Opinión Nacional

Por qué estoy renunciando a la pre-candidatura para rector de la Universidad Central de Venezuela (2008 a 2012)

I.
La verdad es que nunca he sabido cuantos miembros del claustro de mi Universidad se habían enterado que había propuesto mi pre-candidatura al Rectorado de la UCV durante el período 2008 a 2012. Hice, desde mediados de Diciembre de 2007, una campaña que caractericé como solitaria (por no montar, ni disponer de, un “comando de campaña” a imagen y semejanza de las campañas de los partidos políticos y, supongo, de los demás pre-candidatos), distribuí una semblanza de mi curriculum académico en las diferentes Facultades y Dependencias, en la APUCV y la FCU, hice llegar, a través de amigos y colegas, un comunicado para aquellos que querrían apoyarme a través de sus firmas para continuar y mi reuní con dos o tres grupos que me invitaron. Sigo convencido, con la modestia del caso, que mis credenciales académicos adquiridos en más de 44 años de incansable labor académico-universitaria me acreditan plenamente para tan alto cargo. Conversé con colegas y amigas/amigos sobre la conveniencia de seguir con la campaña. Recibí algunos entusiastas apoyos, que me honran, y de otros, con sugerencias diferentes que me honran igualmente, el consejo de dejar de continuar el intento de llegar al Rectorado.

No deseo expresar mi desencanto con el resultado de mi corta campaña que se expresa en la renuncia, en términos de decepción con mis colegas/amigas/amigos y de frustración. Me parece más importante señalar las que me parecen las razones estructurales y personales que me han llevado a la renuncia, nada fácil, por cierto, a mi pre-candidatura.

II.
Es menester empezar con las razones estructurales.

Para nadie es un secreto que nuestra Universidad no se encuentra en el mejor momento de su historia. Después de la Renovación Académica de los años 1967, 1968 y 1969 vino un período particularmente oscuro cuando el gobierno de turno decidió un cambio de la Ley de Universidades, el cual implicó algunas restricciones a la autonomía universitaria, entre otras razones por la creación del Consejo Nacional de Universidades – CNU que asumió funciones que las universidades autónomas habían cumplido antes sin la interferencia de un organismo gubernamental comparable. Uno de los defectos de ese CNU consistía (y consiste) en el hecho de que los rectores de las universidades autónomas y de las con un status especial como la Universidad Simon Bolívar, la Universidad Nacional Abierta y la Universidad Pedagógica Libertador tenían (y tienen) el mismo voto de las llamadas experimentales, con lo cual el gobierno, además del Representante del Ministro de Educación, tenía (y tiene) potencial influencia porque los rectores y demás autoridades de las universidades experimentales eran (y son) nombrados por el gobierno y forman la mayoría. Este cambio generó un conflicto que llevó al cierre de la Universidad Central por casi dos años, al despido de un grupo de profesoras/profesores que habíamos militado con los estudiantes en la Renovación y algunas medidas de reorganización.

A juicio de distinguidos académicos y académicas, esa Renovación fue no solamente un serio intento de transformar ciertas estructuras institucionales y de docencia e investigación, sino también el último, hasta principios del siglo XXI cuando se discutió y aprobó un excelente Plan Estratégico para la UCV. Desde su reapertura hasta el año pasado con el inicio de la conmemoración de los 50 años del restablecimiento de la autonomía en 1958, la reflexión de la Universidad sobre sí misma y los cambios necesarios estuvo prácticamente ausente y muchos actos devinieron de institucionales en politiqueros, entre ellos algunas de las elecciones de las autoridades rectorales y decanales, con el resultado que unos cuantos de sus titulares carecían de la estatura académica, ética y política que debería idealmente caracterizarlos, aunque otros la poseyeron más allá de lo normal. Al mismo tiempo se expandió un clima de mediocridad intelectual, de apatía política y de malas prácticas administrativas, solamente a veces interrumpido por signos de recuperación cuando las autoridades fueron auténticos académicos. Poco después del inicio del actual régimen, una pequeña minoría de estudiantes y docentes intentó violentamente imponer una suerte de “populismo académico”, asamblea universitaria constituyente incluida, trató de tomar el recinto y fracasó por la resistencia de las fuerzas democráticas. Desde este episodio en adelante, las amenazas contra las universidades autónomas y especialmente contra la UCV no han cesado, en particular después de la creación del Ministerio de Educación Superior. Tal fue la enemistad del Presidente de la Republica hacia la universidad autónoma que incluyó en su derrotada “reforma constitucional” del ano 2007, en realidad una nueva constitución, un artículo que cambiara el modo de elección de las autoridades en el sentido de la participación de todos los estudiantes, todos los profesores y todos los empleados con igualdad de ponderación del voto individual.

Pienso que estamos viviendo un momento de quiebre de la sociedad venezolana. El régimen que ha impuesto desde su victoria Hugo Chávez Frias ha generado una general y profunda anomia en la sociedad y anarquía en su sistema sociopolítico. Estos rasgos se han profundizado después de su re-elección en diciembre de 2006. Si antes de la misma había venido radicalizando el “proceso” y acumulando cada vez más poder en sus manos, aunque gradualmente, dañando severamente las instituciones democráticas y acumulando una hegemonía comunicacional, ha ido dedicándose después a promover el “socialismo del siglo XXI”, transformación de la educación, partido socialista único, cambio de las fuerzas armadas, carácter del Estado, limitación de la libertad humana y política y otros rasgos del más retrogrado socialismo realmente existente del extinto bloque soviético incluidos. Incluso después de la derrota de su “reforma constitucional”, Chávez está empeñado en avanzar, mediante trucos (“enmiendita para la re-elección continua”) y el uso de una Asamblea Nacional absolutamente obediente, su proyecto, pese a los graves problemas de desabastecimiento con bienes de consumo diario (incluyendo prominentemente alimentos), de seguridad personal, de declive de la industria petrolera, de la destrucción de la paz ciudadana, en breve: de la absoluta e inocultable pérdida de sociabilidad del pueblo y de la no menos inocultable y absoluta ineficiencia y hostilidad de su gobierno.

Esta situación exige de la Universidad Central de Venezuela cual comunidad de profesores, estudiantes de pregrado y de postgrado y egresados un esfuerzo responsable particularmente grande para tratar de volver toda la sociedad al clima de libertad, convivencia pacifica, respeto a las leyes y normas y pluralismo de las ideas, ideologías y doctrinas políticas y culturales. Ello implica un equipo rectoral y un Consejo Universitario de alto nivel con plena conciencia de sus grandes responsabilidades. No es que me haya asustado el peso de ser eventualmente el líder de este equipo – lo que me hace dudar y renunciar es más bien el peligro de que mi proyecto no logre la mayoría de los votos, lo cual, a mi juicio y al de algunos amigos/colegas sería muy dañino para la UCV.

III.
Pasemos a las razones personales.

Empiezo con las prácticas. Es evidente que me aproximé muy tarde a la eventual decisión de postularme como pre-candidato. Los otros candidatos tenían ya comparativamente largos tiempos en su campaña. Además, había pasado, gracias a la John Simon Guggenheim Memorial Foundation y las Universidades de Brown, de Yale, de Massachusetts en Amherst y del Amherst College, el tiempo entre septiembre de 1999 y febrero de 2005 en EE.UU. Si bien mantuve el contacto con la UCV, fue una ausencia que los electores seguramente tomarían en cuenta a la hora de votar, sobre todo mi incapacidad física por estar presente en las luchas contra los intentos de imposición del régimen. Adicionalmente, casi todo el año 2005 perdí por dos intervenciones quirúrgicas.

No quiero ocultar que consulté mi decisión de presentar mi pre-candidatura al Rectorado con unos pocos amigos de larga data. Uno de ellos, estadounidense y miembro-coordinador de un equipo de investigación internacional al cual pertenezco, llevó el dilema en el que me encontraba a sus dos máximas interrogantes:
a) ¿Quieres continuar con tu carrera de investigador, seguir publicando y así contribuyendo a la creación y permanente renovación del conocimiento y saber o quieres dedicarte a tu universidad en sus tiempos de tempestad?
b) ¿Piensas que puedes ejercer el cargo de Rector como cualquiera de los otros candidatos y real y simultáneamente adelantar las reformas que dices tu universidad necesita?
A la primera pregunta podría responder “sí” a cualquiera de las opciones. La segunda pregunta exige una reflexión difícil a futuro y una respuesta que pondere una serie de situaciones coyunturales que se presentarán, no lo dudo, en el futuro inmediato y en el mediano y largo plazo (durante los cuatro años), dadas las características del régimen que estamos sufriendo.

La última razón tiene que ver con las condiciones estructurales. Un proyecto como el mío para el Rectorado necesitaría no solamente el apoyo irrestricto e incondicional del equipo que me acompañaría (razón por la cual propuse que lo escogiéramos entre todos los que me apoyarían), sino también el sostén solidario de todas las fuerzas democráticas profesorales, estudiantiles y de empleados y obreros, además esencialmente el de las y los colegas que se han destacado en las luchas de los últimos años, especialmente porque la mediocridad académica y la apatía política deberían superarse.

IV.
Les deseo a los que resulten electos para los más altos cargos de nuestra Universidad Central de Venezuela, decanos y representantes profesorales y estudiantiles al Consejo Universitario y al resto de representantes en sus circuitos todo lo mejor para su gestión y me comprometo con todos ellos que estaré presente para luchar con ellos cuando se me necesite.

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