Opinión Nacional

O corren o se encaraman

El paro y su dinámica han estado determinados por el movimiento popular mismo: las dirigencias han estado condenadas a correr o a encaramarse. Han terminado por encaramarse. Y han hecho bien.

De los cinco votos del comité de conflictos de la Coordinadora Democrática, cuatro han decidido ayer continuar con el paro cívico y activo por otras 24 horas. Un voto se ha expresado en contra de la iniciativa. Muy probablemente ese voto tampoco haya estado desde un principio de acuerdo con poner en práctica una de las herramientas más letales de la acción protestariaˆ de carácter indudablemente insurreccional ˆ aunque sin duda también la que requiere de mayor coraje y oficio. Y pueda que ese voto carezca de ambos atributos.

Pues un paro puede escapar a la gestión del liderazgo y convertirse en un monstruo con vida propia. Para nuestra fortuna, el ingrediente esencial y prioritario de todo paro no ha fallado: el apoyo pleno y total de un país en rebeldía que hace ya mucho tiempo dijo basta y ha echado a andar. La prueba de ayer fue más que contundente: sin preparación previa y con tan sólo 24 horas de preaviso se han desarrollado con pleno éxito sorprendentes y masivas manifestaciones populares en todo el país. El chavismo en el Poder, que jamás logró poner al país en pie de guerra como lo ha logrado la oposición, debe encontrarse anonadado, confundido y desesperado.

Asombra y avergüenza la cobardía presidencial. Ocultando la cabeza en la arena de su entorno no sabe hacer otra cosa que sacarle el cuerpo a la feroz inyección de rechazo que le está inoculando la inmensa mayoría del país. Y ordena ocultar con el dedo de su patética ministra del trabajo el cósmico sol del repudio nacional. En el colmo de la estulticia, pretende convencer a un país completamente paralizado del extremo contrario queriendo hacerle creer que está en plena actividad. Cae así en tragicómicas contradicciones.

El éxito del paro sobrepasó todas las expectativas. El país está vivo, despierto y vigilante. Dispuesto a dar la batalla final. Ni la feroz represión de los esbirros, ni las pálidas y piadosas mentiras de la Sra. Iglesias lograrán amedrentarlo. Y cuando llegue el momento de llamar a ponerle un fin inapelable a la impostura chavista, seguirá militante y disciplinadamente la consigna de sus dirigencias.

Ya ni siquiera importa si el paro se detiene hoy. Es tal la fuerza del movimiento popular, que bien puede dictar una tregua unilateral y retirarse a gozar de sus merecidas fiestas navideñas en paz para volver a la pelea final, cuando tras las celebraciones el campo esté despejado y listo para terminar la faena.

Que el gobierno se entere de una buena vez: se le acabó el partido.

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