Opinión Nacional

Por qué la Oposición no deja de morderse la cola

No es lo mismo una “primaria de oposición” que una “elección de base”; como no es lo mismo un jugo de guayaba que un Toddy frío. Por esa razón, la oposición no deja de morderse la cola y continúa peleando contra su débil sombra.

El termino “oposición” carece de organicidad, carece de la fuerza necesaria para dar sentido a la lucha política, ganar elecciones y alcanzar el poder. Cada quien tiene su manera de oponerse a Chávez; unos se levantan a las cuatro de la mañana con “banderita” en mano y hacen su cola para votar (por quien sea, pero contra Chávez), otros se conforman con ver “Aló Ciudadano” y descargan su ira mandando mensajitos. Hay quienes se van del país y despotrican de lo lindo; como hay quienes han arriesgado proyectos de vida, estabilidad laboral y hasta la vida de sus seres queridos por luchar contra quienes -a su juicio- deshonran a esta Patria.

Si cada quien se opone a Chávez a su manera, es difícil convocar unas elecciones primarias y pretender que todas las personas (los que participaron en ellas y los que no) acaten y legitimen su resultado. No es posible “carnetizar” la condición de opositor, como si se tratara de un sentir universal, como si estuviéramos hablando de la pena de muerte, el aborto o la eutanasia, temas que nos incluyen a todos como seres humanos. No podemos convocar a todos los venezolanos a que participen en una elección contra Chávez, porque no todos los venezolanos están en el mismo saco.

¿Quiénes representan a la oposición venezolana? ¿Cómo discriminamos esta variable? ¿Los de la oposición son los bonitos y “los otros” los feos? ¿Quién tiene el derecho de administrar un proceso comicial que pertenece a todos y pertenece a nadie?

¿Quién me obliga a acatar el resultado de unas primarias, si como ciudadano estoy convencido que la opción necesaria para oponerse a chavismo está fuera de la lista de misses que ofrece el menú?

Muy distinto sería si en vez de organizar “primarias de oposición”, asistiéramos a “elecciones de base” y la militancia de los partidos escogiera (según capacidad y trayectoria) a los líderes que mejor la representan. Entonces viviríamos una democracia de ensueño; como la que vivimos a principio de los años cincuenta, cuando los políticos no se avergonzaban de hacer política y manchaban sus pantalones de barro para fundar la casa del partido en medio de cualquier pueblo olvidado.

Pero no. En la actualidad tenemos que sufrir al “club de amigos opositores”, que cual junta de condominio reúnen a cinco locos y un millonario para fundar un partido de cualquier cosa y pescar en río revuelto.

Olvidemos las primarias. Hagamos una hoguera con las fulanas encuestas que no representan a nadie. Cerremos la boca y volvamos al ABC de la política: vamos a la calle a buscar gente y sumar voluntades.

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