Opinión Nacional

Porque aún estamos en democracia

«Si el pueblo quiere que le cambien el nombre de acuerdo con un referéndum consultivo está bien, porque aún estamos en democracia, pero no aceptaremos que por imposición de cuatro tontos le vayan a cambiar el nombre a nuestra identidad». Henry Arteaga, manifestante de la urbanización Menca de Leoni.

Frase que podría aplicarse a los cambios de escudo, la bandera y el himno. Con los primeros dos ya no hay nada que hacer y los cambios no fueron si se quiere tan relevante. Pero el himno sí da pesar que esté sujeto a cambios arbitrarios, porque fue el himno de batalla de la independencia, el canto de inspiración para los rebeldes al sometimiento y debiera mantenerse de esa manera. Agregar una estrofa de homenaje a Bolívar (como si le faltaran) es para mí restarle su esencia libertaria y convertirlo en una canción oficialista y no revolucionaria.

Hay cosas que no las pueden decidir los representantes de una «revolución» que supuestamente está protagonizando el pueblo. El hecho de que una porción del pueblo proteste hace ya cuestionable dicha representación poniendo en entredicho el quién protagoniza la revolución. La iniciativa de los cambios de nombres, etc. no ha venido de ese pueblo sino de quienes se dicen representarlo tomando por sorpresa a la gente quizás contando con la asumida incondicionalidad hacia el proceso. Pero una cosa es la fidelidad a Chávez y otra a los satélites que viven de su liderazgo.

La gente de Menca de Leoni, que tiene 50 mil habitantes, reunió 3 mil firmas en contra del cambio que representan muchas más personas que las 70 que votaron a favor en las asambleas de ciudadanos convocadas por la gobernación para decidir el nuevo nombre.

No se cuestiona la importancia de la conmemoración del 27 de febrero o de bautizar a “algo” con esa fecha, pero hubiera sido mucho más impactante hacerlo con una nueva urbanización levantada por esta nueva “democracia” socialista que ostentamos o alguna otra obra de relevancia para y dentro de Guarenas.

La identidad no se decide por decreto. Es como querer cambiarle el nombre al 23 de enero, aunque la fecha tan conmemorada por la cuarta república le dé roña a esta quinta, en el caso del 23, ya no significa el homenaje a una fecha sino a toda una referencia urbana y cultural que forma parte de los elementos que caracterizan a Caracas. De alguna forma el significado de la fecha se la apropió la comunidad guerrera, independiente del 23 que se rebela ante la norma de la ciudad. Ser del 23 define a quien lo dice ser y le otorga inmediatamente un perfil específico dentro de la esfera caraqueña. Quizás si tuviera que escoger otro símil señalaría como impensable cambiarle el nombre a Petare o Caricuao.

A lo mejor la gente de Menca ya no recuerda quien fue la señora Leoni, y posiblemente su dinámica urbana y por consiguiente su edificación cultural no tengan nada que ver con la ex-primera dama. Pero esa dinámica se apropió del nombre y lo transformó para significar e identificar a los que viven allí.

Esa costumbre de renombrar pareciera que es invencible ante los avances del socialismo del siglo 21 de Chávez. Fue una tradición cuartorepublicana y se repite con los mismos vicios en ésta. No quisimos en su momento un Parque Rómulo Betancourt, y realmente nunca lo fue. Se mantuvo en el lenguaje común de la gente como el Parque del Este. Y algunos bautizos como Parque Jóvito Villalba para el Parque del Oeste nunca calaron.

Cuando venga el nuevo ordenamiento territorial avisado por la presidencia, con todo y lo lógico o necesario que parecerá este cambio para algunos oficialistas -una vez que sea presentado en qué consistirá- habrá consecuencias insospechadas en cuanto a la defensa de la identidad. Creo que se está desestimando el sentido de pertenencia al terruño simbolizado por su nombre.

Hasta ahora la prédica oficial revolucionaria habla del poder de la comunidad pero cuando la comunidad se manifiesta entonces se le desoye, ignora e irrespeta. Seguimos esperando porque se haga efectiva la democracia participativa, no sólo para consultar cambios de nombres, sino leyes, divisiones de estados, maneras de percibir la propiedad, administrar los dineros de la nación, establecer acuerdos económicos con otras naciones en clara desventaja para nosotros y, por último y de capital importancia, la Constitución de nuestro país, el documento que nos define y delimita.

Porque aún vivimos en democracia, nos rebelamos ante la imposición de unos pocos, quienes en vez de reforzarla, esforzarla y agotarla para solucionar nuestros problemas, la abusan. Y nos abusan arrogándosela en la prédica de que son el pueblo personificado. Y como dicen que el pueblo es soberano, pues se erigen en reyes olvidándose de quién les dio el poder y porqué.

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