Opinión Nacional

Polémica jurídica

“…ni en tiempos de Guzmán Blanco, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez o Pérez Jiménez, la adulancia y la adoración caudillesca, aunque siempre las hubo, habían alcanzado las altísimas cotas a que ha llegado en los últimos años”

Alexis Márquez Rodríguez
Profesor y crítico literario

EL PANEGÍRICO DE OMAR MORA DIAZ EN EL TSJ.- En tribunales y en buena parte del país político, el tema del día es el discurso del magistrado Omar Mora Díaz, presidente del TSJ, con ocasión del inicio del año judicial, en presencia del Presidente de la República y demás altas autoridades del estado. Esto obliga un comentario. En primer lugar Mora mostró cualidades de líder, esto es innegable, tiene buen verbo, capacidad de raciocinio y carisma, cualidades que precisamente son las principales armas de Hugo Chávez Frías para su éxito político. Todo esto coloca a Mora en posición privilegiada en la lista de sus posibles sustitutos. Mora, además de hábil, es un hombre pertinaz en sus propósitos, ha surgido desde abajo a punta de perseguir sin desmayo las metas que se propone. Prácticamente de la nada se hizo con la presidencia del Alto Tribunal, y es conocida la historia de cómo supo astutamente sortear la dificultad que le significó la aparición de Luís Velásquez Alvaray en escena quitándole la parte más importante del poder que le correspondía ejercer como presidente del TSJ como era la jefatura del máximo cogollo representado por la Comisión Judicial, la cual se le entregó al advenedizo ex diputado. Mora resintió aquél golpe y asintió cuando Chávez lo llamó por teléfono para decirle que lo apoyaría para la presidencia del TSJ siempre y cuando él apoyara a Velásquez como jefe de la Comisión Judicial y de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura. Mora se dobló como se dobla el maizal ante un ventarrón, y hábilmente se dispuso a deshacer aquello que consideró injusto. Mora fue tejiendo su red contra Velásquez, poco a poco lo fue minando, le fue dando cuerda para que siguiera en aquella locura de las ciudades judiciales y de “Ciudad Lebrún”, así como le fue acumulando un grueso dossier de irregularidades tanto al propio Velásquez Alvaray como a sus más cercanos colaboradores. Entre tanto el ex diputado, que no supo medir las habilidades de Mora, ni conocía a ese enmarañado mundo judicial ya que nunca perteneció a él y ni siquiera ejerció como abogado. Trascendió a los medios la sorda lucha que se libraba entre Mora y Velásquez por el control del poder, pero aquella era una pelea de burro contra tigre. Omar Mora Díaz era el tigre, y el otro una extraña mezcla entre corrupto e idiota que le facilitó el trabajo. Un día, en sesión de Sala Plena, Omar Mora dio el gran salto sobre su tímida presa, sentado frente a él y mirándolo a los ojos, en tono desafiante y alto expresó palabras mas, palabras menos: “Yo sí me he echado plomo, y estoy dispuesto a volverlo a hacer”, concluyendo aquél amago con un golpe a la mesa. Velásquez entonces tenía un importante apoyo, además de los 17 nuevos magistrados nuevos, contaba con algunos votos de los viejos y con todos los denominados “escuálidos”, es decir, contaba con clara mayoría, pero no tenía lo que a un hombre le hace falta en los momentos difíciles para demostrar que lo es, no tenía, ni tuvo nunca, ni llegará a tener coraje. El interpelado magistrado, con todo ese respaldo, siendo el hombre escogido por Chávez para adelantar el proyecto político en el Poder Judicial, en vez de enfrentar a su retador, se paró de la silla, caminó hasta Mora lo abrazó y pidió un aplauso para él “por estar interpretando perfectamente el momento histórico y entregarse noblemente a trabajar por los cambios profundos que se necesitaban”. La audiencia no salía de su asombro viendo aquél acto de sumisión, de cobardía y de renuncia al liderazgo, entonces todos se dieron cuenta que Luís Velázquez Alvaray era un soberano bolsa, y poco a poco lo fueron dejando solo, proceso de deterioro que alcanzó su máxima expresión cuando Mora le descabezó a los magistrados Luís Ortiz de Inspectoría de Tribunales y Carmen Elvigia Porras de la Escuela de la Magistratura, defenestración que incluso apoyó el merideño en alarde de inconsecuencia con quienes formaban parte de su equipo. En lo adelante es historia conocida, Mora logró importantes aliados políticos y acabó con Velásquez Alvaray más rápidamente de lo que se había imaginado, esto gracias a las torpezas que éste cometía sin cesar, vuelto loco por la gula desatada gracias a los nuevos amigos de los que se rodeó ofreciéndole toda clase de negociados y adulándolo, y sin tomar en cuenta las advertencias del pequeño núcleo que lo asesoró hasta el día en que fue designado como magistrado, gente que sí conocía el mundo judicial porque contaba con gran experiencia en él. Velásquez cambió amigos viejos por amigos nuevos, traicionó a los primeros después de haberse servido de ellos, y se entregó a los segundos que además de desconocedores del escenario solo buscaban dinero sin importarles consideraciones políticas ni mucho menos éticas. Mora Díaz en su discurso se excedió en la adulancia para Chávez y en ello incurrió en exageraciones tales como esas de cambiarle nombre al TSJ por el de “Tribunal Supremo de Justicia Bolivariano de la República Bolivariana de Venezuela”, o aquella de realizar las plenarias en el interior del país con lo que significa estar llevando de viaje permanentemente a 32 magistrados fuera de Caracas para discutir los temas que solo corresponden a la dirección central. O la ridiculez de que los magistrados tienen que “patear” el país, olvidándose que se trata de jueces que lo que tienen que hacer es dictar sentencias de los miles de casos que la esperan en sus despachos. Mora se largó un panegírico insufrible para agradar al gran dedo que designará a quien vaya a presidir el TSJ en este próximo período, imposible saber si logró tal objetivo, esto se verá en los próximos días, pero, por lo que vimos y oímos, Omar Mora Díaz sabe calcular y sabe llevar sus ambiciones donde tenga que llevarlas y por los caminos que sean necesarios para consolidarlas, no se le debe perder de vista porque puede llegar perfectamente a ser el jefe del Chavismo sin Chávez del que tanto se habla.

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SE REBAJARON EL SUELDO PERO NO DICEN CUANTO QUEDAN GANANDO AHORA.- Un boletín de prensa emanado de la Fiscalía General de la República da cuenta que el ciudadano Fiscal General de la República, Julia Isaías Rodríguez, se reducirá el 50 por ciento del sueldo, además de la disminución de su ingreso anual, acordada en el Consejo Moral Republicano, decisión que fue tomada, a título personal, en atención al exhorto que hizo el Presidente de la República. Afirmó Rodríguez que el planteamiento del mandatario nacional tiene un valor ético, ya que desde el punto de vista de cada uno de los presupuestos, en muchos casos, no hay proporcionalidad entre el servicio que se le presta al país, y las remuneraciones de algunos funcionarios. “Nosotros desde el Poder Ciudadano, sólo hemos querido dar un ejemplo a partir de una disminución voluntaria de las remuneraciones del Contralor, del Fiscal General y del Defensor del Pueblo”, dijo Rodríguez. Agregó que giró instrucciones a la consultora jurídica del Ministerio Público “para que además de la disminución que acordamos en Consejo Moral Republicano, en mí caso, se haga por vía de un acto administrativo, dictado por el Fiscal General, una reducción adicional del 50 por ciento de mi sueldo”, indicó. El Fiscal General de la República, en su carácter de Presidente del Consejo Moral Republicano, conjuntamente con el Contralor General de la República y el Defensor del Pueblo abordaron, formalmente, en la última reunión del Poder Ciudadano, el tema de la reducción de sus remuneraciones y arribaron a tres conclusiones en el corto plazo: disminuir sus ingresos a título personal, mantener los sueldos de los funcionarios subalternos, y promover mejoras sustanciales para quienes tienen las menores remuneraciones dentro de las tres instituciones del Poder Ciudadano. Lo que llama poderosamente la atención, es que tanto los miembros del Consejo Moral Republicano, como los Magistrados del TSJ, han informado que se rebajaron el sueldo, y lo cuantifican en porcentaje, pero no en dinero constante y sonante. Ellos han dicho que se han rebajado el sueldo en un 50 por ciento, pero ¿Cuánto es eso? ¿Cuanto quedan ganando ahora? Isaías Rodríguez solo estima que la disminución que se planteó le deja un salario para vivir dignamente, y continuar prestando sus servicios al país. Esos sueldos no deben ser secreto de Estado… deben publicarlos, además de los gastos de representación, viáticos, chóferes, etc. Los ciudadanos, que son quienes al final pagamos, tenemos derecho a saber cuanto ganan los funcionarios… no es porcentajes… sino en dinero constante y sonante.

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