Opinión Nacional

Pechiney confía e invierte en Venezuela

I.C:Se ha hablado mucho en el país acerca del proyecto que tiene Pechiney con Bauxilum.¿ Podría decirnos en qué estado se encuentra ese proyecto y cual cree usted que es la importancia que tiene tanto para Pechiney como para Bauxilum?

J.P.G.Como es sabido, la meta de este contrato es aumentar la producción de Bauxilum al nivel para el que la planta fue diseñada a principio de los 80.También tenemos, dentro del mismo contrato, que solventar el problema de las piscinas de lodos rojos, que son los deshechos de la producción de alúmina que se vienen acumulando desde que empezó a funcionar la planta. (%=Image(1903455,»R»)%)
Fue un contrato realmente muy difícil de financiar ya que el pliego de peticiones, desde el comienzo, nos obligó a que Bauxilum no apareciera en el proceso de financiamiento pero debía ser propietario de los equipos aportados desde el primer día. Por otra parte, la Banca Internacional no podía aceptar que Pechiney cargara con todo el peso financiero sin ser dueño de nada y sin responsabilidad alguna en la gestión de Bauxilum.

Finalmente logramos hacer que todo cuadre y empezamos a trabajar. La fecha efectiva de arranque del contrato fue el pasado 23 de diciembre.

La importancia de este contrato? Bueno, para Bauxilum se trata de poner su planta al día y aprovechar todo su potencial original. También se busca resolver un problema nunca resuelto hasta la fecha, el de los desechos que se van amontonando detrás de diques cada vez más elevados, a orillas del río Orinoco. Hay que reconocer que los técnicos de Bauxilum manejan eso con sumo cuidado y con eficiencia, pero no pueden seguir así, apiñando estos lodos. Almacenar es costoso, ya que periódicamente, para aumentar la altura de los diques de contención hay que hacerlos más anchos; además, eso ocupa espacio y, bueno, aunque el riesgo esté bien controlado no deja de ser un riesgo.

¿Qué puede hacer Pechiney al respeto?

J.P.G.En realidad, el contrato abarcó ambos problemas como un todo: tanto la renovación del proceso industrial como el procesamiento de los lodos.

Efectivamente, primero hay que hacer que el nivel de las piscinas deje de subir, tomando en cuenta tanto los deshechos que arroja el proceso industrial como la evaporación que disminuye el nivel o la cantidad de lluvia que viene con regularidad a aumentarlo.

Durante los 19 primeros meses a partir del 23 de diciembre 2002, vamos a modificar el proceso industrial para que bote menos agua y ninguna soda, es decir, para que los lodos tengan más concentración. Nuestro compromiso es lograrlo en la segunda parte del año 2004.

Después, en una segunda etapa de poco más de dos años, tenemos que secar los lodos en grandes máquinas secadoras, al salir del proceso productivo, para que estén aún más concentrados. Con esta consistencia se podrán expandir en un terreno baldío y los que están en las piscinas, con el tiempo, se secarán y ya no serán un peligro para el río Orinoco.

I.C. Para volver a Pechiney, Ud nos explicó que el contrato es muy favorable a Bauxilum ¿Porqué su empresa compitió para que se le otorgara?

J.P.G.Bueno, porque, a pesar de todas las obligaciones que llevaba el pliego de peticiones, el contrato tenía más ventajas que inconvenientes. La verdad es que, además de lo que acabo de mencionar, dicho pliego contemplaba una segunda etapa que despertó nuestro interés: la construcción de una nueva línea de producción de alúmina complementaria de las dos líneas actuales operadas por Bauxilum. La alúmina es un factor particularmente importante de la cadena de producción del aluminio en este momento y, obviamente, Pechiney quería involucrarse en esta producción en Venezuela.

Entonces, para Pechiney quedaba claro que el contrato que se nos proponía abría grandes perspectivas a futuro. Por supuesto, en el 2000, cuando se lanzó la licitación, la presencia de Pechiney en Venezuela no era cosa nueva. Imagínese que en 1989 ya se nos otorgó la V Línea de Alcasa y hace décadas que somos socios técnicos o comerciales con una que otra empresa del aluminio. Lo novedoso era que, con este contrato particular, vislumbrábamos la oportunidad de ser inversionistas.

I.C:¿En el momento presente Pechiney invertiría en Venezuela?

J.P.G:Obviamente. Ayer, el país tenía bauxita, tenía recursos humanos de calidad, hoy todavía los tiene y mañana los seguirá teniendo. Lo único que necesitamos es la concesión de un yacimiento de bauxita con un volumen de reservas idóneo para rentabilizar una planta de alúmina. En la actividad industrial, las decisiones tienen poco que ver con lo que llamaste «el momento presente». En este caso particular, estamos hablando de inversiones para los próximos treinta años.

I.C:Entonces, qué significa Venezuela en los planes y proyectos de Pechiney?

J.P.G.Lógicamente, significa mucho. Pero déjeme poner las cosas tales como son. Mi cargo preciso es «Delegado General de Pechiney para América Latina» y, al mismo tiempo, soy presidente de Pechiney Venezuela, que es la compañía representativa del Grupo en el país. Ello significa que hemos escogido Venezuela para instalar la delegación regional. Para nosotros es la indicación de una confianza en el país, en su potencial, en su futuro.

Además del contrato con Bauxilum, estamos dispuestos a estudiar todas las perspectivas que se nos presenten: une extensión de la planta actual de Bauxilum o una planta de alúmina completamente nueva. Ya se lo hemos participado al presidente de CVG. En el sector de la fabricación del aluminio, Ud. sabe que Alcasa escogió (por segunda vez) la tecnología de Pechiney para su V Línea. La carta de intención se firmó el 21 de mayo pasado entre Alcasa y Glencore que será el líder financiero del proyecto. Pero también estamos dispuestos a conversar sobre actividades de transformación del aluminio y ayudar a la CVG para cualquier problema que tenga.

Vale decir que Pechiney tiene, desde hace muchos años, un compromiso con Venezuela y quiere profundizarlo por muchos años más. Estamos trabajando duro en eso.

I.C:Es conocido de todos que Pechiney es uno de los líderes mundiales en la producción de aluminio. ¿En cuáles otras áreas han desarrollado tecnología de punta?

(%=Image(5082761,»L»)%)J.P.G.Permítame dar una pequeña vuelta hacia el pasado. Pechiney es el pionero histórico del aluminio. Lo que es, hoy en día, el Grupo Pechiney surgió, a mediados del siglo XIX, del encuentro de varios hombres que supieron asociar la investigación científica con la audacia emprendedora.

En 1854, un químico francés, Henri Sainte-Claire Deville, descubrió un proceso para fabricar un nuevo metal: el aluminio.

En 1860, une compañía que fabricaba químicos (entre otros productos, soda), lanzó la primera fabricación industrial de aluminio con dicho proceso. En 1877, después de la muerte del dirigente se promovió dentro de la compañía a un nuevo gerente quien le dejará su apellido como nombre definitivo: Pechiney.

Durante unos treinta años, la planta de Salindres, en el sur de Francia, permanecerá prácticamente como la única en el mundo fabricando aluminio.

Más de un siglo después, el Grupo Pechiney, si bien tuvo que abandonar su posición monopolística del siglo XIX, sigue siendo, sin embargo, uno de los líderes mundiales del sector aluminio. Y, a lo largo del siglo XX, el Grupo siempre permaneció en grandes ligas.

Hoy en día, el Grupo Pechiney tiene 334 asentamientos industriales y comerciales en 51 países del mundo. Es una empresa de envergadura mundial:
– Cuarto productor mundial para el aluminio primario y primer productor europeo
– N°1 mundial para la venta de técnicas de electrolisis y de asistencia técnica
– N°2 mundial para el silicio
– N°3 mundial en el sector de producción de empaques de alto valor agregado

A parte de ser una empresa industrial, Pechiney dispone de una red comercial mundial para la distribución y la compra/venta de productos metálicos.

Tenemos que recordar, además, que el 80 % de las líneas de producción de aluminio primario que, en la actualidad, están en funcionamiento fuera del Grupo, son de la tecnología propia de Pechiney.

La empresa lleva a cabo su actividad de reducción en 7 países y cuenta para eso con 13 asentamientos.

El Grupo controla una producción total de 1,230 millones de toneladas de aluminio al año lo que representa un 17 % de su cifra de negocios total, mientras que la transformación del aluminio alcanza un 24 %, la fabricación de envases un 22 % y la venta de productos un 34 %.

En total, en el 2002, el Grupo Pechiney contabilizó una cifra de negocios de 11 909 millones de euros, un margen de ganancia operativa de 455 millones y emplea a 34 000 personas de por el mundo.

I.C:¿Y la empresa sigue tan innovadora como en sus principios?

J.P.G.Claro. Dejar de innovar significa escribir la crónica de una muerte anunciada. Calidad, creatividad y rentabilidad, son los lemas de Pechiney y estos tres objetivos estratégicos no son solo temas para los días de fiesta. Existe la clara conciencia de que entre nuestras manos tenemos un yacimiento de riqueza que solo depende de nuestra voluntad. Dichos objetivos se toman en cuenta a diario en el Grupo y pruebas de ello pueden darse a granel.

Pechiney dispone de un laboratorio central de investigación, en Francia, y de 7 laboratorios especializados (en Francia y en EEUU) en los que técnicos junto con responsables comerciales y clientes del Grupo seleccionan y les hacen seguimiento a los proyectos de investigación. Esta forma de relación es sistemática con los grandes constructores de aviones y automóviles.

Pero hoy, la gran meta interna del Grupo Pechiney se llama «progreso continuo». Se trata de un proceso para alcanzar la eficiencia industrial la más alta posible en todos los sectores de producción. En cada planta se estudia el potencial de cada equipamiento, de cada procedimiento de mantenimiento o de cambio de herramienta, se apunta a la disminución drástica de la cantidad de deshechos y a su reciclaje.

Por supuesto, cada progreso está inmediatamente difundido a través de todo el Grupo para un aprovechamiento de las mejoras.

Hoy en día, 150 personas están permanentemente encargadas de impulsar este plan de progreso continuo y ya tenemos resultados a consecuencias de nuestros esfuerzos. La meta puesta por el Presidente Jean-Pierre Rodier es muy alta: un 4 % de reducción de costos cada año lo que arrojará, de aquí a finales de 2004, una economía de unos 450 millones de USD que serán reinvertidos. Por otra parte, Pechiney dispone de unos 500 millones de dólares anuales para inversiones.

Claro que el complemento lógico de un logro de esta envergadura es enfocar estos recursos hacia inversiones con alto grado de rentabilidad.

Tal como se lo decía, el Grupo Pechiney sigue siendo parte de los mejores. Por eso, no puedo dejar de mencionar el último adelanto tecnológico en materia de reducción: el AP 50.

Se trata de un nuevo concepto productivo que permite abaratar en un 15 % el costo de une planta de reducción y alcanzar un rendimiento por empleado superior en un 35 % a los de los procesos productivos actuales. ¡Ve Ud. que con Pechiney la tradición y la modernidad se llevan de maravilla y que estamos siguiendo los pasos de esos ingenieros atrevidos del siglo XIX ! ¿No le parece?
Ahora bien, se decidió instalar esta nueva planta en Sur África y la construcción empezará en el 2003.

Le puedo hacer una confidencia: al principio del proceso, cuando se investigaban los lugares más adecuados, Venezuela parecía ser un candidato de los mejores. Lamentablemente, se nos informó que la producción nacional de electricidad no daba para la enorme potencia de 950 megavatios que se necesitaba para abastecer el AP50.

Así, puede ver que el Grupo Pechiney se moderniza sin cesar, se mueve. Los grandes retos de esta modernización son, por una parte, las utilizaciones del aluminio en la construcción de carros y de aeronaves y, por otra parte, para los empaques que son productos cada día más sofisticados para conservar alimentos, medicinas o cosméticos.

I.C:¿Cómo ve Pechiney el futuro del aluminio a nivel mundial?

J.P.G.A pesar de los precios actuales, vemos el futuro sin ningún temor ya que no hay que fijarse única y exclusivamente en los precios en un momento dado sino en el desarrollo de los usos del metal. En los últimos años se vino produciendo cierto desplazamiento del acero hacia el aluminio en la producción de ciertos sectores industriales, por entre los mas importantes.

Una de las orientaciones de Pechiney es vender productos cada vez más sofisticados. Ya le mencioné la fabricación de empaques pero también hace años que apuntamos a tres mercados con mucho valor agregado y en crecimiento: la industria automovilística, la aeronáutica y la construcción naval. Para los tres sectores, los constructores buscan reducir el peso. Es una tendencia permanente. Pechiney Aerospace, Pechiney Automotive y Pechiney Marine, todas estas compañías presentan una oferta global a sus clientes: diseño de piezas, entrega de piezas hechas a medida y también reciclaje de los deshechos de fabricación de nuestros clientes más importantes.

Para darle un ejemplo, se prevé que el mercado automotor va a crecer de un 13% entre 2001 y 2005. La ambición de Pechiney es de alcanzar a proveer el 25 % de todo el mercado europeo en el 2005 y por ahí vamos. En el sector de la construcción marítima, estamos afianzando posiciones comerciales en la fabricación de buques de gran velocidad y apuntamos hacia el mercado de las plataformas costa afuera. En el 2002, acabamos de comercializar una nueva aleación para usos marítimos, el Sealium.

Valor agregado, calidad, adaptación a las necesidades de los clientes, nuevos productos, son los retos (de hecho, las obligaciones) que tenemos por delante. Pechiney cumple y estoy seguro que Pechiney seguirá cumpliendo para aprovechar estas buenas perspectivas del mercado del aluminio.

I.C:¿Cómo puede definir su experiencia en Venezuela, habiéndose desempeñado primero como Consejero Comercial de la Embajada de Francia y pasar ahora al área industrial?

J.P.G.Siempre me apasionó la actividad industrial. Mi primer cargo profesional, 35 años atrás, fue en una acería, solo después cambié a funcionario público. Así que cuando Pechiney me propuso ser su representante para América Latina acepté con mucho gusto. Además, debía tener sede en Venezuela, entonces, dar mi aceptación fue para mí un placer doble.

Dejando de lado los aspectos personales, una de mis motivaciones para trabajar con Pechiney era que ello me permitía aplicar lo que siempre pensé desde que llegué a Venezuela: el país necesita de inversiones. Claro que no hablo de inversiones que son típicamente de la competencia directa del Estado (como carreteras, educación, salud, seguridad que también son necesarias) sino de inversiones industriales. Y eso era obviamente la meta de Pechiney, invertir. Es una vía lógica para Venezuela que dispone de recursos mineros impresionantes.

Aparte de la ejecución del contrato con Bauxilum que ya está bien encaminado, mi actividad principal es la preparación del futuro de nuestros proyectos con la CVG.

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