Opinión Nacional

Política, fe y escepticismo

En todo momento, el régimen bombardea a los venezolanos con suposiciones que adquieren visos de verdad por su persistente divulgación. Repetida mil veces, debe blindar esa verdad para que se mantenga a favor de determinadas coyunturas, como las electorales.

No asistimos precisamente a las reflexiones de un Michael Oakeshott, por ejemplo, al tomar posición en torno al poder y la cuestionada racionalidad occidental, sino a la constatación de una burda manipulación que nos retrotrae a etapas que se creyeron superadas. Así, casos como el del magnicidio y el maletín retratan fielmente las relaciones y engranajes que adquieren relevancia en una perfecta colisión con el debate libre y democrático.

El asunto nos remite – por una parte – a la reciente denuncia de un golpe de Estado y magnicidio que cursan, aunque sean escasos los indicios capaces de crear convicción: ésta ha dependido del inmenso bullicio realizado sobre la propia denuncia y de las oportunidades que crea para la dirigencia oficialista. Convertida en una dogma, como se pretende del acoso enfermizo y del peligro inminente de una agresión imperialista, la denuncia releva a Hugo Chávez de cualesquiera de las argumentaciones que se le pidan sobre la situación del país, acentuado el carácter ultraizquierdista de un régimen que busca por siempre auto-victimizarse, gracias al acoso – ésta vez – de una oposición más poderosa que el Estado mismo y sus actuales dirigentes.

Los seguidores más incautos, cuales feligreses que cuidan del culto a la personalidad presidencial, dicen no dudar por un instante de las verdades propagadas sobre tan oscura conspiración, pero los más avisados aprovechan la circunstancia para insertarse o engranarse aún más en la maquinaria de poder que pudo olvidarlos. Así, la investigación parlamentaria ofrece una ocasión inigualable para que los integrantes de la comisión sobresalgan por encima de otros colegas acaso más tímidos, precavidos o definitivamente en desgracia, y no sería una abusiva hipótesis la de contar con una promoción más elevada de Mario Isea en la directiva de la Asamblea Nacional, responsable del blindaje de una definitiva versión que oxigene políticamente al Presidente de la República.

Encontramos –por otra parte – la no tan vieja información e impacto que ocasionó el descubrimiento de un maletín contentivo de la gruesa cantidad de dólares destinados a la campaña presidencial argentina, cuando estuvimos en Venezuela a las puertas de unos comicios. La opinión pública, quizá por los vestigios de un escepticismo que antes fue hábito, posiblemente por la neutralización de un gobierno que ensayó otra sobresaturación noticiosa, no demolió inmediatamente al régimen: esperó por elementos probatorios, testimonios y documentos que hoy están incrementándose de acuerdo al juicio que se celebra en Estados Unidos.

Aludimos a un hábito sobreviviente (y paciente), que no tardará en materializarse en un rechazo contundente de las prácticas, relaciones y engranajes de poder que chocan con las aspiraciones mayoritarias a la libertad y a la justicia, las cuales necesitan justamente de una valoración, argumentación o sentido para no naufragar en la anécdota. Evidentemente, aún con los obvios intereses en juego, contrastan los flujos de información que desembocan, por un lado, en el pozo sin fondo de una fe insostenible, perdida toda la esperanza de mejoría por obra del gobierno; y, por el otro, en el difícil pero no imposible terreno donde puede prosperar aún más la razón natural.

Al prestar un poco más de atención a la distraída charla de unos usuarios del Metro, verificamos que hay un mínimo de sensatez al ponderar los acontecimientos. Uno de ellos, ilustró el caso de los intentos de magnicidio de Fidel en los sesenta, revelados muy luego con la desclasificación de los papeles de la CIA, mientras que el otro alegó que no hubo necesidad de esperar a la citada desclasificación, pues, por lo general Castro descubría un complot y ofrecía una rueda de prensa con el piloto estadounidense y sus equipos: ambos, sin percatarse de nuestro interés, concluyeron que hay más pruebas del maletín que del intento de magnicidio de Chávez, recordando el caso de Anderson como “jurisprudencia”… Abrió el vagón y nos vomitó precipitadamente a todos en el conflictivo andén.

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