Opinión Nacional

¿Participación, abstención o boicot?

Participar. (Del lat. participare). 1. intr. Dicho de una persona: Tomar parte en algo. 2. intr. Recibir una parte de algo. 3. intr. Compartir, tener las mismas opiniones, ideas, etc., que otra persona. Participa de sus pareceres. 4. intr. Tener parte en una sociedad o negocio o ser socio de ellos. 5. tr. Dar parte, noticiar, comunicar.

DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Una vez más los venezolanos somos requeridos a participar en un proceso electoral de la más alta importancia y trascendencia: emitir nuestro voto para designar, de manera constitucional, democrática y pacífica al futuro presidente de la república.

Se dice fácil, en un país que en doscientos años de historia republicana y quinientos de existencia social sólo puede exhibir tal logro durante un muy breve y frágil período de cuarenta años: desde 1958 hasta 1998. Se hace inmensamente difícil hacerlo cuando tal participación ha perdido su naturaleza “participativa” – valga la redundancia – para trastocarse en mera convalidación, un acto figurado cuya naturaleza contingente e incierta es mera fachada. Pues los resultados de ese acto ya están prefigurados y carecen de toda incertidumbre. Como lo define el DRAE: convalidar. (Del lat. convalid?re). 1. tr. Confirmar o revalidar, especialmente los actos jurídicos.”

Es vital tener presente dos aspectos de esta falsa participación orientada a una convalidación real: de una parte, la esencia del voto – su naturaleza electora – ha sido escamoteada. Quien participe votando, NO ELIGE. Para que dicha elección tuviera efecto, el voto debiera valer y estar objetivamente protegido contra cualquiera manipulación ajena a la voluntad de quien lo emite. Como es público y notorio desde el 15 de agosto de 2004, la manipulación electrónica efectuada por la parafernalia electoral en manos de las autoridades del Consejo Nacional Electoral – el “árbitro” – puede anular la voluntad del votante. Y lo que es aún más grave: el votante se ve compelido a competir con votantes fraudulentos, una masa calculada al día de hoy en más de cuatro millones de electores fantasmas, inexistentes, inventados de la nada o inscritos sin poseer los requisitos o violentando los lapsos para hacerlo.

El segundo defecto que convierte en írrito, inválido, nulo, sin fuerza ni obligación al acto electoral mismo es que, además de cumplirse dentro del marco de graves atropellos a la voluntad del elector, se cumple dentro del marco de un régimen que irrespeta dicha voluntad a todos los efectos políticos, legales y constitucionales. En el supuesto negado que la voluntad opositora se expresara en un 45%, como ciertas encuestadoras favorables al régimen lo pretenden, dicho 45% de voluntad ciudadana no encuentra hoy expresión bajo ninguna forma institucional. De aceptar el 55% de respaldo que dichas encuestadoras le pronostican al presidente de la república, su disfrute absoluto del 100% de institucionalidad significa lisa y llanamente que se le ha escamoteado, burlado, negado y atropellado su presencia en la parte que le correspondería en el control y manejo institucional de su país, nuestra nación.

No encontrándose ese supuesto 45% ni siquiera representado en el CNE, ¿cómo pretender imponer la participación electoral de la oposición en un acto que significa literalmente el sometimiento de esa oposición a las horcas caudinas del régimen?

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Abstener. (Del lat. abstinere). 1. tr. desus. Contener o refrenar, apartar. 2. prnl. Privarse de algo. Abstenerse DE tomar carne 3. prnl. No participar en algo a que se tiene derecho, p. ej. en una votación. Algunos ciudadanos se abstienen DE votar.”
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Cabe pues imaginar que el comportamiento del electorado para este próximo proceso de convalidación del 3 de diciembre, por lo menos del opositor, reproducirá matemáticamente lo que viviera el país el 4 de diciembre pasado: una masiva y atronadora abstención. No hay aparentemente una sola motivación que induzca a pensar que los ciudadanos venezolanos, conscientes de la situación real creada por la clonación del árbitro que entonces fuera masivamente desconocido, haya sufrido una mágica reconversión de sus posiciones y hará en esa fecha lo que se negó a hacer hace un año. ¿O la hay?

Cabrían dos supuestos para revertir esa situación y lograr una participación electoral masiva por parte de la oposición, como la conmovedora y gigantesca del 15 de agosto de 2004: un cambio drástico, visible y evidente del CNE y el imperio de unas condiciones electorales que aseguren absoluta objetividad, imparcialidad y transparencia. Supuesto que acaba de ser negado brutalmente por los hechos. Este CNE es una reproducción idéntica aunque desmejorada del anterior. Y cabe la sospecha de que sigue siendo controlado hasta en sus más nimios detalles por Jorge Rodríguez para servir a los afanes de entronización de Hugo Chávez. A la vieja conseja que proclama que dictaduras no se cuentan, cabe agregarle una variación venezolana: o trampean.

Aún así: consciente de que el voto no elige y que dicho proceso del 3 de diciembre es un barranco de ilegitimidad, la ciudadanía podría desafiarlo mediante una asistencia masiva, sin otro objetivo que demostrarle al mundo que los resultados serán fraudulentos, de que el nervio opositor es tan estremecedor como lo fuera el 11 de abril y el 15 de agosto y de que consciente de la trampa monstruosa montada por el régimen tal masiva asistencia sigue apostando a una rebelión popular como única forma de desbaratar los intentos entronizadotes de una revolución castro-fascista. Aprovechando de paso la presencia mediática del mundo entero, el régimen obtendría sin duda una victoria pírrica y tendría que dar cuenta de sus abusos y atropellos: ¿cómo ante tan masiva y mayoritaria presencia opositora insiste en imponer un régimen totalitario, fascista, represivo y abusador como el de Hugo Chávez?

Pero para que tal utilización de las elecciones como una fase de acumulación de fuerzas y movilización popular tuviera efecto, tendría que estar claro desde un comienzo mediante dos elementos insustituibles: un candidato auténticamente opositor, democrático, incorruptible y decidido a asumir la vanguardia de la rebelión popular y destronar al teniente coronel, pasando de la política por medios electorales a la política por los medios que sean eficaces, convenientes y necesarios. Y por la otra dotado de un programa de construcción de la Venezuela democrática y modernizadora del futuro. ¿Lo existen?

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Boicotear. (De boicot). 1. tr. Excluir a una persona o a una entidad de alguna relación social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige. 2. tr. Impedir o entorpecer la realización de un acto o de un proceso como medio de presión para conseguir algo. U. t. c. prnl.”
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Por lo menos hasta el día de hoy, dicho candidato no existe. Peor aún: los cuatro que han adelantado sus nombres carecen absoluta y completamente de tales atributos. A despecho de sus intenciones, todos sirven de tontos útiles a la relegitimación del caudillo y pretenden interponerse entre la voluntad ciudadana de rechazo frontal al régimen expresado el 4 de diciembre y el proyecto de entronización acudiendo al auxilio de quienes estén dispuestos a jugar de cómplices.

Peor aún: no sólo relegitiman a un caudillo, relegitiman su régimen. Pues ninguno de ellos ha puesto el acento en el más grave de los problemas que vivimos: el político de la pérdida de nuestro carácter de nación libre, democrática y soberana. De allí que en lugar de adelantar propuestas que supongan la erradicación total del carácter dictatorial, fascista, castro comunista del régimen que se nos ha ido imponiendo ante el cómplice silencio de la clase política, se lo deje intocado a favor de propuestas economicistas. Ni Borges, ni Petkoff, ni Ojeda ni Smith han dicho hasta el día de hoy ni una sola palabra sobre una Asamblea electa por menos de un 10% de los ciudadanos; nada sobre un sistema judicial absolutamente corrompido y servil; nada sobre unas fuerzas armadas sometidas al arbitrio de los aparatos políticos, militares y de seguridad cubanos; nada sobre un sedicente Poder Moral utilizado para cohonestar todos los abusos del ejecutivo. ¿Imaginarse que alguno de estos candidatos podría conducir la lucha por la liberación, por la emancipación, por el reencuentro de la Venezuela secuestrada por el castro-chavismo con sus tradiciones democráticas?

De allí que, a no mediar cambios muy profundos de las actuales circunstancias políticas y electorales, no le quede al demócrata venezolano otras opciones que la abstención y/o el boicot. Duele que en esta coyuntura aparezcan formulas alternativas o complementarias de juego electoral que escamotean la esencia del grave problema existencial que vive la nación. ¿Primarias para escoger a uno de entre esos cuatro candidatos? ¿O de los más que se sumen sin definir previamente el sentido político de dicho proceso, la naturaleza de las condiciones electorales, el rol del voto en lo que ya sabemos será una farsa?

Participación, abstención o boicot. Las cartas están dadas.

EN RECUADRO

¡LA POLÍTICA IDIOTAS!

Quien aún no se entera de que el éxito electoral de Hugo Chávez en 1998 se debió a que comprendió la crisis de dominación que vivía el sistema político venezolano y decidió jugarse el todo por el todo prometiendo la completa aniquilación de ese sistema, la fritura de la cabeza de adecos y copeyanos, la expulsión de diputados y senadores de lo que llamaba el antro de la prostitución política mediante la convocatoria a una constituyente y la prisión para todos los innumerables corruptos del régimen, no tiene derecho a postularse de candidato y levantar remedios homeopáticos para un mal que es infinitamente más grave, más profundo y más terminal que el de 1998.

Si Chávez prometió frituras, condenaciones y zafarrancho en el 98 ante un dolor de cabeza como el de Rafael Caldera y el sistema político que él contribuyera a fundar ¿qué no debiera prometer y anunciar un candidato con mínimas opciones de triunfo ante una gangrena terminal como la que vivimos bajo el chavismo? Para tanta fritura, faltará aceite, para tanto condenado por corrupción faltará cárcel, para tanta traición parlamentaria faltará juzgado. Qué decir de un delito nuevo en la historia de la república: el de traición a la patria cometida por Hugo Chávez, quien en nombre de Bolívar le ha entregado la nación a Fidel Castro, convirtiéndose en su agente desestabilizador ante naciones hermanas.

Asombra que un político avisado como Petkoff, que ha jugado en el pasado a la aniquilación del imperialismo yanki y la desaparición de las burguesías continentales, ande por el mundo promoviendo una candidatura que se enfrenta a un monstruo político como Hugo Chávez esgrimiendo la amenaza de una cesta ticket petrolera y hogares de cuidado diario. Por no hablar de Julio Borges, que ni siquiera comprende el gigantesco berenjenal en que está sumida la república. Provoca gritarles: “la política, idiotas!” ¿Ganarle a Chávez prometiendo el reparto en dinero efectivo para quienes gozan de sus misiones? ¿Es que aún no advierten que Chávez no llegó prometiendo misión alguna, reparto ni plata en efectivo sino pura política: crucifición, sangre, sudor y lágrimas para el establecimiento puntofijista? Y lo que es infinitamente más grave: cumpliendo su promesa. Hoy el país, políticamente, le pertenece.

Es lo que llamo una campaña asimétrica. Salen los estudiantes y obreros chavistas a lanzarle bombas nucleares al imperialismo norteamericano y nuestros estudiantes y obreros esgrimiendo el símbolo del pacifismo. Crema pastelera contra arsénico oficialista. Cesta ticket contra un CNE fantoche. 25% de promesas contra la amenaza de bombardear los pozos petroleros. Boberías economicistas contra la maldad política chavista, pajaritos preñados contra vampiros sedientos de sangre dueños del petróleo, las armas y las leyes.

Lo más probable es una monstruosa abstención para el 3 de diciembre. Es más: de contar con estos candidatos y las condiciones impuestas por Chávez – incluso las del 4D que todos los actuales candidatos aceptaron, participando de un acto electoral rechazado por el 83% de la ciudadanía- , no le quedará al pueblo venezolano otra alternativa política que dar un paso al frente y sabotear dicho acto seudo electoral. La guerra es a muerte. Quien no la haya entendido no merece pretender la representación nacional de una presidencia, ni siquiera de candidato.

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