Opinión Nacional

¡Por qué ganó Hugo Chávez?

Demos por descontado que la comunidad votante venezolana expresó civilidad y experiencia en la ejecución misma del acto de votación. Igualmente aquello que, expresado con nobleza, trata de señalar que “ganamos todos”. Más aún, no discutamos por ahora aquello de que “el pueblo no se  equivoca” o “la voz del pueblo es la voz de dios” o también aquella expresión de simplemente  servir a los intereses del pueblo que estarían expresados en sus “decisiones”. Demos también por descontado que, dentro del conjunto de venezolanos que votaron por el Presidente Chávez, existen los que, sin ser la mayoría, podemos llamar chavistas voluntarios, por convicciones ideológicas o simpatías.

La administración del Presidente ganador y sus adláteres, nos señalan por lo menos dos elementos fundamentales en el panorama que la revolución bolivariana habría ido creando en cuanto al país, su desarrollo y su perspectiva política. Nos marcan así dos cosas, profundamente inestables y sin mayor asidero. Primero, que ahora tenemos un ciudadano nuevo (ya muy trajinado y ambicioso decir hombre nuevo). Realmente el ciudadano nuevo es uno tal que disfruta grandemente las inequidades en la gestión publica, los descaros en la administración de los dineros de todos los venezolanos y el control ejercido desde la propia administración para verificar si, efectivamente,  se está cumpliendo la orden dada a los empleados públicos de votar imperativamente por el candidato del gobierno, donde cumplen sus funciones públicas. La corrupción política, anímica y mental nos enfrenta a un ciudadano  regocijado en la dadiva y en el regalo de comidas y bebidas   entre otros estimulantes. Segundo, nos señala la administración que estamos frente a un nuevo modelo económico. El modelo económico que ha desarrollado la administración del Presidente Chávez, fundamentalmente sigue los mismos patrones de todas las administraciones anteriores: se mantiene y aprovecha la dimensión e influencia del petróleo como principal fuente de divisas y dinamizador y sustento de las finanzas públicas y las correspondientes ejecutorias del populismo. En 14 años, la administración del Presidente Chávez no ha disminuido la dependencia petrolera, la ha aumentado.

Entre  variadas razones que podrían mencionarse como determinantes del triunfo de Hugo Chávez, cinco merecen de nuestra parte ser destacadas.

En primer lugar, lo que llamaremos el voto encadenado. Se trata del voto obligado y comprometido de los empleados públicos en sentido general. La llamada nómina blanca de PDVSA, mucho tiempo hace que triplicó lo que había sido el monto de trabajadores de esa empresa en los tiempos de las administraciones anteriores a Chávez. Este número actual de trabajadores de esta organización tiende permanentemente a crecer con la incorporación de los terciarizados. Igual sucede en otras empresas del estado y en los ministerios, siendo así que la nómina de empleados públicos ha subido en cientos y cientos de miles de trabajadores. Éste voto encadenado abarca también los estudiantes de la nuevas universidades o la incorporación en las ampliaciones en otras que ya existían, en donde la administración Chávez tiene manejo directo como son las llamadas experimentales. Casas o apartamentos (impulsada su construcción aceleradamente para el periodo de elecciones), becas, viajes, apoyos a grupos culturales, han sido todas formas y mecanismos de encadenar votos. Por supuesto que un elemento  fundamental para encadenar votos ha sido también el suministro de alimentos y el de servicios médicos.

En segundo lugar, el fortalecimiento que ha tenido el fenómeno del rentismo en la administración  del presidente Chávez. Los agentes económicos y sociales saben que desde inicios del siglo XX el poder económico se centra en el estado venezolano, el cual controla un bien que no es producto del trabajo de los venezolanos, el petróleo. Del capitalismo rentístico hemos pasado a un socialismo rentístico. En el medran ricos y pobres y la nueva aristocracia de gerentes y administradores que ha generado la administración del Presidente Chávez.  En ese contexto, los  fenómenos de la corrupción, las dádivas y una actitud mendicante ante el rentismo han servido también para apuntalar el encadenamiento de los votos.

En tercer lugar, opinamos que en Venezuela se ha acumulado una cultura del resentimiento en ciertos grupos sociales. Algunos ubicaron el siglo XX venezolano como uno tal donde se podía evidenciar que el venezolano era fundamentalmente amante de la paz. En términos históricos el venezolano vivió un periodo muy violento en la guerra federal y las montoneras del siglo XIX.  El siglo XX, en nuestra opinión, también tuvo niveles de violencia. El gobierno de Gómez y la dictadura de Pérez Jiménez fueron episodios tremendamente violentos en el ejercicio de la política. Al resentimiento de los llaneros del siglo XIX se le sumó el de campesinos y desplazados en el siglo XX, en el contexto de la economía petrolera. Durante este ultimo siglo, la idea de un petróleo que ni se sembraba ni se repartía como riqueza, ligado a su correspondiente manejo por parte de los gobiernos de turno, fue creando las bases para la acumulación de aquel resentimiento en parte de los sectores marginales y menos favorecidos en la distribución del ingreso, y los cuales, hasta los años sesenta y setenta, eran tan solo embrionarios, pero que después de estos últimos años pasaron a  incrementarse paralelamente a la pérdida de los grados de desarrollo que de manera importante había ido alcanzando la sociedad venezolana. La lucha armada por parte de la izquierda política en los años sesenta –algunos de sus representantes se encuentran hoy en funciones de gobierno-, la aparición de la miseria violenta en los ochentas y noventas así como el estallido social nada planificado durante el Caracazo de 1989, son elementos a considerar en este sentido. Estos procesos han sido explotados por el conjunto de creencias de la revolución bolivariana. Un justicialismo violento, basado en parte en el resentimiento de algunos grupos sociales, pareciera ha encontrado su lugar en el inconsciente colectivo de estos últimos y el cual ha sido caldo de cultivo del ideario del presidente, sus adláteres y parte del pueblo. La idea de un redentor,  de un salvador, está consustanciada con estos elementos.

En una especie de aproximación taxonómica al chavismo podemos distinguir en el, hasta ahora, cuatro figuras: el chavismo voluntario (en base a ideología o afectos), el chavismo obligado (empleados públicos, por ejemplo), el chavismo beneficiado (ayudas, casas), el chavismo resentido y el que ubicaremos en el cuarto lugar de las razones que ordenamos en los determinantes sobre el triunfo de Hugo Chávez: se trata del chavismo escondido. Las movilizaciones, la capacidad de convocatoria y concentración fueron notables en el caso de H. Capriles Radonski, pero se venia apuntalando un fenómeno que advertimos u observamos desde hace años y es que venezolanos de clases medias y altas se vinculan al gobierno de Hugo Chávez obteniendo ingentes beneficios en base a contrataciones diversas, con el silencio de sus vínculos y simpatías, previendo con esto su adaptabilidad política para contextos donde haya desaparecido la administración chavista. Hemos observado en años recientes que, este fenómeno, aunque con otros mecanismos de articulación, se ha irradiado hacia parte de los sectores populares. Es decir, se trata de grupos y casos en los sectores populares que aceptan los beneficios del populismo chavista pero no quieren que los vean comprometidos o identificados, para evitarse así identificaciones problemática futuras. Este tipo de fenómenos genera confusiones a la hora de definir inclinaciones en grupos sociales determinados y, están en la base, de la conformación, también, del origen del voto chavista.

En quinto lugar, importante e influyente en el triunfo de Chávez se encuentran los descomunales, descarados e irrespetuosos gastos -con los venezolanos que no le son afectos y con el erario publico- de una campaña electoral totalmente asimétrica y que abarcó el uso permanente de cadenas nacionales en radio y televisión, fondos públicos para pagar transportes privados para sus seguidores, estímulos monetarios a estos últimos -como es conversado y parodiado con regularidad en distintos lugares del país-, gasto en aguas, otras bebidas y alimentos suministrados también a estos últimos y en franelas, gorras y en un sinfín de elementos de indumentaria que el Presidente, sus adláteres y organizadores hayan considerado ya “natural” suministrar a sus seguidores. La consecuencia de esto es una permanente erosión de los fondos públicos también por esta vía y un ventajismo injusto y grosero e inaceptable  en sociedades donde la contraloría y la vigilancia de los dineros públicos es asunto de alta importancia.

Puede haber otros elementos explicativos del triunfo -no precisamente arrollador- de Hugo Chávez. Medidas así las cosas, el candidato de la Unidad ejecutó grandes esfuerzos y desarrollos. Tanto así que la maldad, abuso, descaro y comportamiento malintencionado de otros produjeron un Líder y no precisamente de pequeño talante.

Parte de lo señalado nos indica un conjunto muy importante de necesidades que presentan ciertos grupos sociales en Venezuela. Atenderlos requiere sensibilidad y preocupación por el conjunto de habitantes de la nación, pero sobre todo demanda constancia, estabilidad institucional, consenso y sobre todo buenas políticas y un modelo o esquema diferente de las finanzas públicas.

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