Opinión Nacional

Otra vez señor Giordani

Según expertos, en la antigüedad las formas de pensamiento, de aproximación al mundo que nos rodea, presentaban diferencias bien marcadas en relación con el presente. Curucuteando libros sobre el tema, una de ellas llamó sobremanera mi atención, básicamente por su condición de misterio encantador, de belleza extraordinaria, de claro perfil literario, acaso germen de lo que luego cobraría forma y esencia en el plano específico del arte.

Me refiero, para soltarlo desde ya, a la idea del eterno retorno. Algo o alguien, por mucho que de contundente despedida hubiese sido protagonista, en cierta y no determinada fecha tendría otra vez su boleto de regreso. Y aunque la indumentaria de aquellas lejanas consideraciones son despachadas por la mayoría como anacrónicas a la luz de estos tiempos, no me cabe otra que recordarla en función de las curiosas circunstancias que a continuación paso a dibujar.

Otra vez el señor Giordani ha dado media vuelta. Como en la canción, se ha ido con el sol, pero segurísimo de estar aquí cuando casi lo hayamos olvidado, cuando nos estemos preguntando si es verdad que definitivamente existe, que es real, que es de carne y hueso. El señor Giordani se ha ido con el sol mas tendrá su amanecer. Será sin duda uno cargado de luminiscencia, de teorías, de grandes cifras, de tartamudas pero verdaderas explicaciones, de gráficas pateadoras de cuanto contrarrevolucionario ande buscándole el pelo negro al gato blanco: nuestra economía encarnará, sin falsetes esta vez, tal y como fue decretado en el pasado, la mayor solidez continental y más allá.

Atrás quedarán esas minucias que produjeron, para pataletas de opositores e infames representantes de la Cuarta, los cabilleros del MVR. Al olvido pasará y perdonada además estará esa granítica pared que constituía la oligarquía venezolana (toda oposición era oligárquica), al igual que la andanada pangolesca tan vociferada por ella bajo la forma de espuma por la boca, sobre por ejemplo los ahora sí bien comprendidos círculos bolivarianos, con todo y sus ciento cuarenta y cuatro mil millones para gastos de labor social. Adiós podrá decírsele a las acusaciones de caradurismo por aquella pendejada del avión, ya ni recordada a estas alturas: sesenta y cinco millarditos invertidos para alegría y bien de esta jodedora sociedad de ingratos. Chao, se gritará con enérgica voz al escándalo del Plan Bolívar, al ruinoso FUS, a los tiernos y blanditicos créditos para las FAN. Chao de igual modo para las cadenas, marchas y templetes pagados con dineros que también pertenecían a los escuálidos. Hasta nunca, afirmaremos con un dejo de lástima por ellos, en función del sabotaje que la contra inventó desde los medios. Si te he visto no me acuerdo podrá espetársele en pleno rostro a todos los vende patria que en delirios vislumbraron cierta línea de conducta policíaca emanada desde la cupulita gobiernera. Ahora sí, ya no más gasto público al garete, ya no más la bicoca de setenta mil millones de dólares esfumados (¿qué se habrán hecho, señor Giordani?) luego de tres años con el coroto en las manos. Ya no se hablará, por supuesto, de poderes públicos e instituciones secuestradas. Al pasado ataques, ofensas, vilipendios, cobardes saboteos, abuso de poder y demás hierbas en contra de los medios y de los que en general disienten. Muy atrás en el ayer deberá buscarse a esa ficción llamada J. Valverde y a esa entelequia que es Venpres. Amor puro, puro amor. Década dorada a la vista: que comience la salivación, que empiecen a frotarse las manos porque lo bueno está a punto de llegar: vergel ineludible, paraíso terrenal que se cierne inesquivable.

El señor Giordani ha dado media vuelta y de seguro permanece encerrado en vaya usted a saber cuál lugarejo, tapiado de libros que al compás de su talento propiciarán mejores derroteros. Vendrá, flamante llegará sobre nube celestial muy combinada con su blanquísima barba, para sumergir a estas tierras en el escurridizo progreso. Más temprano que tarde, estoy convencido hasta la médula, el Ministro hará acto de presencia. Cada vez que se ha ausentado para reflexionar en su misteriosa madriguera, retorna sonriente con un fajo de vainas bajo el brazo. Retorna con una sonrisita chavista y Monalisa que de inmediato genera opinión. Retorna, entre otras maravillosas cosas, para que nadie permanezca inmutable.

Otra vez, señor Giordani, véngase de lo más rápido. Como dice Chávez que hará él mismo, acompáñelo, quédese hasta el 2021, y si puede más. Viva para siempre aquí, yéndose de vez en cuando pero eso sí, regresando puntualmente.

Retorne otra vez, señor Giordani. Otra vez, por favor, señor Giordani.

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