Opinión Nacional

Propuesta para el Post – Rentismo

El poder en sí es mas maligno que benigno. El máximo poder es el Estado. De por sí, constituye el eje del mal para otros, los muchos y del bien para unos, los pocos en una Nación. Del Estado emana la mayor intimidación, compulsión, coerción y violencia que caracteriza el vínculo político del individuo y el Estado. De ello se desprende la necesidad y razón de ser de la separación de los poderes y de la política que hacen posible la mediación que preserva la libertad del individuo frente a ese poder omnímodo. El ámbito del Estado siempre estará a merced del señor-autócrata que encarna el gran mal y el poco bien que desde esa esfera emanan. Todas las utopías políticas demandan la desaparición del Estado y de la política y de su reemplazo por la sinergia societaria del auto-gobierno de individuos libres. La proto-idea de esa estructura de poder, es economía política pura, ha sido la necesidad de un señor que haga posible la paz y la vida social; a pesar del desequilibrio entre pobreza y riqueza que caracteriza la “insociable sociabilidad” que crean los intereses contrapuestos de los individuos con economías tan disímiles. Esta idea la podemos encontrar en las constituciones primeras de cada Estado Nación de la cual no escapa Venezuela.

Cuando el autócrata proviene del cuartel, se ha arriesgado al cuartelazo con apoyo público al discurso nacionalista, racial y populista que pretende erradicar la pobreza excluyendo a los más y se apodera de un Estado petrolero tercermundista a nadie debería sorprender que en casi una década de ejercicio, el mal les haya alcanzado a todos al haber unificado los poderes y hecho desaparecer a la política. En otros tiempos el señor civil con legitimidad electoral hizo emanar el mal con un discurso democrático, mestizo y oligarca que pretendió apropiarse y crear riqueza excluyendo a los mas y cuyo resultado fue que el mal alcanzo a los muchos y esa realidad no pertenecía a los tópicos de resolución de las quejas ni de la discusión política.

Es mi discurso a los jóvenes sobre mi indiferencia hacia la revolución o hacia la evolución político-económica de la llamada democracia representativa si estos son los presupuestos de la política y el ejercicio del poder desde el Estado petrolero en la globalización. El “compendio del pensamiento petrolero” de ambos ejercicios ha sido el rentismo; que lo hace posible la propiedad estatal del subsuelo y que hace al Estado petrolero autógeno de las fortalezas de la sociedad civil y de su economía. Los señores democráticos propiciaron el capitalismo rentístico interno y global y el autócrata militar de hoy intenta imponer un socialismo rentístico interno en el seno de un ejercicio de capitalismo rentístico en lo global. En ambas Venezuelas solo ha aumentado la pobreza y ha cambiado quienes son los pocos que acrecientan la riqueza.

El resultado ha sido una pavorosa ampliación de la pobreza, que por ahora amenaza a las clases medias y altas de la empresa nacional y una odiosa reducción de la riqueza que se concentra en aquellos que se han conectado al poder internacional del dinero o a las facilidades del peculado y la corrupción que hoy facilita el credo bolivariano a los nuevos ladrones de la revolución. Pero ese siempre ha sido el presupuesto: “Mantener rico al Estado y pobres a los ciudadanos” . La subordinación de la sociedad ha sido constante política del rentismo en el Estado petrolero.

Para alterar el futuro de la política, del poder, del Estado petrolero, de la economía rentista nacional tendrá la sociedad venezolana que repensar el Estado petrolero post-rentista como un eje de bien para los muchos que no sea producto del necesario mal que existirá derivado de los intereses contrapuestos de sus individuos. La clave esta en propender la riqueza de todos los ciudadanos. En el caso venezolano, la clave pasa por despojar al Estado de la propiedad del petróleo y entregarla a la Nación. Esa tarea parece imposible. A las colectividades del siglo en curso les ha tocado en su evolución epocal buscar respuestas para que esa novedad se haga “estasis” o nueva permanencia de paz societaria donde los individuos, la política y el Estado busquen formas de ganar-ganar para incluir a los otros a los más. Es ruta desde el caos para alcanzar un orden segundo de reducción de la pobreza y ampliación de la generación y distribución de la riqueza. La proto-idea no requerirá de señor-autócrata. No oigo a nadie hablar así. No hay jóvenes. Miro a los demás y los veo viejos.

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