Opinión Nacional

¡Por fin! ¿El fin?

“¡Va a haber un terremoto apocalíptico; se partirá –de cuajo- El Ávila en dos; el mar Caribe, vuelto un tsunamizote carnívoro, anegará inclemente a Caracas y todos vamos a quedar glu-glú! ¡Ahogamentazón general! ¡No, primero nos comerán los tiburones! ¡Después nos ahogamos!”.

La histeria era de las buenas: colectiva. La gente salía en caravana paranoica de la ciudad. ¡Había que encontrar una lomita, un cerro, un altico! ¡Lo-que-fuera con tal de que el agua no llegara a la rabadilla! ¿Y Malola? ¿En dónde estaba Malola? Ah, ella -divina y preadolescente- esperaba el acontecimiento en el lavandero de su casa con vista a la montañota. Lucía para la ocasión: traje de baño azul con estrellitas; chapaletas combinadísimas; salvavidas de ruedita a la cintura y otro de boyita más arriba (porsi); mascarita y tubito de snorkel. Y transcurrió el día y la tarde y la noche… y Malola se tuvo que poner un sweater, porque venteaba. Y no pasó nada. (El catarro que cogió Malola -por andar serenándose- no cuenta; el regaño de su mamá, tampoco).

Ahora ella está recibiendo emails enajenados, porque el próximo seis (día:6) de junio (mes:6) del 2006 (año:6)… ¡es el 666! Eso, para los entendidos en materia bíblica -o tópicos Hollywoodenses- es el número del Anticristo, Diablo, Satán, Príncipe de las Tinieblas, Demonio o Lucifer. (Escoja el nombre que más terror le dé). Según el evangelista Juan, el 666 es “La Marca de la Bestia”: una señal que el Señor de los Infiernos tiene en la frente (y que puede tener en la mano derecha también). Afirman los histéricos: “Dentro de pocos días esto se termina; llegará el Maligno, exterminará a la raza humana e impondrá en el planeta su reino perverso, azufrado y pavoroso”.

“¡Yupi!” –exclamó Malola- “¡Por fin tenemos un dead line (“fecha tope”, pero que en inglés suena más apropiado: “línea muerta”)… y ya sabemos cuándo es el acabose! ¡No va a ser en el 2013, ni en el 2031! ¡Es ya! ¡Paremos de sufrir!”. Pero luego Malola se puso seria y cavilosa… “¿Qué habrá pasado el 6 del 6 del año 6? ¡Porque ése sí es verdad que fue el 666!… No pasó na-da. ¿Será que Juan, el del evangelio, se refería a Harry Potter? Él tiene una marca en la frente. Con el séptimo y último libro de J.K.Rowling, finaliza la lucha entre Harry y Lord Voldemort. ¿Tendrá que ver?”.

Malola recibió otro email con más de lo mismo y unas supuestas cuartetas de Nostradamus. “¡Serán de Miguelito de Nuestra Señora, porque esto está más mal traducido y traído por los moños quel-caraj!”. Y así, con la certeza de que se va a volver a quedar con su salvavidas y sus chapaletas y sus crespos secos, Malola retornó a su computadora. De internet ya había bajado el Himno de Cuba que se llama “La Bayamesa” (ella creía que se titulaba “Patria o Muerte, Fidel”, y que empezaba con: “¡Oooh, bien amado Fidel/ Oooh, siempre estamos con Él!”, pero no, la cosa dice: “No temáis una muerte gloriosa/ que morir por la Patria es vivir”). Malola se está aprendiendo el Cántico de Bayamo, porque si aquí siguen con la mentalidad abstencionista de boto-tierrita-y-no-voto-más y termínate-de-coger-al-país-es-lo-que-es, vamos a tener que cantar parejo: “¡Oooh, mi adorado Fidel/ Oooh, Él es un ser inmortal/ Oooh, siempre estamos con Él/ Oooh, Patria o Muerte, ¿qué tal?”.

Quique el seis de junio se acaba esto. ¡Ojalá!

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