Opinión Nacional

Patria, socialismo o muerte. Venceremos?

Acuñada en la Alemania nazi, la frase “Comandante ordene, nosotros obedecemos” es la que mejor describe el momento que vivimos, momento que se ha venido preparando con cuidado en estos últimos ocho años y que marca el inicio de la construcción del “Hombre Nuevo”, expresión guevarista que también describe el curso que ha tomado esta revolución declaradamente marxista que ahora avanza por el canal rápido. La Constitución no es sino un librito azul que se cambia cuando ya no sirve al proyecto de acumulación de poder en marcha; para eso ya sabemos como se ganan referendos y elecciones electrónicas. Asimismo, el parlamento ahora sirve sobre todo para abandonar sus responsabilidades y entregar su función de legislar al Presidente, en todos los ámbitos. No hablemos siquiera del TSJ, del CNE, de PDVSA y de la Fuerza Armada.

El 8 y el 10 de Enero descubrimos que el país cambiaba de sistema político, económico y social; vamos directo al socialismo, sin escalas. La verdad es que hubiese sido útil que el Presidente nos explicara antes del 3 de Diciembre, cuestión de simple decencia, en que consistía el socialismo del siglo XXI. Con precisión, digo, porque muy posiblemente otro hubiese sido el resultado de la elección, con todo y control del CNE. Además, la amenaza de la reelección indefinida se había blandido antes del 3D, pero sólo para el caso de que la oposición se retirara de la elección presidencial.

“Comandante ordene, nosotros obedecemos” también nos dice a qué grado un solo hombre ha logrado acumular todo el poder. Eso adquiere particular importancia cuando los decretos-ley que promulgará el Comandante en los próximos 18 meses con su sola firma nos van a cambiar la vida a todos los que vivimos en este país. Vamos a navegar en el mar del poder popular y de su expresión mas acabada, los consejos comunales. Viviremos en una economía cada vez más ineficiente que distribuye la pobreza porque no hay incentivo para la inversión productiva, y en una sociedad en que nos vigilaremos los unos a los otros para que nadie reciba ni un grumo más de los que nos habrá tocado por la cartilla.

Los consejos comunales, proyectados para organizar 400 familias en cooperativas financiadas directamente por la Presidencia de la Republica, serán el semillero de ese famoso “Nuevo Hombre” solidario, trabajador y honesto cuyo único objetivo en la vida será servir a la revolución. Eso puede tardarse unas cuatro generaciones (las tres generaciones de la vieja URSS solo profundizaron los vicios del “hombre viejo”), porque de lo que se trata es nada menos que de “reformatear” la mente y el corazón de los jóvenes para que abandonen todo impulso capitalista. Esa noble tarea será asumida por el partido único, ya que los padres están corrompidos por el viejo sistema. Ninguno de los actuales dirigentes del país verá, por lo tanto, el fruto de sus desvelos, a pesar del “Si, ésta será una educación ideologizada, y qué?” de Aristóbulo. Lo importante es que el poder se mantendrá en buenas manos, el de la Nomenklatura, y se trasmitirá primero a los hijos y luego a los nietos, porque este no es un proyecto de nación, sino de poder. De poder hegemónico y dogmático.

El éxito de las cooperativas tampoco es que esté asegurado, ni mucho menos. La mayoría de las cooperativas exitosas son resultado de la penuria, que es cuando se aguza el sentido de la solidaridad y de la ayuda recíproca, uniendo el esfuerzo de socios decentes para ir acumulando lentamente el capital que permita inversiones adicionales, que a su vez producirán la liberación de los cooperativistas y el ingreso de nuevos miembros. Las cooperativas siempre nacen pobres, y solo se vuelven ricas cuando están imbuidas del famoso espíritu cooperativista, casi una religión. El exceso de dinero, especialmente si viene del estado con fines proselitistas, lo que hace es crear estructuras clientelares que se corrompen rápidamente. Es la suerte que les espera a los consejos comunales, y al país todo.

Solo puede concluirse que la creación del “Hombre Nuevo” es una tarea muy, pero muy difícil, más aún en un país de gente libertaria, igualitaria e irreverente como éste. A pesar del dinero con que cuenta “la revolución” y del discurso de odio de clases, requerirá imponer la cultura de la obediencia a traves del miedo. La compra masiva de armas de guerra, la formación “pre-militar” que comienza en nuestras escuelas y liceos, y la discriminación de los que actúan en contra del gobierno busca precisamente eso. Ya Fidel nos tiene convencidos que a carajazos (Ramírez dixit) se puede lograr casi todo, sobre todo el control total de la sociedad y, con un poquito de suerte, hasta el famoso hombre nuevo. Lo malo es que los venezolanos se encabritan facilito con ese trato. Venceremos? Yo te aviso, chirulí.

Este artículo será publicado en el próximo número de Exxito

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