Opinión Nacional

Presidente Chávez, estamos de acuerdo

Despejado el enigma, podemos dormir tranquilos. La lengua, castigo del cuerpo, es la responsable de tan inesperada resolución o, a mejor decir, absolución. Tanto se nos había acusado de golpistas, que estuvimos a punto de creernos tales. Eso que revisábamos nuestra historia personal, y por ningún lado aparecía una tanqueta rompiendo la brisa de una madrugada – como la del 2F y la del 27N del 92 – para asaltar el poder político ni mucho menos un fusil empuñado en nuestras manos para violar la Constitución y para segar la vida de otros venezolanos.

Cuando en el año 92 del siglo pasado observábamos el entusiasmo de alguna gente por el manotón de fuerza y el ruido de las balas, sabíamos que algo andaba mal. Cuando olimos el tufillo oportunista que se desprendía de las palabras del hoy ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, en la sesión del Congreso que debatía el Golpe de Estado, así como la brutalidad en las de David Morales Bello, sabíamos que dos trenes marchaban en sentido contrario y que la “ley del círculo” los haría chocar de frente. Cuando aprobábamos la máxima del filosofo Juan Nuño, en la que nos advertía contra el militarismo y demostraba con el expediente histórico la responsabilidad de estos sujetos en el desencadenamiento de las mayores tragedias vividas por la humanidad en el siglo XX, sabíamos que andábamos asistidos por la señora Razón. Cuando aplaudíamos la inteligencia y el sarcasmo del poeta chino Li Po contra el espíritu mesiánico que acompaña a la mayoría de los integrantes de ese cuerpo social sabíamos que estábamos ubicándonos en la acera de enfrente.

Así ha sido, y así es. Entendemos que la democracia es respeto a la diferencia, representación, participación, y acuerdos. En este sentido, la Constitución de la república es el lugar de estos acuerdos. Y no porque alguien se le antoje creerla moribunda puede ametrallarla.

De tal suerte que la lengua del locutor de Miraflores aclaró las cosas. Un militar, asevera el presidente, “que se preste para dar un golpe de Estado es un delincuente”. Luego, él es o fue un delincuente. Luego, buena parte de su equipo de gobierno es o fue delincuente, porque como es público y notorio, en su mayoría, participaron como militares activos en los golpes de Estado del año 92.

Un detallito para terminar: 1ero. En adelante débese tomar el estribillo oficial, ese que se explaya en los mitines e intervenciones del alto gobierno, especialmente el que entona Hugo Rafael, como una tecnica de mercadeo. Al escuchar “golpistas, golpistas, golpistas” piense en una lección del 1er. Semestre de publicidad, donde se recomienda repetir por lo menos tres veces el producto que se quiere vender.

Dilucidado el tema, atribuyamos a un pesado complejo de culpa la insistencia de esta revolución vomita la insistencia de ver un golpe de Estado en cada esquina. Razón tenía mi abuela al insistir en que no hay nada más fastidioso que una puta arrepentida. Este gobierno no se arrepiente, es hipócrita. Por eso acusa al adversario de sus propios vicios. Pero el presidente habló. Habló para cumplir con la advertencia que le hiciera José Vicente Rangel en la campaña electoral del 98: “el pez muere por la boca”.

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