Opinión Nacional

¿Por qué Chávez no debate?

Es un lugar común saber que el debate entre candidatos en sociedades democráticas y normales en el flujo de propuestas, ideas y programas se produce con regularidad. También a la mayoría de los venezolanos ya les consta que nuestra sociedad no es democrática, ni normal y si algo se trata de evitar es el debate contra un pensamiento y un líder único que como sabio inmanente y omnisciente no tiene discusión.

Dice tener un proyecto de país cuyo resultado hasta ahora ha sido el desmontaje de la democracia y la devastación material de la nación. El que vaya a votar por el Presidente de nuevo, le estará entregando la espada del descabelle para aniquilarla definitivamente. Chávez no debate con Capriles porque por más destrezas, insultos y agresiones de su discurso, no tiene obra que enseñar que no sea la que se genera con la sucia y abrumadora propaganda de realizaciones que no son tales, repletas de maquetas y primeras piedras y no digamos con el tema de los derechos de los trabajadores, de la conculcación de la autonomía sindical y la discusión de las contrataciones colectivas.

Ni han construido tampoco 210.000 viviendas ni acabaron con el analfabetismo, por solo dar estos 2 ejemplos de los cuantiosos de la mendacidad y el caradurismo del gobierno que más que ladrón, que lo es, su mayor particularidad es haber hecho de la mentira un programa electoral. Chávez en el 2009 hizo el aguaje de que debatiría con varios intelectuales liberales, entre ellos Mario Vargas Llosa, protagonizando un largo intercambio de declaraciones y réplicas para acordar un debate que finalmente no tuvo lugar porque Chávez se rajó. Dice que lo suyo es el debate y la rectificación si fuera necesario hacerla e incluso, que siempre la hace cuando conviene.

Sobre este punto es muy reveladora su gran disposición a enderezar el rumbo con sus ineptos y discapacitados ministros, una pila de oligofrénicos y jalabolas a la que se la pasa enroscándolos de puesto en puesto en un gabinete incrustado de ruedas. Afirma también que esta es una revolución de las ideas.

¿Es que en 13 años no tuvo acaso tiempo de contender y convocar, ya no pensadores del exterior, sino confrontando a intelectuales venezolanos que lo adversan, tales como, digamos, Alexis Márquez Rodríguez, Teodoro Petkoff, Tulio Hernández, Carlos Blanco, Aníbal Romero, por solo nombrar estos 5 de miles que se podrían mencionar y que lo revolcarían a placer al primer intercambio de ideas derramándole ipso facto al piso el patuque que anida en su cabeza de déspota premoderno y a caballo?

Con Capriles ha sido igual, jamás disputaría con él por su inmenso temor a ese flaquito que con su discurso preciso, lleno de futuro, sin retóricas inútiles ni falaz grandilocuencia dice, oye y hace; contra paja, monólogo e infinitas promesas cazabobos.

El Presidente es arrugón y buchipluma, todos lo sabemos, le gusta pelear con el contrincante amarrado. El único interlocutor válido para discutir con él sería un arqueólogo o un experto museólogo en donde permanezca inalterable su propuesta regresiva. Tal cosa es lo que ofrece y todavía peor, lo que nos dará si es reelegido. El 7−O es una oportunidad crepuscular para que esto no ocurra, no es simplemente una consigna electoral. Hay un camino. 

 

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