuenta de todo lo consabido, sentido y prresentido en materia de corrupción y en un país que ha exportado capitales aún bajo un estricto control de cambio, por no mencionar la no menos célebre noticia de la valija de 800 mil dólares.

De pontificar se trata, emergiendo Otaiza en una etapa que sería dura para el régimen. A casi once años, es más o peor de lo mismo.

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