Opinión Nacional

Políticos y pañales

¿Sabe usted en qué se parecen los políticos y los pañales?…

La muerte de Franklin Brito ha destapado otra inmunda olla de las actuaciones –y las no actuaciones- del gobierno. No entiendo qué razón tan poderosa habrá tenido el presidente Chávez para no haber resuelto la situación del productor agropecuario, a sabiendas del costo nacional e internacional que tendría su muerte. Pero es que no sólo fue la displicencia del presidente. Fueron los diputados de la Asamblea Nacional que lo calificaron de loco, de extorsionador y de cualquier otra barbaridad. Fue el INTI, el TSJ, la Fiscalía, la Defensoría. Fue la Alcaldía del Municipio Sucre del Estado Bolívar, donde se encuentra su fundo.

Como dijo Jorge Sayegh en su artículo del jueves pasado en El Universal: “en un país civilizado todo se hubiera resuelto en un tribunal competente, pero el caso Brito se convirtió en un atolladero político. El Estado lo resarció económicamente, pero no moralmente. Ausente la división de poderes, Brito alzó su voz, aún sonora, al Presidente: «Aclare los actos de corrupción (… ) si muero, él va a ser responsable».

La piel se me puso de gallina cuando leí que la Defensora del Pueblo declaró sentirse “en paz” con respecto al caso de Brito. También cuando supe que la Fiscalía investigará si hubo inducción al suicidio por parte de familiares y amigos, por denuncia de un ciudadano de apellido Aldana. Nada de mea culpa, nada de lamentos. Lo más increíble es que Brito era simpatizante del proceso revolucionario. ¿Qué quedará para más de la mitad del país que lo adversa?

Parafraseando a Zola, Jesús Elorza escribió un “Yo acuso” en contra de todos quienes considera autores intelectuales, ejecutores y cómplices directos del asesinato (sic) de Franklin Brito y pide a la Corte Penal Internacional procesarlos por el delito de homicidio intencional calificado. Su lista es amplia: la encabeza el Presidente de la República. Lo sigue Juan Carlos Figarella, Alcalde del Municipio Sucre del Estado Bolívar. También está Juan Carlos Loyo, Presidente del INTI. Siguen los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscal y la Defensora del Pueblo.

En grado de cooperación inmediata, Elorza acusa a la OEA, “por su intencionada ineficacia en atender las demandas que sobre este caso hicieron múltiples organizaciones defensoras de los Derechos Humanos”.

A los altos jefes de la Policía Metropolitana “por ejecutar una orden ilegal de secuestro contra un ciudadano”, y a los directivos del Hospital Militar “por permitir el ingreso y permanencia en sus instalaciones de un ciudadano secuestrado y aplicarle “tratamientos médicos” en contra de su voluntad”.

Pero no todos escriben en un diario como Jorge Sayegh, ni como Jesús Elorza, cuentan con los recursos legales para emprender una demanda ante la Corte Penal Internacional.

¿Qué puede entonces hacer un ciudadano de a pie que se sienta –con toda razón- abatido por la muerte de Brito? La muerte de Brito ha tenido que sacudir tanto a opositores como a chavistas. Porque fue la crónica de una muerte anunciada. Porque se pudo evitar el fatal desenlace. Porque fue un hombre que llegó hasta dar la vida por sus ideales, cosa que muy pocos han hecho en este país en lo que va de siglo.

Hay que votar. Es necesaria una asamblea plural. Y hay que buscar cambios. Porque, como dijo Bolívar en Angostura: «¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!». El segundo se acostumbra a mandar y el primero a obedecer… ciegamente. Y eso le hace daño al país. Ningún funcionario debe permanecer tanto tiempo en un puesto.

Nadie pretende que los venezolanos nos inmolemos como hizo Franklin Brito. Él es un héroe civil, un símbolo de la lucha pacífica. Pero sí podemos y debemos manifestarnos votando. Espero que hayamos aprendido la lección -la terrible lección- que significó que la oposición se retirara de la contienda electoral hace seis años.

Hay un dicho que he visto anónimo, pero también adjudicado tanto a Bernard Shaw como a Mark Twain. Es tan genial que podría ser de cualquiera de los dos. Dice así: “los políticos y los pañales deben ser cambiados con frecuencia y por la misma razón”.

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