Opinión Nacional

Personajes en el Paraninfo

En el Capítulo quinto del segundo volumen de la Biblioteca Razetti, patrocinada por la Academia Nacional de Medicina y editada por los doctores José Enrique López y Leopoldo Briceño-Iragorri, encontramos un importante trabajo escrito por este último y que hace una reseña histórica del espacio que hoy sirve como Paraninfo para el Palacio de las Academias y describe con buen detalle los cuadros y esculturas que existen en el ámbito de dicho importante recinto.

Allí leímos que el precioso edificio donde funcionan las Academias Nacionales fue convento franciscano, cuartel y hospital, antes de que funcionase allí el Seminario de Caracas y luego sirviese como sede legislativa hasta que en 1873 se inaugura el Capitolio.

A partir de 1952, cuando la Universidad pasa a ocupar su sede de la Ciudad Universitaria, se asigna a ese edificio la función de sede de las Academias Nacionales.

Es muy importante encontrar en el trabajo de Briceño la explicación de la combinación de Real y Pontificia para la Universidad de Caracas.

Nos dice el autor que la Universidad fue creada por disposición de del rey Felipe V por Real Cédula de Lerma del 22 de diciembre de 1721 y fue consagrada como Pontificia por el Papa Inocencio XIII al año siguiente. La inauguración oficial se sucedió el 9 de agosto de 1725.

Los estudios universitarios eran absolutamente elitescos y fundamentalmente dirigidos a las enseñanzas eclesiásticas y a las forales, hasta que a fines del siglo XVIII, bajo la conducción de Baltasar de los Reyes Marrero, se inicia su modernización. En 1827, Simón Bolívar asistido por el eminente médico José María Vargas y por el jurista José Rafael Revenga, prepara la reforma de la institución.

El esplendoroso salón que fue bautizado en honor al Presidente Antonio Guzmán Blanco el 3 de diciembre de 1876, estaba presidido por un retrato del Ilustre Americano que desapareció, de acuerdo a lo narrado por Briceño-Iragorri en los sucesos de 1888.

Inicialmente solo tenía seis retratos: Bolívar, Vargas, Felipe V, Inocencio XIII, Juan Escalona y Francisco Ibarra. Hoy está vestido con veintiún retratos y dos bustos.

Recorriendo la mirada a partir del ángulo noreste del salón encontramos hoy, en el mismo orden de la narración, al Padre de la Patria, pintado en 1875 por Tovar y Tovar; a Fray Alfonso González y Acuña quien fundó al Colegio Seminario de Santa Rosa; a Inocencio XIII quien elevó al rango de Pontificia, el 18 de diciembre de 1722, a la Universidad de Caracas; a Don Francisco de Ibarra, Rector de la Universidad entre 1754 y 1758; a Juan José de Escalona y Calatayud quien transformó al Seminario en Universidad; a Felipe V quien le concede a la Universidad su categoría de Real; a Diego de Baños y Sotomayor quien el 29 de agosto de 1686 inauguró el “Magnífico y Real Seminario Colegio de Santa Rosa de Santa María de Lima en Caracas”; al Doctor Luis Razetti, reformador, a fines del siglo XIX, de los estudios médicos en Venezuela; a Don Francisco de Miranda quien a mediados del siglo XVIII se graduó en la Universidad y en su testamento de 1805 dispuso la donación de sus libros y papeles a la misma; al Doctor José Gregorio Hernández quien el 6 de noviembre de 1891 instaló la Cátedra de Fisiología Experimental, Bacteriología e Histología; al Doctor Aníbal Dominici, Rector de la Universidad entre 1884 y su fallecimiento en 1888; al Doctor Elías Rodríguez López, Rector de la Universidad entre 1890 y el día de su desaparición el 13 de mayo de 1895; al Ingeniero Agustín Aveledo quien dedicó toda su vida a la docencia y a la investigación; al abogado y eminente político Miguel José Sanz quien entre sus múltiples actividades fundó al Colegio de Abogados en 1790; a Don Andrés Bello; a Alejandro de Humbold; a Adolfo Ernst; a Manuel María Urbaneja; a un cuadro de Juan Lovera, de 1836, que muestra el acto de graduación de José María Vargas; al Rey Carlos III de España quien estableció las normas para que el Rector de la Universidad fuere elegido por el Claustro Pleno, lo que se reputa como el inicio de la autonomía universitaria; a José María Vargas quien redactó para el Libertador las normas que rigieron la transformación de la Universidad.

Inmediatamente encontramos los dos bustos del médico y profesor Calixto González y el del sacerdote y filósofo José Cecilio Ávila quien fue Rector de la Universidad en 1825.

Por último encontramos el cuadro que representa a Santo Tomás de Aquino.

Honrar honra, y difundir el conocimiento de la historia enaltece la labor de quienes la realizan y de quienes la promueven.

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