Opinión Nacional

Por el espíritu del 11 de abril

Es ya reiterada mi consideración respecto a la mediocridad palpable de nuestra dirigencia demócrata, como principal causa y sostén del régimen CHÁVEZ-FARC. La conmemoración del 11 de abril, ratifica esta mi convicción.

En tal fecha, hace ya 6 años, el pueblo caraqueño, en legítima representación del gentilicio venezolano, como le es ya común a Caracas tal distinción, brindó el reciente episodio, demostrativo sí de la virtud y honor venezolanos, ha ser escrito igualmente con las doradas letras que exige nuestra ya memorable historia.

Imposible limitar encomios respecto a tal acontecimiento, cuando referimos a quienes en directo y vía satélite como nunca ante el mundo pagaron el precio en vidas, de luchar por lo que a esta le da sentido: la libertad y la dignidad. Difícil concebir mayor muestra de honor y decencia cuando hablemos sobre democráticas protestas bajo regímenes que no lo sean.

Pero el hecho cierto, que tal epopeya deviniera en lo presente, evidencia a las claras, la real valía de nuestra democrática dirigencia. La naturaleza inviable del régimen CHÁVEZ-FARC, y su inexplicable permanencia, son correlativas y directamente proporcionales a la capacidad política de nuestro liderazgo en la vital empresa de restaurar la constitucionalidad democrática en la República de Venezuela.

Es que no podía ser de otra manera. Ello resulta evidente al revisar la incompetencia de una dirigencia capaz sí, de materializar una rebelión popular según la Carta Magna, que permite luego a los militares la restitución en el poder del responsable político por aquella masacre, públicamente aceptada per se 48 horas antes. Ni un solo dirigente demócrata sintió la autoridad moral para asumir el espíritu de aquel 11 de abril, y reivindicar en consecuencia el derecho de un pueblo a vivir en libertad y dignidad.

Fue solo el inicio de una mayor tragedia, la de sabernos en manos de una dirigencia incapaz de asumir los sacrificios implícitos a toda lucha por la libertad. En adelante, hemos sido tanto observadores como víctimas ante una sucesión de absurdos solo comprensibles descendiendo a mirar la minusvalía ética de los precitados.

La torpeza los delata. Un Paro Cívico Nacional avalado por el grueso de la industria petrolera, más un legítimo apoyo mediático y el necesario consenso popular, pero en tanto y una vez más, ese liderazgo demócrata en lugar de brindar ejemplo en la calle, y merecer así tal nombre, optó por esperar, cámaras de TV mediante, por la acción resolutoria aún no sabemos de quien.

Y si de la vía electoral tratamos, pues emblemático sigue siendo el RR del 15-A, inicio de una etapa signada por la aceptación voluntaria de condiciones que imposibilitan siempre el ¨cobro¨ de resultados, ya que los pueblos siguen solo a quienes merezcan tal distinción.

El colofón de esta triste etapa lo constituye el 2D-2.007. Ganar, pero bajo los términos y condiciones del Teniente Coronel derrotado, nos ha impuesto a los venezolanos, la mas grave sinceración.

El próximo 23 de noviembre, puede ser ocasión, para que el pueblo haga respetar su plena soberanía. Y no será bajo la sombra de esta dirigencia precitada, como podremos alcanzarlo. Entonces, hagamos sentir y entender, a todos y cada uno de nuestros candidatos demócratas, que muy por encima de las razones para sus particulares postulaciones, son ahora los designados que pueden hacer valer aquella voluntad popular conforme a la Constitución y la ley. La vida les brinda ocasión para bien honrar el espíritu del 11 de abril, o en cambio ceder hasta la ignominia de quienes pudiendo, no lo hicieron. ORA Y LABORA.

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