Opinión Nacional

Patria, socialismo o chamba

El récord continental de 27 ministerios y más de 70 viceministerios rinde buena cuenta de la cruzada contra la burocracia que libra la «revolución bolivariana». Su lema no es otro que «patria, socialismo o chamba»

¿Quién se acuerda de aquel recién estrenado mandatario de hace 8 años que tronaba en contra del gran tamaño del Estado y juraba reducir el número de ministerios a no más de 10? Por los lados del oficialismo, claro está, nadie guarda ninguna memoria al respecto, y por los de la oposición tampoco muchos tienen presente el asunto.

Pero la realidad está allí, aunque no se la quiera apreciar en su desorbitada dimensión. Hoy en día el Estado nacional no es que sea el «ogro filantrópico» que tanto preocupaba a los fundadores de la extinta Copre, es que se ha vuelto un monstruo avasallante que dejaría perplejo hasta al más avezado estudioso de las obesidades burocráticas.

De 16 ministerios ha pasado a tener, por ahora, 27. De una dirección general por cada ministerio ha pasado a contar, también por ahora, más de 70 viceministerios. Los institutos autónomos, empresas del Estado, fundaciones públicas, corporaciones administrativas y servicios especiales se han multiplicado, en algunos casos, por 3,4 ó 5 veces. El IAN de la reforma agraria, por ejemplo, se descompuso en 3 organismos, cada uno más aparatoso que el otro. Y así a lo largo y ancho de todas las funciones del sector público.

Sólo en estos primeros meses del 2007, se han «creado» 2 ministerios, el de Telecomunicaciones y el de Comunidades Indígenas y, no faltaría más, con sus respectivos viceministerios. Varios conglomerados del sector privado, comenzando por la Cantv y la Electricidad de Caracas, más otras corporaciones eléctricas y de servicios, están pasando a formar parte del Estado «revolucionario» que, a su vez, pretende tragarse a RCTV y otros medios radio-televisivos y regurgitarlos en canaletes o emisoritas al servicio de Miraflores.

Así mismo se están «montando» nuevos bancos del Estado con sus correspondientes subsidiarias financieras, y entre ellos brilla el patrimonio del Banco del Sur recién fondeado por las finanzas nacionales. Se andan estableciendo, por otra parte, diversos «fondos binacionales» o mini-ministerios para manejar los churupos con Irán o Bielorrusia. Hasta un clon gasífero de la OPEP anuncia Miraflores, a pesar de los desmentidos de varios de los «países miembros».

En pocas palabras un frenesí burocrático como probablemente no haya otro igual, no ya en América Latina sino en el mundo. De allí los 7.500 millones de dólares de nueva deuda de Pdvsa, porque al ritmo del crecimiento del Estado y su consiguiente gasto, ni el barril a los 58 dólares alcanza. Venezuela pasó por experiencias parecidas hace tres décadas, aunque de menor intensidad comparadas con esta demencia «revolucionaria».

¿Cómo será, entonces, el cataclismo que se está sembrando, si todavía se están pagando las facturas de aquellas épocas? Hasta el mismo Dr. Giordani, gran gurú de este vendaval, debe estar poniendo las barbas en remojo.

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