Opinión Nacional

Pinochet del siglo XXI

En los días del referendo sobre la permanencia de Pinochet en el poder, Coco Legrand popularizó un chiste. El gran cómico chileno imitaba la voz del dictador diciendo: “En el referendo se podrá votar Sí para que me quede y No para que no me vaya”.

Hay que recordar que Pinochet perdió la consulta y abandonó la Presidencia de Chile. Siguió ocupando unos años más la comandancia del Ejército, pero dio paso al relevo en la jefatura del Estado. Así comenzaron los gobiernos de la Concertación (coalición formada fundamentalmente por la Democracia Cristiana y el Partido Socialista) que ya ha tenido cuatro presidentes: Patricio Alwyn, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michele Bachelet.

En honor del sanguinario y corrupto Pinochet hay que subrayar que respetó los resultados electorales y que (aunque lo haya hecho sin mucho convencimiento y movido por las circunstancias) permitió el regreso de las libertades públicas y la competencia de los partidos políticos por el poder. Esto es algo que la otra versión paradigmática del fascismo latinoamericano -la dictadura castrista- no ha hecho.

Hugo Chávez, el aventajado alumno de la monarquía comunista cubana, parece imitar al Pinochet falso del chiste del referendo con aquello de las dos opciones distintas pero de consecuencias idénticas. Puesto que, después de haber sufrido una derrota parcial en las elecciones de gobernadores y alcaldes de noviembre de 2008, pretende dejar sin efecto la victoria de sus adversarios.

El proceso de descentralización administrativa que tuvo su mayor impulso en 1989 con la primera elección de los gobernadores, ha tenido –gracias a la servil complicidad de la Asamblea Nacional y del Tribunal Supremo de Justicia- un retroceso brutal que sólo se explica como parte de la retaliación contra los opositores.

Si no fuera trágico daría risa todo lo hecho por el gobierno nacional para despojar de competencias a las gobernaciones de los estados. Y será trágico porque no sólo el gobierno se alejará de los administrados al poner otra vez en manos de Caracas tales competencias, sino que vista la actual ineficacia de los ministerios e institutos autónomos nacionales (con las proverbiales excepciones del caso), los problemas de los venezolanos se agravarán.

Para un régimen que se llama de democracia “participativa y protagónica” constituye un verdadero escándalo quitar a las gobernaciones y alcaldías sus atribuciones para reunirlas en la cabeza del Estado, el verdadero y único protagonista, como en el fascismo.

¿Por qué antes de las elecciones los gobernadores sí podían administrar los puertos y los aeropuertos y ahora no? ¿No ha sido una ridícula exageración ocupar los aeropuertos del país con la fuerza militar?
En el referendo de la reforma constitucional de 2007 se preguntaba al electorado por la creación de las autoridades regionales nombradas por el Presidente de la República. Al ser derrotada la reforma, se negó tal posibilidad. Pues bien, ahora inconstitucionalmente, la Asamblea Nacional aprueba la creación del cargo de Jefe de Gobierno del Distrito Capital para arrinconar al Alcalde Metropolitano, elegido democráticamente, Antonio Ledezma, y dejar en la calle a miles de empleados porque su presupuesto le será arrebatado. (Llama la atención que la señora Farías, en quien ha recaído el nombramiento de jefe de gobierno de la Capital, tiene como uno de sus méritos el haber sido la única alta funcionaria –era presidente de Hidrocapital- que se puso a la orden del efímero gobierno de Pedro Carmona en abril de 2002).

Ahora amenazan con otros nombramientos, otros “gauleiter” (jefe regional nazi), como ha recordado Teodoro Petkoff, que tratarán de dejar sin poder a los gobernadores y alcaldes disidentes. Por allí se explica la proposición del gobernador del Guárico de unir este estado con Miranda, gobernado por el opositor Capriles Radonsky.

La otra estrategia es acusar a los líderes opositores con responsabilidades de gobierno de todas las fechorías imaginables. Con un poder judicial digitado desde el palacio de Miraflores será fácil ponerlos presos a todos, como ya el obsecuente Contralor inhabilitó a varios candidatos no chavistas. Las denuncias de enriquecimiento ilícito de funcionarios sólo prosperan contra los opositores o ex chavistas caídos en desgracia.

Ya Manuel Rosales, actual alcalde de Maracaibo y quien nunca ha sido derrotado electoralmente en el estado Zulia por el chavismo, tuvo que irse al exilio ante el amañado juicio que se le sigue. Ya se conoció un borrador de acta a la que sólo faltaba añadir el lugar de reclusión, a pesar de que tiene derecho a ser juzgado en libertad. No sería de extrañar que le dieran 30 años de cárcel en La Planta, una de las prisiones más peligrosas del país, prácticamente una sentencia de muerte.

Hay muchos “valientes” que se han molestado por la decisión del dirigente zuliano, pero habría que preguntarles si estarían dispuestos a pasar una noche en un calabozo acompañándolo.

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