Opinión Nacional

Otro anhelo que se va

Hasta hace algún tiempo, el colegio de mis hijos solo se empeñaba en llevar con orgullo las estadísticas de los cupos universitarios que lograban nuestros estudiantes, una de las más altas entre los institutos educativos de Caracas. Sin embargo, desde ya hace algunos años se llevan las estadísticas de los que han sido víctima de la violencia que reina en nuestro valle caraqueño.

 “Fedor era mi otro anhelo” fueron las palabras del Dr. Vilacha el día que asesinaron a su hijo, quien seguía los pasos de su padre médico. En el microcosmos de una sociedad como lo es mi comunidad educativa, Fedor Vilachá no es el primer anhelo que asesinan. Solo  en los últimos dos  años, dos han sido del mismo grupo de compañeros de mi hijo, Fedor no lo era. Otros han sido secuestrados y han salido con mejor “suerte”. Una pequeña muestra de las estadísticas criminales  de nuestra ciudad, de nuestro país.

 ¡Cuántos anhelos se van diariamente! Se los está llevando  el odio que ha sido sembrado en las entrañas de nuestro pueblo. Se los está llevando la desidia, que solo ha puesto su foco en el avance de una revolución socialista que deja de lado lo más social que debe tener una nación: la convivencia.

Algunos hijos se nos van en busca de sus propios anhelos, anhelos de vivir y no de sobrevivir, anhelos de crecer libremente y no de sentir que su crecimiento depende de una franela roja, anhelos de soñar poniéndose como límite el cielo y no el éxito de una huelga de hambre. Sus anhelos los hacemos nuestros, aunque nos invada  la nostalgia de la ausencia o de la distancia.

Otros hijos no se van,  se los llevan aquellos que no aprendieron que se puede soñar y que se puede crecer sin depender de lo que es del otro. Nos los roban aquellos a quienes una vez les concedieron el permiso de robar. Con ellos se llevan sus anhelos y nos roban  los nuestros, dejando nuestras vidas invadidas de un profundo  dolor por un hijo que no volverá jamás.

Ante la muerte y el dolor profundo e irreparable que causa la muerte de un hijo, oímos al Dr. Vilacha, decir con una serenidad estremecedora que el venezolano no es un individuo de odios,        “nuestro país hay que reconstruirlo todo… con el concurso de todos”. Sin embargo, a escasas horas de esas serenas y sentidas declaraciones, a otro padre, pero con hijos bien protegidos, menos sereno y cargado de odio, conductor del destino de nuestra nación, le oímos decir que la reconciliación en nuestro país no era posible.

Cuatro anhelos se fueron en apenas una semana, no con un diploma bajo el brazo, sino con un tiro en la cabeza. Por Fedor Vilacha y tantos otros alumnos agustinianos caídos durante la lucha por sus anhelos, por Rafael Yánez, Jesús Rodríguez Bello, Olivis Ramos, caídos todos en la primera semana de este mes decembrino,  decimos NO. NO es este el destino que queremos para ustedes nuestros hijos. NO es este el destino que queremos para nuestros anhelos. NO es este el destino que queremos para nuestra Venezuela.

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