Opinión Nacional

¿Para quién trabaja?

A un Presidente se elige para servir y no para servirse. No es el caso del señor Chávez. Nunca un presidente se había alejado tanto de sus obligaciones, ni trabajado en contra de los deberes que imperativamente le señala la Constitución, como el que tenemos en Venezuela. Podríamos decir muchas cosas para sustentarlo, pero es innecesario. Los hechos de la vida diaria son tan contundentes, tan públicos y notorios que solamente los necios, los cómplices y quienes compartan los delirios ideologizados del presidente, podrían justificar la gestión cumplida en cerca de siete años y medio.

A Chávez no le importa el pueblo. No tiene ni identificación, ni amor por lo pobres. Tampoco los millones de desempleados que patean las calles de nuestras ciudades y campos en busca de oportunidades inexistentes. Ni los niños abandonados a su suerte pidiendo limosna en las calles o fortaleciendo su resentimiento bajo los puentes, en las tenebrosas quebradas y escondites que dan refugio indebido a miles de compatriotas en el infortunio. Nada significa el esfuerzo de nuestros productores agropecuarios, de los comerciantes e industriales, ni las penurias de quienes trabajan en condiciones precarias de salarios y sin seguridad social. Solo se ocupa de ellos cuando los conflictos desbordan la represión y, entonces, solo entonces, a billetazo limpio compra o difiere las protestas que integran el paisaje de la vida diaria. Un tipo que habla tanto de tantas cosas, jamás se refiere al crimen organizado, a la delincuencia en cualquiera de sus manifestaciones, ni al narcotráfico, ni al creciente consumo de drogas a todos los niveles, ni a la inseguridad espantosa de las personas y de los bienes, ni a los crímenes horrendos con impunidad garantizada, ni condena a las organizaciones calificadas internacionalmente como terroristas. No le importa la desinversión nacional y extranjera, ni ser responsable de la ineficiencia del gobierno y de la espantosa corrupción que desmorona material y éticamente tanto al régimen como a no pocos empresarios privados que bailan cualquier ritmo para obtener ventajas inmorales. ¿Que le importa que ni la Fuerza Armada, ni los cuerpos de seguridad, sirvan para nada mientras los tiene a su exclusivo servicio? Soberanía nacional, integridad territorial, armonía interna y externa, alternabilidad y pluralismo, ¿Para qué? La fusión con Cuba, el eje La Habana-Caracas-La Paz, la destrucción de la Comunidad Andina de Naciones, la cada día más estrecha alianza con Irán y Siria, la confrontación creciente con Estados Unidos, México, Colombia y ahora Perú ¿a quién o a quienes ayuda? Ciertamente no a Venezuela, ni a los venezolanos. La pregunta es: ¿Para quién trabaja el tipo y porqué? No hay secretos eternos. Entre cielo y tierra todo termina por saberse. El país, el continente y el mundo llevan una dinámica diabólica. Todos los demonios están sueltos. “Cuando el monte agarra candela, no hay palo pa´encaramarse”, dicen los llaneros.

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