Opinión Nacional

Ofensiva para el rearme moral

Con los resultados electorales de diciembre pasado y la inexplicable reacción de los más responsables, tan peligrosa como las omisiones de la Coordinadora Democrática después del referéndum revocatorio y tan superficial que bordea los términos de la complicidad que algunos le atribuyen, Venezuela profundiza una profunda crisis moral. Principios y valores fundamentales para que la democracia sea verdadera se desdibujan en una suerte de resignación pesimista. El régimen la aprovecha para acelerar el proceso revolucionario.

Como bien afirmó Armando Durán en uno de sus más recientes y brillantes artículos, “… el diseño revolucionario de Chávez es inflexible” para más adelante explicar que el socialismo a la cubana es un proceso ideologizado hasta la médula en el que “patria, socialismo o muerte” significan que todos tendremos que abrazarlo de manera militante o atenernos a las consecuencias. Sabemos cuanto significan cada una de esas opciones.

De acuerdo a esa resignación pesimista que afecta a mucha gente, el oportunismo nacional e internacional piensa que no hay nada que hacer para detener o derrotar el proceso. Creen que se puede convivir y crear espacios para la sobrevivencia, como ha sucedido con dictaduras tanto tropicales como de otras realidades. Bastaría con no meterse con el poder político, con no radicalizar la oposición para que nos permitan trabajar, producir, cuidar nuestras familias y nuestros bienes y asegurar un presente y futuro de tranquilidad, así sea relativa y siempre condicionada. En el camino el régimen destruirá todo lo anterior, historia, cultura y valores y construirá el socialismo y un marco jurídico y político inflexible para consolidarse. Esto impone a los calculadores vivir al día, aprovechar al máximo cuanto puedan en el menor tiempo posible. Para ellos, igual que para el régimen, quienes estamos y seguimos enfrentados irreversiblemente al esquema chavista, somos incómodos, obstáculo peligroso para la entrega a cambio de circunstancial seguridad. Es un problema más serio de lo que parece.

Nosotros seguiremos adelante en medio de las peores dificultades e incomprensiones de propios y extraños. No dejaremos de ser lo que hemos sido y no caeremos jamás en el despropósito del relativismo moral que alimenta la desconfianza y la incertidumbre frente al futuro. No hay forma de que se nos convenza, algunos lo aconsejan, de la necesidad de bajar el volumen y tender puentes con quienes pretenden destruirnos para “salvarnos”, aunque el precio a pagar sea la muerte de la democracia y la liquidación del alma nacional. Enfrentaremos al enemigo, no al relativo adversario electoral, sin renunciar a nuestra identidad patriótica y libertaria y jamás caeremos en la tentación que conduce a la autodestrucción. El rearme moral es indispensable para que la resistencia activa sea la actitud básica de esta Venezuela que envejece aislada y lastimosamente ahogada en medio de tanto dinero negro.

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