Opinión Nacional

¿Otra cúpula podrida?

¡Desengáñese, comadre!, diría Andrés Eloy Blanco. Luego del 13 de abril, el panorama político del país cambió completamente. Los sucesos del 11, llevaron al repudio de Hugo Chávez por parte de todos los oficiales. Pero el Alto Mando no supo aprovechar la circunstancia. Le entregó el poder a una camarilla fascista que mostró sus apetencias sin antes consolidar el poder. Ante tal disyuntiva y ante la amenaza de que se aplicara la Carta Democrática Interamericana, los oficiales bolivarianos vieron entreabierta una posibilidad. El desconocimiento de Carmona desmoronaría al nuevo gobierno. Habría que retomar el hilo constitucional, pero a Hugo Chávez se le impondrían condiciones. Del 13 de abril en adelante, el gobierno se transformaría en uno tutelado por la Fuerza Armada. El 13 de abril es un hito en la historia constitucional venezolana. Se lleva a cabo un golpe militar, pero se trae de vuelta al presidente para restituir el imperio de la Constitución, mas sólo en apariencia. Desde ese momento el poder verdadero, el real, pasa de las manos de Hugo Chávez a las de la cúpula directora del Partido Militar Bolivariano.

El ropaje democrático

El nuevo proyecto implicaba varias cosas. Tendría que continuar la apariencia democrática. Nada de limitar la libertad de expresión, ni ninguno de los derechos humanos fundamentales. Tal cosa, lo sabían muy bien, no sería tolerada por Estados Unidos. Además, las marchas, las manifestaciones no derrocaban gobiernos y servían para aliviar la presión entre los opositores. Eso lo había probado fehacientemente el último régimen de Rafael Caldera. Pero, al mismo tiempo, para no perder las huestes conquistadas entre la población, se trataría de dar la impresión, pero impresión no más, de que la izquierda continuaba mandando. Para ello, el acercamiento a Cuba continuaría, pero en un plano puramente formal, aunque implicara ciertos acuerdos comerciales.

Lo segundo sería rescatar la credibilidad entre las instituciones financieras internacionales. Giordani tendría que irse y tanto en Finanzas como en Planificación ingresarían personas más ligadas con el capitalismo moderado, pero que hicieran viable el proceso desde el punto de vista financiero.

Y tercero, tendría que venir un proceso de acercamiento, gustase o no, con Estados Unidos. Esto implicaba también una posición menos intransigente con la oposición. De ahí que se intentaría un diálogo, aunque fuera de sordos, en un principio, que sirviera para descargar en algo las presiones que se habían acumulado durante tres años de enfrentamientos y prédicas alocadas. Quizás la Fundación Carter, la ONU y la OEA podrían ayudar en esto. El expresidente Carter conservaba el respeto de los dos bandos en pugna y serviría de maniobra distraccionista, mientras la nueva clase política militar se asentaba en el poder.

El militarismo desarrollista

Pero el proceso continuaría andando bajo unas nuevas premisas. Se encadenaría de alguna manera con el proyecto desarrollista de Marcos Pérez Jiménez. El Estado seguiría siendo el eje de la política económica, pero se trataría de que los empresarios comprendieran que las realidades de miseria y atraso impedían por los momentos una solución liberal.

No podía ser de otra manera. Veinte años de continuados fracasos en el área del desarrollo, la creciente pobreza de la clase media y la miseria inmensa de vastos sectores obreros, habían generado un rechazo generalizado entre densos sectores de la oficialidad y los suboficiales profesionales. No obstante, quedaba en la Fuerza Armada un sector convencido de su papel meramente institucional. En los actuales momentos, ese sector resultaba inconveniente y debería ser, al menos, podado. La Fuerza Armada tendría que mostrar, de ahora en adelante, un solo frente unificado, si quería retornar a su función de poder detrás del trono.

La nueva senda seguiría el modelo desarrollista implantado entre los llamados Tigres asiáticos. ¿Acaso Corea y Taiwán no fueron gobernados por dictaduras militares durante todo su proceso de cambio de una sociedad rural a una industrial?

Sólo unos pocos serían idealistas. Los demás estaban allí para enriquecerse a la sombra del poder igual que sus maestros adecos y copeyanos. Y para gozar de sus prebendas y privilegios. El tiempo lavaría todo. La oposición tendría que calarse la Constitución. Sólo quedaba la vía institucional: referendo el 2003 y elecciones el 2006. La Constitución habría que calársela. Pero mientras las apetencias dividen a aquélla, el temor a la pérdida del poder junta a los oficialistas en un solo bloque.

El problema petrolero

El doctor O. J. Oswald, profesor de la Universidad de Warwick en Inglaterra, sostiene la tesis de que las últimas cuatro recesiones coinciden con el alza de los precios petroleros. Ocurre, no obstante, que antes de la Gran Depresión de 1929, los precios del crudo venían bajando paulatinamente. Sin embargo, se podría aducir que entonces, el petróleo no constituía como hoy la principal fuente de energía. Pero si la coincidencia entre altos precios y recesiones se probase cierta, como es probable que lo sea, el futuro de los países petroleros se pondría en entredicho.

Un estudio de la Asesoría Económica del Congreso de los Estados Unidos señala que para el año 2010, se agotarían enteramente los yacimientos petrolíferos de Estados Unidos (Incluyendo Alaska), el mar del Norte e Indonesia. Ante tal circunstancia, los países desarrollados se han apresurado a buscar nuevas fuentes de suministro y de energía. De ahí el interés del presidente Bush por permitir la exploración de otras zonas del Ártico y la presencia de empresas norteamericanas en las antiguas repúblicas soviéticas del Asia Central. Mucho se ha insistido en que la guerra de Afganistán tenía algo que ver con unos oleoductos que necesariamente tendrían que pasar por su territorio. Y también se habla ahora que lo de Irak no es sino una excusa para apoderarse de los yacimientos de este país. Lo cierto es que ya varias empresas occidentales han firmado contratos que elevarían las exportaciones iraquíes de crudo a 12 millones de barriles diarios, lo cual no es extraordinario, pues estamos hablando del segundo mayor poseedor de reservas probadas.

Seguramente tienen razón quienes así piensan. Gran Bretaña peleó dos Guerras Mundiales por apoderarse y conservar la riqueza petrolera del Medio Oriente. El ferrocarril Berlín-Bagdad hubiera permitido el continuo suministro de petróleo desde Turquía entonces soberana de ese extenso territorio, hasta Alemania y hubiera significado la hegemonía de este país. Las divisiones acorazadas de Hitler tenían ese objetivo cuando invadieron Rusia, pero fueron detenidas en Stalingrado con los pertrechos de guerra que oportunamente habían llegado desde Gran Bretaña y Estados Unidos a través de Irán. Estados Unidos y Gran Bretaña, pues, no se van a dejar quitar su posición hegemónica en esa área del mundo. De ahí el proyecto de resolución introducido por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. Es tan fuerte que con toda probabilidad lo vetarán. Entonces Estados Unidos y Gran Bretaña procederán solos, derrocarán a Hussein, instalarán un gobierno amigo y comenzarán a bombear crudo sin importarles un bledo los acuerdos de la OPEP. ¿Recuerdan a Mossadek y al chá de Irán? El petróleo selló sus destinos.

Mucho me temo que para julio del año que viene, los precios se habrán derrumbado. No andarán en 7 u 8 dólares, pero posiblemente bordeen los 15. Hablo del Brent. Aquí será el rechinar de dientes, porque el petróleo es igual a las bayonetas, no se come. El Partido Militar Bolivariano habrá llegado a su fin.

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