Opinión Nacional

¿Qué se entiende por Gobierno ilegitimo?

En relación a las publicaciones recientes sobre corrupción imperante en el gobierno venezolano, siendo evaluado el segundo más corrupto de la región después de Haití (Indicadores de Gobernabilidad 1996/2006, Instituto para la Gobernabilidad, del Banco Mundial, Mayo 2007) (*), quisiera aclarar su concepto para la mejor comprensión de los lectores:
La corrupción es un proceso degenerativo de normas, costumbres, compromisos, valores, ética y principios básicos de convivencia, que se aplica con mayor énfasis a las actuaciones del sector público.

La corrupción es una práctica peculiarmente odiosa, porque la legitimidad del Estado se basa en la idea de acuerdo con la cual éste ha sido fundado para proteger la justicia, la equidad, la aplicación de la ley; su finalidad es el bien común y, mediante la corrupción, el Estado traiciona las fuentes de su propia legitimidad. Por legitimidad, entendemos la aceptación de la ciudadanía de un orden político determinado. La corrupción deteriora directamente la legitimidad del sistema político y administrativo

Por consiguiente, la corrupción no es sólo un pecado o una distorsión del comportamiento humano en sí misma, sino también es una especial calamidad para el Estado, en cuanto socava los orígenes mismos de su legitimidad, y además, lesiona directamente los términos de la gobernabilidad.

Más aún, constituye una calamidad para aquella cultura que permite su existencia, que es precisamente lo que nos ha ocurrido a nosotros y es tan obvia, que atenta contra el bien común e ilegitima el gobierno de Chávez.

No en vano, Venezuela es uno de los países con niveles más bajos de desarrollo institucional de la región latinoamericana (en términos, por ejemplo, de calidad del Estado de Derecho, control de la corrupción, desempeño de la Administración Pública o Efectividad Gubernamental, Calidad Regulatoria, Transparencia y Rendición de Cuentas.

¿Cuál es la solución o qué debemos rectificar?
La corrupción nunca se elimina en una economía manejada por el Estado y aspiramos a un régimen que fortalezca una democracia participativa y que impulse el reordenamiento económico y social de manera de ir a un sistema eficiente, en el cual las iniciativas individuales de contenido empresarial impulsen el desarrollo del país y, por ende, el crecimiento económico que el país reclama. Necesitamos una democracia orientada al ciudadano, orientada a las personas, es la gente la que manda, la democracia es para ellos, son sus preocupaciones y sus prioridades las importantes.

En segundo lugar, si queremos dotar a nuestra institucionalidad democrática de la estabilidad y permanencia en el tiempo que son indispensables para una pacífica y solidaria convivencia, debemos dirigir nuestros esfuerzos y nuestras capacidades a incrementar el desarrollo social de nuestro pueblo. Debemos enfrentar con energía y eficiencia los problemas aún vigentes de salud, de pobreza y fundamentalmente, de educación. Para ello necesitamos un gobierno que sea capaz de trabajar con las mejores personas.

En tercer lugar, perseverar en tener una prensa libre y abierta, sin trabas, es el primer guardián contra la corrupción, mediante la transparencia y el compromiso con normas rigurosas de honestidad y responsabilidad pública.

Y luchar contra la corrupción y ser transparentes se requiere de la participación de todos los integrantes de la sociedad, pero ante la indiferencia y la anomia de la ciudadanía, es positivo destacar la iniciativa del proyecto de Transparencia en la Municipalidades, liderado por la Sra. Mercedes De Freitas. Pienso que sólo un vigoroso movimiento cívico y moral desde la sociedad civil hacia la política podría modificar la anomia que hoy sufre el país.

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De estos 6 indicadores de gobernabilidad, Venezuela en Control de la Corrupción obtuvo 12,6 puntos, cuando se midieron los niveles de control para evitar prácticas corruptas de sus funcionarios públicos. Cifras indican el rango del país entre todas las naciones del mundo, medido en percentiles Entre 0 y 100, donde 0 es el más bajo y 100 el más alto. Si se compara con las cifras del 1996/2004, Venezuela ha deteriorado sus indicadores de gobernabilidad.

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