Opinión Nacional

¿Otra ayudadita comandante?

Se perfectamente que después de la gloriosa “performance” del señor Carter y del presidente Gaviria durante el malogrado RR, se ha desatado en sectores de la oposición venezolana un nacionalismo primitivo, rayano en la xenofobia. De la correcta asunciòn que este problema lo tenemos que arreglar nosotros, y sólo nosotros, se está abriendo paso a una corriente que recuerda a aquel borrachito que, después de ser apaleado por un fornido contrincante, y apartado por otros parroquianos para salvar su vida, gritaba histérico ¡suéltenlo que lo mato!
A esta actitud se abonan, como es natural, las incomprensibles -¿o demasiado comprensibles?- declaraciones de José Miguel Insulza que hoy condenamos un grupo de venezolanos. Todo esto es cierto, pero si algo no puede hacer una oposición tan desvalida internacionalmente como la nuestra es cerrarse puertas y buscar pleitos innecesarios, por no decir peligrosos. Las relaciones internacionales no son para neófitos, mucho menos si el neófito es bocón. Uno de los grandes secretos de la diplomacia es que los verdaderos triunfos en general no alcanzan la primera página de los periódicos. Uno de los más exitosos diplomáticos de nuestro tiempo –Shimon Peres- pondera con frecuencia y practica con enorme éxito: la diplomacia secreta.

Que frustración para la mayoría de los “líderes” de la oposición que empiezan a declarar apenas sus esposas abren el refrigerador de sus casas. El general De Gaulle solía afirmar que los grandes países no tienen amigos sino intereses, sin compartir del todo la conveniencia -no la veracidad- de ese enfoque, los venezolanos no hemos sabido entender que los embajadores son hoy –más que ayer- los agentes de negocios de sus gobiernos, claro está, un buen embajador no abona el terreno para el odio o el justificado revanchismo hacia su país, matiza las tensiones y lima las diferencias. Cuando Rómulo Betancourt asumió su presidencia constitucional, en la fila de los jefes de misión venían casi juntos el Duque de Veraguas –representante de Franco- y el Dr. Jesús Vásquez Galloso, Ministro de la República Española en el Exilio y último embajador de España ante el gobierno de Don Rómulo Gallegos, fue comentario general la diferencia de actitud, protocolar con el uno, fraternal con el otro, del presidente. No obstante “Santa Cruz” –sede del Ministerio de Asuntos Exteriores español- tuvo el tino de enviar como embajador a un canario chispeante y encantador, Don Matías Vega Guerra, quien llegó a anudar una auténtica amistad con RB. Eso hace un embajador, eso hace un político.

Recientemente en la primera página de El Nacional, se anunciaba la “ruptura de relaciones” entre el PSOE y AD. Siendo hoy España una potencia importante, el PSOE fundamental dentro de la Internacional Socialista y la Unión Europea un factor del equilibrio mundial, la noticia es gravísima. La causa allí señalada, para tan grave decisión, eran unas declaraciones del abogado Henry Ramos Allup, sobre Rodríguez Zapatero y el embajador Raúl Morodo. Otro “secreto” de la diplomacia es meter la cabeza en el congelador y si es necesario ayudarse con una bolsa de hielo en alguna otra parte de nuestra anatomía. He escuchado muchos aplausos de la galería al colega Ramos Allup, por la antipatía que ha provocado en Venezuela la venta de armas de España a Chávez y el “protochavismo de Morodo”.

Yo soy un humilde estudioso de la materia internacional, pero no voy a soltar prenda -¡Que contradicción!- sobre mis simpatías en este asunto, el país conoce mi posición frente a Chávez y mi alergia a los micrófonos. Pero en primer lugar, en la casa, el hogar, en el lar familiar y más cuando se es invitado a una reunión privada, uno no tiene porque abdicar de sus convicciones o posiciones, las defiende hasta donde sea necesario, pero respeta la confidencialidad de quien le ha abierto las puertas de su casa. Debe ser traumático para cualquier anfitrión leerse en los medios de comunicación. Por otra parte ante el desconsiderado y torpe manejo del presidente Zapatero, durante su visita a Venezuela, se hace lo que hicimos, una carta, respetuosa, clara, dura, cortés y afectuosa hacia un Partido al que ligan a AD décadas de afectos y apoyos recíprocos y ya. Los asuntos de familia se arreglan en casa, en eso acierta Elena Flores.

La relación del PSOE y AD está por encima de Henry Ramos Allup y de José Luis Rodríguez Zapatero, ellos pasarán, las instituciones deben quedar. Para Venezuela, la Venezuela Democrática, resulta un daño terrible que, el partido de oposición con mayores y mejores relaciones internacionales, las ponga en peligro, por estar ensayando con aprendices de brujo desconocidos dentro y fuera del país –obviamente no aludo a HRA-. Les sugiero antes de seguir declarando a la ligera una lectura de los Estatutos de la Internacional Socialista, están hechos, como le gustaban a Napoleón las Constituciones: “cortas pero oscuras”. Dan para todo, el pavoneado derecho a veto es una costumbre, respetada hasta ahora, pero no figura en el texto. Y no entremos en cosillas más delicadas.

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