Opinión Nacional

Política sin principios

De nuevo comienza a cobrar calor el panorama político. La oposición comienza a mostrar los rostros de los precandidatos con sus ofertas electorales, en el entendido que solo uno de ellos será el que se medirá en las elecciones del próximo 3 de Diciembre, manteniendo hasta esa fecha la permanente exigencia de condiciones electorales, que garanticen al votante la pulcritud e independencia de un proceso, donde nadie quiere ser estafado en la expresión de su voluntad.

Preocupa sin embargo observar como hasta ahora el mensaje de los precandidatos se mantiene ajeno a principios fundamentales para la acción política, que aunque pudieran estar implícitos en ese mensaje, pareciera que el objetivo primario es solamente derrotar al candidato presidente, para lo cual se emplearán todos los medios que fueren necesarios que permitan lograr el triunfo, sin importar su moralidad o licitud. Da la impresión que los nobles propósitos que deben empujar la acción política podemos dejarlos para luego, cuando alcancemos el poder y que por lo pronto el fin si justifica los medios. Esta situación la observamos a lo interno de los partidos políticos, incluso aquellos que dicen tener una ideología y una doctrina que los hace distintos de los demás, pero también la vemos en aquellas organizaciones de corte liberal, en las que caben todos los que tengan ambición de poder, poniendo en evidencia que ninguno de ellos ha comprendido que la política es un medio y no es un fin en sí misma.

Lo más lamentable es que el candidato que pretendemos derrotar si tiene una doctrina de pensamiento y una ideología que no desperdicia oportunidad para inculcarla a sus seguidores. No hay acto oficial, aunque sea una instalación de una cooperativa para organizar paseos turísticos a caballo, en la que no se le recuerde a los participantes que estamos en el camino hacia el socialismo y que su organización es fundamental para lograr
este objetivo. Pancartas alusivas al tema, siempre están presentes, hasta en los actos más simples, como para que no se les olvide.

Quienes en política creemos en los principios de la democracia cristiana, estamos convencidos que nuestra doctrina es la que debemos oponer a esa quimera del socialismo del siglo XXI. Nuestros valores fundamentales como el respeto a la dignidad de la persona humana o la búsqueda permanente del bien común, soportados en la Doctrina Social de la Iglesia, así como los principios que orientan la acción política como el pluralismo, la solidaridad o la unidad, así como la nueva visión de la economía social y ecológica de mercado, superan con creces esa falsa fantasía de un socialismo en el que ni ellos mismos creen. Pero para ello, hay que entender la política como “la actividad ejercida en función de lograr el poder, como instrumento para el logro de valores morales como el Bien Común y la Justicia Social”. Si no es así, entonces es política sin principios

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