Opinión Nacional

Otro que se va, cuantos no se han ido

Tanta amabilidad nos confunde. Primero un libro luego una isla.

Parece mentira que en este tierra de gracia estemos viviendo lo que estamos viviendo. La mayoría de venezolanos, y me atrevería a decir latinoamericanos por no ir mas allá, que crecimos en tiempos de la guerra fría, el comunismo, la revolución cubana, la guerra de Vietnam, tomamos partido por los que considerábamos eran los más débiles o los que tenían la razón, en especial con el caso cubano. Muchos creímos en Fidel. Un bolívar para Cuba. En particular nos tocó visitar algunos países de detrás de la cortina de hierro, como se decía en la época. Allí nos dimos cuenta que las cosas no eran tan lindas como nos las contaban, sobre todo cuando hacíamos la comparación al regresar a la patria. Con vergüenza reconocemos que de alguna manera celebramos los primero fusilamientos. Luego vino lo de Camilo Cienfuegos. El Che en Bolivia. Machurucuto aquí mismo. Comenzaron a pasar los años y Fidel seguía mandando y fusilando. Y el éxodo. Empezamos a darnos cuenta de que la luna no es de pan de horno. Pero en todo caso eso ocurría allende los mares. Aquí transitábamos una democracia, imperfecta, corrupta, ineficiente, pero democracia al fin. Nos acostumbramos a ella, se nos fue formando una cultura democrática. Criticábamos al gobernante de turno, lo castigábamos sacándolo del poder a punta de votos. Los intentos de subversión se quedaron por allá por los comienzos de los sesenta. Castro León, el Porteñazo, el Carupanazo, se convirtieron a anécdotas. El país se enrumbaba hacia mejores derroteros, sorteando dificultades, cometiendo errores. Rectificando. La polémica política en momentos se exacerbaba, pero luego venía el entendimiento. Y llegó la oposición a gobernar. Los que dejaban el gobierno se quedaban aquí. Realmente cabíamos todos. Una cosa era el Congreso y otro la Corte. Miraflores en la Urdaneta y la Contraloría en San Bernardino. Con imperfecciones, con intentos malvados, reitero, pero eran las excepciones, no la regla. Pero llegó lo que nos llegó y la cosa cambió. El por ahora se hizo presente. El pueblo compró el espejito ofertado por el encantador de serpientes.

Mientras el mundo regresaba de un período de oscuridad, de ensayos fallidos, de regímenes autoritarios, militaristas, comunistas, violadores de los más elementales derechos humanos. De derrumbes de muros y de reencuentro de exiliados, excepción hecha, como todos sabemos, de la Cuba de Fidel, a nosotros se nos ocurrió iniciar un camino ya trillado. Un felón al poder electo por el pueblo. ¿Sería tan fuerte nuestra democracia que aguataría esto? Craso error. Sin prisa pero sin pausa, piano, piano, se nos ha venido instalando un régimen militarista, totalitario, autocrático, en una palabra: comunista.

El pretérito se nos hace presente. Resucitan los muertos. Cadáveres insepultos como dijo el Piache. El poder se centraliza y se vuelve único. El país se vuelve un gran cuartel. Las charreteras sustituyen las togas. No hay tolerancia. La amenaza sustituye al diálogo. Las libertadas se constriñen. Los derechos se cercenan. Se vota pero no se elige. Se politiza la justicia y la justicia se convierte en arma del gobierno para amedrentar. En alguna medida todavía se puede hablar, se puede escribir, se puede opinar, pero la amenaza, al insulto, la burla son la repuesta a este atrevimiento. Pero también el atropello, el atentado, o la cárcel, son retribuciones para quien se atreve. Uno solo decide todo. El que disiente es enemigo y al enemigo ni agua. Día a día se hace más difícil hacer oposición, disentir de la opinión oficial. El miedo cunde. Se cierran todos los caminos. Unos se callan, otros otorgan. Algunos se van, otros los van. Un hombre en uniforme militar nos pone a desfilar más no a marchar. ¿Será por eso que en el argot militar a eso se le llama “parada”? El país se presenta hermoso en las pantallas de los medios oficiales. La propaganda es más importante que la producción, que la educación, que la salud, que la seguridad. Más armas y menos libros. Más cuarteles y menos escuelas. Misiones para todo y para nada. Cada día nos parecemos más a los países de la desaparecida URSS, a la actual Cuba y a Corea del Norte.

Pero la URSS desapareció, Cuba da señales de cambio ante el fracaso. Los coreanos se hunden en la miseria. ¿Y nosotros qué? A Manuel lo obligan a irse, pero Antonio se queda. No importa que se vaya uno, muchos se han ido, pero el pueblo, lo que se llama pueblo se queda. Y se queda y se apresta a luchar. No hay dictador que dure cien años ni pueblo que lo resista. Hubo un 23 de enero, hubo un 11 de abril y todavía quedan días en el calendario. La democracia se hace más fuerte cuando se le acosa.

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