Opinión Nacional

Post-revocatorio

La proximidad del referéndum revocatorio, al cual hemos llegado tras un largo y dificultoso proceso, y estando ante actores políticos que se adjudican la victoria y que denuncian fraude de antemano, resulta prioritaria la preparación de un escenario post-revocatorio que como nación nos otorgue un piso democrático para la vida en sociedad. Esta preocupación no es nuestra exclusivamente, la sabemos compartida entre algunos dirigentes políticos y según se desprende de declaraciones a la prensa es asunto central de los observadores internacionales que han estado en nuestro país.

Una primera cuestión, absolutamente imprescindible, podríamos llamarla un compromiso de gobernabilidad. Cualquiera que sea el resultado final del revocatorio lo que nos arrojará a la cara es la realidad de una sociedad polarizada, en la cual ninguna de las partes tiene una mayoría abrumadora como para aplastar a la otra. En sí mismas, las nuevas matemáticas electorales del país no resuelven los problemas de fondo. Sí nos pueden dar una radiografía del momento, de cómo se conjugan frustraciones y expectativas en distintos sectores sociales del país. Pero, para nada, el referéndum es el fin de la crisis, ni tendremos un país sustancialmente diferente el 16 de agosto. Sí estamos ante una oportunidad.

Una necesidad que ya es evidente desde este momento, es decir previo a la consulta, es un acuerdo de respetar el resultado cualquiera que este sea. Suena lógico, es un mínimo de los sistemas democráticos, pero los principales actores políticos de Venezuela no parecen apostar a eso, al menos no son capaces de sentarse juntos en una misma mesa para tal fin, y entre tanto pregonan que lograrán la victoria. Por otro lado, un compromiso con la gobernabilidad comprende también una tregua política, para que el gobierno (sea el actual o uno nuevo) pueda dedicarse a gerenciar las políticas estatales en los próximos dos años, y una vez superado ese tiempo tendremos la posibilidad de evaluarlo en las urnas, porque en el 2006 nuevamente estaremos ante un proceso electoral que incluye al jefe de Estado.

Como no se vislumbra una victoria arrolladora, aplastante, tal vez el resultado más simbólico del referéndum pueda ser que cada sector político reconozca la importancia del otro. Hasta ahora hemos venido asistiendo a una negación sistemática de la existencia del otro, en tanto sector político legítimo y con los mismos derechos a decidir (e intervenir) en los destinos del país, en un marco de reglas democráticas. Es prioritario el reconocimiento mutuo, la construcción de puentes mínimos entre las elites político y el respeto a las diferencias entre los ciudadanos. Todo ello, lógicamente, no se levanta por arte de magia y tampoco la sola realización del referéndum lo va a lograr.

Lo que si podemos lograr con esta consulta, pero enfocándonos desde ya en un escenario inmediatamente posterior a ella, es tejer un piso básico de entendimiento y acuerdos que nos permitan dar el primer paso para salir del atolladero político, de la confrontación inútil y la polarización ciega, en el cual hemos estado en los últimos tiempos.

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