Opinión Nacional

Presos de la historia

Muere en el altar de su catedral tras ser tiroteado por cuatros desconocidos hombres a los cuales la historia aún no ha hecho justicia, Moseñor Oscar Arnulfo Romero, una de las figuras latinoamericanas del Neocatolicismo y fuerte crítico de la situación en la que su tierra, El Salvador, estaba inmersa en los años setentas y ochenta. Un gobierno militar, con una tendencia de ultraderecha dedicada a someter a un pueblo cada vez más sumiso y horrorizado por el homicidio de sacerdotes no creyentes en su manera de dirigir los destinos de la tierra salvadoreña, fue el personaje dedicado a ver entregado a la desgracia a su país. La iglesia, gracias a Dios dada en ese momento al ala progresista, convocó a miles de personas a rezar oraciones que los pudieran proteger de esa hecatombe. Decía el padre Neomar García de la parroquia Clarines del municipio Bruzual, que eso mismo en estos tiempos, tal vez por el tormento que significan los medios de comunicación social a los gobiernos dictatoriales, sería un caso de aprensión o persecución política. Venezuela se inundó en los números de casos de presos políticos y exiliados de todo tipo. En aquellos tiempos difíciles para El Salvador, los íconos como Romero, significaron la materialización de una disidencia que en cualquier instante irrumpiría en el cambio que necesitaba la república. Sin duda, es menester que la iglesia siempre recuerde los grandes líderes de todos los tiempos. Juan el Bautista, otro mártir de la historia, dijo a la gente según el santo Evangelio de san Lucas (Lc 3, 10-18) “quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna y quien tenga comida, que haga lo mismo”. A los publicanos dijo “no cobren más de lo establecido” y a los soldados: “No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtese con su salario” (a esa palabra santa valdría la pena agregarle “porque ustedes os desearon así vuestra profesión”: nunca ha sido positiva la carrera armamentista y bélica que se inicia al construir un ejército). Seguramente, y como lo sostuvo en la misa del domingo en la Capilla Virgen del Valle del sector Pedro Antonio Medina de Clarines el sacerdote García, en el 2009 Juan el Bautista estaría tras las rejas por llamar a la cooperación, respeto y justicia en países como Venezuela. Eso sucede con muchos prisioneros que hoy en día ven por escazas horas el sol en la semana y se mantienen firmes aunque a veces la muerte sea una opción tangible en el sistema penitenciario de nuestra nación, por su inseguridad y atrocidades. A aquellos que como Monseñor Romero y Juan el Bautista que dedicaron su vida al bienestar común hasta morir, aquellos presos y perseguidos que de cualquier manera el gobierno los arrancó del brazo de su familia, compañeros y seres queridos, merecen ser una herida abierta en nuestras mentes porque tenemos prohibido olvidar y trabajar unidos por un nuevo país.

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