Opinión Nacional

Policamburismo bolivarista

Ya no sólo se trata de la rotación o enroque de las mismas caras en los más importantes y disímiles cargos de la administración pública, ahora el patrón consiste en asignar varias posiciones a una misma persona, como si los encumbrados de la revolución fueran unos portentos de capacidades ejecutivas.

El caso más visible es el de Jacqueline Farías, quien además de haber sido designada como jefa del Distrito Capital también ha sido nombrada presidenta de Cantv y ratificada como titular de Movilnet. Y todo ello en adición a sus reseñadas actividades en el Psuv.

El desempeño simultáneo y siquiera medianamente eficaz de tan variadas ocupaciones es, sencillamente, imposible. Cada una de esas responsabilidades exigiría una dedicación exclusiva de 24 horas al día para más o menos atender las emergencias de una administración estatal cada vez más menguada.

Por otra parte, ¿qué relación existe entre la jefatura de los Bomberos y la plataforma nacional de Internet, o entre la tragedia de los hospitales del Oeste de Caracas y el mercadeo del llamado «Vergatario»?

Así tenemos que el coronel Carrizales es Vicepresidente de la República y ministro encargado del despacho de la Defensa. El ingeniero Ramírez ostenta el doble sombrero de ministro de Energía y Petróleo y presidente de Pdvsa. Hasta hace unos días, la licenciada Hernández era ministra de Telecomunicaciones y presidenta de Cantv, y el muy ubicuo Jesse Chacón suele asumir varias chambas de tanto en tanto.

Y qué decir del politólogo Sanz, quien reúne casi todas las posiciones decisivas de Guayana en su atiborrado portafolio. Ejemplos ideales para una nueva edición del célebre «best-seller», «El principio de Peter»….

La lista de los policamburados del régimen es larga y pintoresca, lo que en parte explica el acelerado deterioro de las funciones básicas del Estado nacional. Porque ni en el supuesto harto improbable de que se tratase de gerentes excepcionales, podrían satisfacer las exigencias administrativas de un sector público en franca decadencia.

Alguna vez le dijo Fidel Castro a Hugo Chávez que no debía pretender ser el alcalde de todos los municipios; consejo que al parecer no ha tomado en cuenta el mandatario miraflorino, ya que no contento con las numerosas atribuciones de derecho –y de hecho– de la presidencia, también se esmera en demostrar que es el ministro de todos los ministerios, el jefe de todos los demás organismos ejecutivos, el gobernador de todas las gobernaciones oficialistas y hasta la cabeza de los demás poderes públicos.

Encima, en el elenco funcionarial de la revolución no hay ni la sombra de esos grandes servidores públicos venezolanos que, como Rafael Alfonzo Ravard o José González Lander, hicieron verdadera obra de Estado y merecen, por tanto, el reconocimiento nacional que hoy se les niega.

El policamburismo bolivarista es una evidencia de la medianía ruidosa que caracteriza a los «rangos superiores» del entorno gubernativo, lo que en realidad sería lo de menos, porque lo de más es el desastre continuado y creciente que se le inflinge al potencial del país.

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