Opinión Nacional

¿Nuevo socialismo?

Embriagado por el chorro de petrodólares que está recibiendo Venezuela, Chávez se confiesa socialista. Pero, como es su costumbre, ha creado un verdadero galimatías en su intento de definir a que tipo de socialismo se refiere. Ensalza, como si fuera un ritual,¬ al socialismo cristiano, al nuevo socialismo y al socialismo del siglo XXI (?). Admitir ser socialista y que modalidad de socialismo se profesa, son dos cosas muy diferentes. La retórica socialista ha servido a muchos intereses. Todavía recordamos los atropellos a la dignidad humana que, en nombre del socialismo, se cometieron en la antigua Unión Soviética y la Europa Oriental, y se siguen consumando en la tiranía que impera en la Cuba castrista: torturas, lavado de cerebros, confinamientos en los gulags, paredones de fusilamiento, presos de conciencia, el pensamiento único y tantas otras violaciones de los derechos humanos.

Muy distinta, por cierto, es la nueva izquierda democrática, que representan Lagos, Lula y Tabaré Vázquez –que se formó en la dura lucha contra las crueles dictaduras militares del Cono Sur–, que preconizan un socialismo democrático, con rostro humano. Diferente, tanto en la forma como en el fondo, del socialismo proclamado por Fidel Castro, que retoma el rumbo de la centralización estatal de los años ochenta, y que tiene como última mácula la reciente condena y encarcelamiento de 75 disidentes (por cierto, Castro acaba de reivindicar el socialismo en Cuba, qué casualidad, ¿no?).

Pero, tenemos que estar conscientes, de que el petróleo venezolano –como arma estratégica, tanto desde el punto de vista de suministro, como de la transferencia de riqueza (dólares) a otros países– tiene un rol fundamental en el juego geopolítico internacional. Conocedor de ello es que Chávez –a expensas de la pobreza y la miseria de los venezolanos– recorre buena parte del mundo ofreciendo petróleo y comprando alimentos, casas, tractores, material de guerra, barcos; en fin, cuanta cosa se le ocurre, para construir alianzas y apoyos políticos, tan frágiles como los fluctuantes precios del petróleo.

Es en este contexto que debemos interpretar la visita de los presidentes Rodríguez Zapatero, Lula, Lagos y Uribe (de España, Brasil, Chile y Colombia respectivamente). Venezuela es demasiado importante desde el punto de vista comercial para dejar a Chávez a un lado. Es mucho lo que está en juego, sobre todo si consideramos aquel principio de que en las relaciones internacionales no hay amigos sino “intereses”. Cada uno de ellos anida una motivación muy especial, que no es precisamente ideológica. Los tres países latinoamericanos tienen fuertes vínculos comerciales con los Estados Unidos, y negocian bilateralmente (Chile ya lo hizo) tratados comerciales con la potencia del Norte, pero desde la perspectiva más conveniente para cada uno. Mientras que España, para reflotar sus quebrados astilleros espera, con fruición fenicia, la venta de cuatro corbetas (y aviones de transporte más equipo bélico) por 600 millones de euros.

En tanto que Chávez, en ese afán enfermizo de acabar con el capitalismo norteamericano, dilapida irresponsablemente nuestra principal riqueza. Las promesas y la represión crecen proporcionalmente al empobrecimiento del país. ¡Vaya qué nuevo socialismo!

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