Opinión Nacional

Otra vez papá estado

En un foro de la página web de la BBC en español, una serie de preguntas se plantearon con el fin de conocer la opinión que existía en relación al tema de la expropiación de tierras en América Latina (particularmente Venezuela y Brasil); de igual forma se planteaba una interrogante que por cierto llama mucho la atención, pues permite realizar una interpretación dirigida al ámbito social y cultural, lo cual va más allá de una simple convicción política.

La pregunta en cuestión era la siguiente: ¿Las tierras ociosas están en mejores manos si se las entregan a los campesinos?; partiendo de allí se puede plantear una posición que responde negativamente a dicha pregunta.

Primeramente, en Venezuela el conflicto de tierra no se está realizado de forma justa, de hecho actualmente en el país reina la injusticia en los diferentes ámbitos que conforman la sociedad venezolana, empezando por la falta de un poder judicial ecuánime que promueva una rectitud verdadera e inequívoca.

Asimismo, es absurdo entregar tierras a campesinos que no tienen ni los recursos ni la capacidad necesaria para volverlas lo suficientemente productivas y el problema no radica en el hecho de que sean campesinos, puesto que como venezolanos tienen derechos de poseer una propiedad y trabajarla, la verdadera contrariedad radica en la forma con la que el gobierno maneja el asunto; no se están generando propuestas verdaderamente atrayentes, ya que sencillamente se están limitando a ceder tierras sin generar algún tipo de cambio en donde se propicien programas que permitan adiestrar a la población con el fin de que sean productivos y tengan una visión a largo plazo.

En este sentido, otorgar tierras a campesinos que previamente no han realizado alguna labor que los haga merecedores de las mismas, es una forma de paternalismo de estado el cual da como consecuencia el incremente de la dependencia por parte de quienes habitan el país, logrando así que no se propague una cultura que busque el desarrollo, sino que al contrario se beneficie y se acostumbre a no trabajar. ¿Acaso no es el paternalismo de estado de la “cuarta república” lo que el actual gobierno tanto ha criticado?

Por otra parte, un slogan tan escatológico como “Guerra contra los latifundios”, divulgado por Hugo Chávez, presidente de la república, hace que la desconfianza aumente, no sólo en el sector agro del país sino de todos aquellos que conforman la sociedad venezolana. Por tal motivo la reacción desfavorable se incrementa y no sólo en el seno de la oposición, pues en el oficialismo el descontento se vislumbra de igual forma, tal es el caso de Antonia Muñoz, gobernadora del estado Portuguesa.

Finalmente, aunque no es un secreto para nadie es necesario acotar que hasta tanto no exista un cambio cultural inquebrantable en donde se suprima el «facilismo» por el trabajo verdadero, continuaremos estancados en el subdesarrollo; en donde se presenta un contexto perfecto para transgredir la democracia y la libertad.

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