Opinión Nacional

Petrocasas de la Muerte

Uno de los problemas más severos que padecen un buen número de venezolanos es precisamente el problema de vivienda. A medida que somos más personas en un mismo territorio se hace necesario construir nuevas soluciones habitacionales para albergar a la gente. Sumemos a ello la cantidad de compatriotas que ha perdido sus viviendas como consecuencia de accidentes naturales, caso de los deslizamientos e inundaciones, que han generado miles y miles de damnificados; en este mismo orden die ideas sumemos los venezolanos que han sido obligados a abandonar sus casas, incluso por la fuerza, por haberlas construido en terrenos inestables, conocidos como zonas de alto riesgo.

Con este panorama, nos encontramos con una situación que puede volverse insostenible, con un sector de la construcción deprimido por políticas públicas erradas y un estado negligente, que no se ocupa a tiempo de los problemas, pesar de las advertencias que siempre se le hacen con suficiente antelación. La salida más simple fue echar mano de los recursos de nuestra principal industria petrolera y utilizar PDVSA para construir soluciones habitacionales, que hasta la fecha no ha resuelto definitivamente.

Reconociendo lo patético que puede ser, como en efecto lo es para un ser humano, quien merece respeto a su dignidad como persona, el no tener un techo donde cobijarse, resulta verdaderamente angustiante saber que las denominadas «petrocasas» han sido construidas con PVC, un material tóxico, que sin es versátil, económico y duradero, los expertos nos indican que el PVC genera contaminantes riesgosos para la salud y el ambiente. Su peligrosidad aumenta por los aditivos que se le agregan durante su proceso de formulación. No es cuento, está comprobado que este tóxico además de ser cancerígeno, puede afecta a las personas en su sistema inmunológico, en su sistema endocrino y en su sistema reproductivo.

Resulta incomprensible y evidencia una falta absoluta de sensibilidad por nuestros compatriotas sin techo, que un estado mil millonario como el nuestro, resuelva el problema de vivienda con un material que por su peligrosidad para el ser humano, ha llevado a una gran cantidad de países a firmar acuerdos internacionales, para evitar su producción, su uso y buscar su eliminación, incluyendo a Venezuela que ha suscrito y ratificado en el año 2005, la Convención de Estocolmo, precisamente para comprometerse a no emplear sustancias tóxicas como el PVC.

Quien esto escribe quisiera saber si las casas construidas en Bolivia o Uruguay, esas que se ofrecieron como regalos en alguno de los innumerables viajes presidenciales, fueron hechas también de PVC y si los países receptores de nuestra absurda generosidad, habrían permitido que les construyeran las casas con PVC.

Lamentablemente parece que ya el mal está hecho y no tiene vuelta atrás. Los responsables, que ya están en cuenta de las consecuencias que sobre la salud de las personas pueden tener los materiales de las «petrocasas», responden en son de burla sobre las denuncias y señalan que la construcción de estas casas aumentará irremediablemente. Habremos entonces de encomendar Dios a los compatriotas que resulten beneficiados por nuestro estado generoso e irresponsable.

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