Opinión Nacional

Política y participación ciudadana

Si de algo podemos sentirnos orgullosos los venezolanos es de haber logrado, en los últimos  años de desgobierno, es movilizar a gran parte de sus habitantes en un proceso de transformación  para convertirlos en ciudadanos, haciéndolos participar en algo que hasta hace no mucho era “mala palabra”: la política.

Hoy día son muchos los venezolanos que entienden que la política es mucho más que las acciones de los partidos o la función de quienes dirigen la acción del Estado en beneficio –idealmente- de la sociedad. La política también es el interés de todos por participar en el mejoramiento de las condiciones de vida de uno mismo y de quienes nos rodean. La política, hoy por hoy, ya no se trata de esperar o reclamar a un gobierno que haga algo por uno, sino también es un hacer algo para que el gobierno tome en cuenta sus derechos y sus demandas. En eso, en los últimos diez años, muchos venezolanos hemos aprendido que la participación en la toma de decisiones en nuestro entorno inmediato también es hacer política, que formar parte, participar de la Junta de Condominio, de la Junta Vecinal, de la Junta de Padres y Representantes del colegio de nuestros hijos, es ejercer nuestra responsabilidad de ciudadanos es hacer política.

Quienes hacen vida política, buscan de una manera u otra influir en el orden de la sociedad donde viven, y lógicamente lo menos que se puede esperar de ellos es que no solamente crean en ese orden sino que también lo practiquen. Cuando a los representantes públicos se les percibe más enfocados en sus fines personales utilizando cualquier medio, que en alcanzar las metas comunes como ciudadano, cuando claramente confunden lo público y lo común con lo privado y lo propio, lo que logran es empastelar el ámbito de los fines a lograr y los medios a utilizar. Un político responsable, indiscutiblemente es un ciudadano responsable que ejercerá  su hacer político con respeto hacia la ley y las normas, con responsabilidad y solidaridad hacia los demás.

El grave peligro de una sociedad donde hay muchos habitantes pero pocos ciudadanos, es la proliferación de “habitantes ambiciosos” que en la inclemente carrera por lograr sus objetivos de poder y con el pretexto de que en política hay que  ser pragmáticos, se lleven por delante  principios y valores, visión y misión, destruyendo los pilares más básicos de una sociedad democrática viviendo en paz y libertad, poniendo en peligro hasta la soberanía y la república.

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