Opinión Nacional

Pobrecito Rigoberto

… desaparecida la lucha de clases,
cuando esa terrible escisión ya no sea dominante,
habrán dos y sólo dos mundos: el de los hombres que piensan
y el de los muertos.

Rigoberto Lanz
(El Marxismo no es una Ciencia. 1980)

Rigoberto Lanz no necesita presentación. Bastaría decir que es uno de los académicos más solventes de nuestro país y, al frente de la Misión Ciencia , tal vez el hombre mejor preparado que actualmente apoya al gobierno. Su formación de quinto nivel y su labor en el Centro de Investigaciones Postdoctorales de la UCV nunca lo enclaustraron en una oficina alejada de la suerte de los desfavorecidos y los hambrientos. Pertenece a la estirpe de valientes académicos que no se conformaron con conocer el mundo sino que se comprometieron a transformarlo. Es, en suma, un revolucionario a carta cabal. Así lo consideraba el propio Presidente hace siete meses, cuando, junto a sus compañeros de Misión, los saludaba en un encuentro llamándolos “Guerrilleros de la Ciencia ”.

Acostumbrado por oficio a pensar y escribir, Rigoberto escribió hace seis meses una reflexión bastante crítica sobre la idea del partido único. En este artículo llamado “Ni partido, ni único”, analiza con bastante lucidez el doble error que significa crear un partido y que además sea único. Asegura que: “De allí no surgirá nada que valga la pena. La revolución no pasa por allí. Los retos están en otro lado: en la construcción de nuevas formas de gestión política… capaces de fundar otra idea de la participación. Los aparatos partidistas son reaccionarios por definición. Ese formato está colapsado.” Y para completar su crítica a la noción de único añade: “Complejidad del pensamiento, complejidad de la subjetividad, complejidad de los procesos: he allí la verdadera vacuna contra toda representación simbólica de lo “único”. Ya sabemos que el “pensamiento único” es la más elaborada expresión de la barbarie en el campo epistémico y cultural”.

Ignoro si la publicación de ese artículo le trajo algún problema a Rigoberto. Sin embargo, constituye uno de los aportes más brillantes al debate sobre tan importante tema político. En todo caso, ya sea por la autoridad moral o por el respeto que Rigoberto se ha ganado como revolucionario, académico y hombre serio, es probable que en vez de críticas haya ratificado sospechas y reforzado convencimientos. De una cosa estamos seguros: Rigoberto es un hombre coherente y a estas alturas de su vida no volverá a inscribirse en partido alguno.

A raíz de la respuesta dada por el Presidente al gobernador del Estado Sucre por expresar públicamente su legítima opinión sobre el PSUV, en lo sucesivo las personas libre pensantes y valientes como Rigoberto, no tendrán cabida en la revolución que su máximo líder intenta monopolizar. Salvo que el Presidente comprenda esto y rectifique a tiempo, Rigoberto y quienes manifiesten posiciones similares también serán calificados de contrarrevolucionarios y opositores.

La intolerancia presidencial ha derivado en dos de los vicios políticos más repudiables: el sectarismo y el chantaje. El los resume en la palabra “decantamiento”. Chávez tendrá que decirle a Rigoberto que ya no necesita ni quiere su apoyo, que ya no es revolucionario por no haberse inscrito en el PSUV. Mientras tanto, un hombre de la calidad moral de Eduardo Manuitt, se inscribirá entre los primeros y será recibido con los brazos abiertos. Pobrecito Rigoberto, un capricho presidencial te convertirá en escuálido cuando apenas ayer eras un valiente guerrillero.

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