Opinión Nacional

Once años después

Comienzo mi última opinión de este abril con una obviedad: “el año se está terminando”. Claro, faltan unos pocos días y la atención de la gente está volcada hacia los preparativos de fin de año. Por lo tanto, muy pocos le prestan interés a los asuntos políticos.

El dos mil trece, escrito en letras, es un año sui generis. Me explico: primero, tres de los cuatro dígitos que lo conforman tienen valor y su suma es seis; el otro, es el cero, carente de valor por sí mismo o si está a la izquierda de los otros números, pero tiene un inmenso potencial colocado a la derecha de cualquiera de los otros arábigos comenzando por el uno, refrendado por los boliburgueses que siendo izquierdistas les gusta el cero a la derecha. El segundo motivo para juzgar al 2013 de manera tan particular lo constituye su carga de simbolismos, de partidas y llegadas, de victorias y derrotas, de somnolencias y amaneceres.

“ONCE AÑOS DESPUÉS” no es una recopilación de los hechos acaecidos once años antes de hoy, 2013. Es más bien la consecuencia de lo generado en el 2002, incubado en la vida de los venezolanos en los años sesenta; ensayado en el caracazo del 88; golpeado el 4 de febrero y florecido en el evento del 98 con la victoria electoral del fallecido ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías.

Once años después el país es, teóricamente, un Rico Mc. Pato, un Rey Midas; eso sí, al revés: empobrecido y opaco.

Once años después, el territorio dador de la nacionalidad es el mismo de esos años, pero con mayor cantidad de todo tipo de vehículo a motor recorriendo la misma extensión vial. La población ha crecido cuantitativamente y disminuido cualitativamente su formación. La tecnología comunicacional es un elemento o herramienta del poder ciudadano con graves amenazas de imposiciones y restricciones.

Sería una necedad seguir enumerando eventos y actividades que conduzcan a deducir la conclusión de que el país está postrado. Si, distinguido lector militante de la variada ideología política económica, Venezuela esta postrada, abatida, humillada, debilitada, aplanada, arrodillada, hincada.

¿Quién le generó esta humillante situación? ¿Quién motivó este estado? Permítaseme una afirmación: N O S O T R O S; así con mayúsculas y letras separadas para enfatizar más, este mea culpa. Tanto unos como otros, vale decir, por omisión algunos, por comisión otros los ciudadanos, somos responsables y culpables.

Por omisión al no ejercer debidamente nuestros derechos ciudadanos civiles; al aceptar pasivamente “la versión oficial tutelada” como la única verdad; al permitir la intimidación bien sea discursiva o ejecutiva en la cual el poblador es tratado como un peón de hacienda y no como lo que es: un contribuyente. Un ciudadano impago, tributariamente hablando, porque “no le dará dinero al gobierno para que lo roben” desconoce la existencia del mecanismo de solicitud de rendición de cuentas de obligatorio cumplimiento. Un ejemplo: todos los días en cualquier establecimiento comercial se efectúan tantos arqueos de caja como cambios de personal se generan, incluyendo la caja que llega a manejar el socio o propietario. Lo mismo ocurre en las Instituciones Financieras ¿Por qué tendría que ser distinto con los dineros de la Nación?

Cada día los venezolanos salen a trabajar en lo que cada quien escogió como medio de subsistencia o a publicitar las bondades de las nuevas profesiones: “colero”, “pistolero” o “bachaquero” Cada vez que un criollo adquiere un bien o un servicio hay un pago tributario, pero al final del lapso el ISLR tiene más descargas en sus declaraciones que un puerto en plena época de Navidad y esto por la pérdida de fe en la Administración Pública Venezolana.

Once años después, Venezuela dejó de ser el país artesanado por nuestros antecesores que sin contar con los recursos de las recientes dominaciones políticas, dejaron más y mejores huellas que los actuales. Ya no es la nación que luchó pacientemente para impedir el ascenso al poder democrático del izquierdismo comunista. Tampoco es el país caracterizado por sus buenos modales, las palabras debidas y la discrecionalidad aconsejada.

Hay mucho que decir y hacer. Los indiferentes venezolanos de todos los años, de todas las elecciones faltadas han condenado a los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos a pagar las consecuencias de una pobreza material y la del país, sin que sean responsables de ellos. Aceptar tácitamente la sumisión de nuestras decisiones políticas a la voluntad de un hombre que siempre le tuvo ganas a la riqueza de nuestro país para financiar su Viet Nam latinoamericano, ha sido una soberana estupidez. Esclavizar a los habitantes de la patria, en razón de unos contenidos ideológicos que contradicen el natural instinto de superación, es imperdonable. Más imperdonable aún, es la boba complacencia de “los olvidadizos admiradores” de un líder prestador del territorio de su país para alojar unos cohetes con cabezas nucleares que colocó al mundo, a un tris de la Tercera Guerra Mundial, y todo por su personal odio hacia los Estados Unidos.

La ceguera y el autismo de los ciudadanos comunes creyentes en la omnipotencia del Estado no han dimensionado el enorme daño causado por Fidel Castro y su “hijo político venezolano” a las generaciones futuras de venezolanos. Feliz Año 2014.

@nromerodiaz

 

 

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