Opinión Nacional

Que censos aquellos

No recuerdo cuántos fueron ni cuándo sólo que éramos niños y aquel estar encerrados en la casa todo un domingo, lejos de fastidiarme, me resultaba emocionante. Quizá aquel enclaustramiento con toda la familia reunida, incluidos los abuelos,  se me parecía a los toques de queda de cuando tumbaron a un presidente o asesinaron a otro y estaba prohibido salir a la calle después de las 6 de la tarde y antes de las 6 de la mañana y no había clases en las escuelas. Los domingos del censo esperábamos al encuestador jugando Bingo o Ludo para lo cual contábamos con la presencia de algunos amigos vecinos que si llegaba el susodicho salían corriendo para su casa.

Algunos años después el censo empezó a hacerse por sorteo o descarte y no pocas veces nos sentimos frustrados al no estar incluidos en esa especie de lotería. La verdad es que -hablo por mí-  los censos eran como un ejercicio cívico del que nadie recelaba porque ¿qué uso inconveniente, desviado o malévolo podía nadie darle a nuestras respuestas?

Este Censo 2011, quizá el último al que me toque asistir, empezó con mal pie y terminará peor. Bien podrá Elías Eljuri (doctor Eljuri lo llama al felicitarlo el primer  enfermo de la nación) desgañitarse tratando de convencer a la gente de  que no hay segundas intenciones en el cuestionario. La lista Tascón y sus funestas consecuencias, han quedado tatuadas en el recuerdo y en el miedo de miles de venezolanos.  Si al uso perverso de esa Lista se suman las expropiaciones o más bien confiscaciones que ha hecho el gobierno chavista de fincas, empresas, edificios y casas, es natural que la gente que tiene alguna propiedad que defender sienta pánico ante preguntas que, en otras circunstancias, serían respondidas con absoluta sinceridad.

A los fines oscuros que pudiera tener el cuestionario, se suma el clima de indefensión en que se encuentran todos los venezolanos que carecemos de guardaespaldas. La inseguridad que es la marca de fábrica de la revolución chavista, nos obliga a temer por la ocasión del Censo para que asaltantes y demás delincuentes se camuflen como encuestadores. Ya ni éstos están a salvo puesto que algunos han sido atracados y despojados de los artefactos electrónicos que sirven para recoger las respuestas al cuestionario. Por cierto que los diseñadores del mismo  perdieron la oportunidad de oro al no incluir preguntas para determinar cuántos venezolanos han sido asaltados, robados, atracados, violados, secuestrados y  cuántos han perdido a familiares y amigos asesinados por delincuentes y por la violencia que permite que hasta un sastre muera por la mano de un cliente insatisfecho.

Sin quererlo o queriéndolo -ya no se sabe qué es malintencionado y que no lo es en las acciones del gobierno- el Censo es otro elemento de división de la sociedad venezolana en estratos creados artificialmente y con fines de exclusión política. No responderá con la misma espontaneidad y de manera veraz un habitante de algún sector de clase media o clase alta que uno de las zonas deprimidas del país.  Al primero no es factible que le expropien el rancho o la vivienda elemental que apenas llega a casa, el segundo mentirá para no confesar que en su apartamento hay dos baños con ducha y tres habitaciones dormitorios lo cual lo convierte en confiscable.

En el capítulo en que es posible que se igualen pobres, ricos y medio medio, es en el  tema del origen racial o étnico. En un país donde el que no lanza flechas toca tambor, es bien difícil determinar en que renglón nos coloca esa mezcla de sangres, orígenes y etnias. Mi marido por ejemplo, venezolano desde 1950, nació en Marruecos que está en el norte de África, pero tiene la piel blanca, el pelo liso, la nariz perfilada y la boca pequeña ¿es afrodescendiente o africano a secas? ¿Cuál es la diferencia entre un negro y un afrodescendiente? ¿Cuántos venezolanos producto del mestizaje continuo que hubo desde la época de la Colonia, estarán conscientes o dispuestos a admitir que no son tan blancos como creen? Pero en definitiva, ¿cuál es el objeto de indagar de qué color es la piel de Dios?

Como este es el gobierno más falso, mentiroso y fraudulento en la historia de Venezuela, tampoco creeremos en los resultados del Censo 2011. Preparémonos para uno creíble en 2013.

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