Opinión Nacional

Otro ardid más

Llegar al fondo de los asuntos políticos y administrativos locales es muy difícil. Generalmente los elementos y circunstancias que constituyen la explicación o justificación de las decisiones, suelen estar empantanados por cuestiones personales o necesidades materiales, cuya solución depende en gran parte de la decisión política a tomarse y poco de las necesidades de la comunidad, aunque estén representadas en el planteamiento general.

Cuando se trata del plano nacional, también suelen ser lodosas las referencias de las decisiones tomadas. Y cuando las decisiones son a nivel internacional, peor y con el agravante de que se entienden menos, pues las mentiras, tergiversaciones y disimulos que se manejan en la diplomacia, hacen de las manipulaciones, mentiras y engaños propias de una casa de vecindad, un juego de niños inocente y de gran ingenuidad. Las arpías pueden ser unas cándidas palomitas ante los políticos internacionales que inundan la diplomacia.

La situación se pone peor cuando se juntan el hambre con las ganas de comer, como dice el refrán. Cuando los políticos se juntan con los militares lo que pudo ser resuelto por la buena voluntad entra en inmediata alarma y es supeditado al uso de la fuerza brutal de la amenaza de guerra en cualquiera de sus formas y hasta por la guerra misma. Este último caso se ejemplifica muy claramente en el problema planteado en Honduras, que ha sido llevado con presteza y directamente, a un problema entre las fuerzas castrocomunistas representadas por Zelaya y los EE.UU. Hace pocos años vimos como Bush lograba un consenso entrecomillado para atacar a Iraq. Algo así podría pasar ahora, pero el terreno de batalla sería Honduras.

Más grave se torna la situación cuando además de los factores dichos anteriormente se le añade la necesidad imperiosa de despojar del poder a los gobernantes elegidos por el pueblo. Así es como al problema diplomático y militar que plantea a nivel internacional el incremento de bases estadounidenses en Colombia, se ve agravado por la conveniencia de utilizar la supuesta amenaza que el plan Colombia constituye para Venezuela y declarar, entonces, la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales, de poner en tela de juicio todos los acuerdos y comisiones que funcionan actualmente y finalmente expropiar bienes industriales y comerciales de naturales del país hermano, con la muy insana intención de maltratar hasta lo imposible las economías de los estados Táchira, Zulia y Nueva Esparta, que dependen en gran medida de los intercambios comerciales o, simplemente, de las importaciones desde Colombia y garantizarse así que no vuelva el pueblo a votar por quien quiere y lo hagan en cambio por quien sí les de contando con el apoyo del gobierno central.

Permiso para vivir, mi comandante.

Es evidente que no estamos preparados para luchar en contra de la ofensiva castrocomunista. Esta se ha estado preparando por 50 años. Las experiencias mercenarias y voluntarias en materia militar, guerrillera y de asistencia social y política, que desarrollaron, es temible y tiende a ser muy exitosa, a juzgar por los resultados. Cuba es más peligrosa que la CIA y en el G2 se gestan más convulsiones políticas que en la CIA. Cría fama y acuéstate a dormir.

Sin embargo, de alguna manera habrá que parar esa ofensiva pisa pasito, doblegadora de voluntades y contagiosa que estamos viviendo. Ya basta de mentiras, de manipulaciones y de agresiones puestas en boca y manos de otros. Darnos cuenta es importante, sentir repulsión, es necesario, rechazar las manipulaciones por el medio que sea es primordial y, finalmente, perder la paz y la tranquilidad personal y hasta la vida, es esencial.

Los adeptos al gobierno y quienes no lo sean, deben coincidir en la apreciación del camino hegemónico y belicoso por el cual se nos pretende conducir a ciegas y sin voz ni voto.

No aceptar las imposiciones autocráticas y dictatoriales, ni los desprecios por nuestras manifestaciones electorales, es el inicio del darse cuenta.

Hacer oír nuestra voz en todas las formas y medios posibles, insistir y dialogar con quienes sabemos insatisfechos o infelices, apoyar las causas de los desposeídos y trabajar codo con codo, por y con el pueblo que reclama la justicia que no ha obtenido, es nuestra meta inmediata. Después, ya veremos, pero desde luego hay que trabajar duro porque la Asamblea y los otros poderes del estado regresen a su independencia y autonomía. Debemos generar la credibilidad que el pueblo espera y desnudar la verdad del gobierno y sus manipulaciones arteras.

No es necesario su permiso, mi comandante, vivo por mí mismo y actúo porque me da la gana…

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