Opinión Nacional

Querer a Venezuela

Más adelante fueron los colores de sus paisajes, los cantos de los pájaros, la tierra, las playas y la luminosidad del sol.

Un territorio que fuimos haciendo nuestro en la medida en que crecíamos, con los amigos, sin preocupaciones cuando se es joven, con más responsabilidad en la medida en que madurábamos.

Descubrimos nuestra música, nuestros platos y la manera de ser de nuestras regiones.

Desde entonces no podemos librarnos de él, aunque nos fuéramos al fin del mundo, ese recuerdo está sembrado en nuestro interior, como una parte más de nuestro cuerpo.

Desde el Lago de Maracaibo a la Cordillera de los Andes, desde el Orinoco y el Caroní a los Médanos de Coro, de Chichiriviche a la Isla de Margarita pasando por el Ávila, sea donde sea que nos encontremos seguiremos conservando, toda la vida, el recuerdo de la tierra donde abrimos los ojos por primera vez.

En la escuela se nos enseñó los símbolos patrios, el Himno Nacional, la bandera con siete estrellas y el escudo con un caballo que miraba hacia un lado, eran símbolos históricos, como el respeto y la admiración por El Libertador. Servían para identificar nuestra Nación, mestiza, unida, nacionalista.

La historia no describió la evolución, las guerras, los dictadores, los gobiernos civiles, la evolución democrática y la llegada de la riqueza petrolera.

En1958 comienza esa democracia que durante 40 años, fue pacificando el país. Se alternaron partidos distintos en el gobierno, sin que se produjera violencia, y se promovió el desarrollo integral del venezolano, se multiplicaron las universidades, los programas de becas, creció la industria Nacional, se llenó el país de orquestas.

Se hicieron gobiernos de coaliciones, porque se entendía que el bien de todos estaba por encima de un partido de gobierno. PDVSA se convirtió en un ejemplo en el mundo petrolero y garantía del progreso nacional, se profesionalizo las Fuerzas Armadas, la carrera administrativa, la diplomática, la educación.

Se modernizaron hospitales y las campañas de vacunas erradicaron muchas de las enfermedades endémicas que sufríamos.

Se rechazaron intentos antidemocráticos, que nos devolvieran al oscurantismo. Y se enfrentó con éxito, los planes de invasión que preparó Fidel Castro contra Venezuela.

Durante esos años se atendieron las necesidades del pueblo venezolano, se multiplicaron los servicios de agua potable, de luz eléctrica, de teléfonos. Se construyeron kilómetros de carreteras que modernizaron la vialidad, puentes, viaductos y autopistas, que sirvieron para vincular la regiones y a las zonas agrícolas con las ciudades.

Se diseñaron planes de desarrollo. Se implementaron los créditos hipotecaros, las entidades de ahorro y préstamo, el Banco Obrero, para facilitar la adquisición de vivienda.

A pesar de todo lo positivo, no podemos afirmar que fue perfecto, muchas injusticias que se fueron acrecentando, la corrupción que se sentía y se veía de forma ostentosa, opacaron los resultados y la desesperanza permitió que se escucharan espejismos, y abandonamos un camino perfectible por una desastrosa aventura.

En este país de todos, nadie creía que otro venezolano era mejor venezolano que él. Aunque desayunaras con pizca andina o con bollitos pelones o pastelitos. Era comer “tostadas” o chivo en coco, o una “reina pepeada”. No se puede definir este país sin la arepa, el pabellón y la hallaca.

Querer a tu país es identificarte con lo nuestro, es pedir la bendición, no tolerar el abuso, usar el humor, hablar con gestos y hasta ser exagerado. Soñar con progreso y “fajarse” para realizarlo.

Es haber leído Gallegos, Cecilio Acosta, Andrés Eloy Blanco, Arturo Uslar y a Otero Silva, lecturas que debimos completar con Ramos Sucre, Meneses o Cadenas, por nombrar a una mínima representación. Consiste en vibrar con Simón, María Teresa Chacín, Soledad Bravo y Oscar de León. Pero conocer que existió una Teresa Carreño y hoy en día Dudamel.

Haber contemplado a Reveron, los artistas del Círculo de Bellas artes y la Escuela de Caracas. Pero sentirse orgulloso de Soto, Cruz Diez, Zapata, el príncipe Negro o Pedro Morales y que me perdonen tantos amigos por dar solo unos pocos ejemplos.

Es valorar que ha sido construido con el aporte de generaciones de venezolanos, que en cada época dieron lo mejor de sí, apasionados por su país, sus valores, tradiciones y creatividad.

Hace 14 años desviamos el camino, el discurso dejo de ser positivo y se convirtió en uno dirigido por el odio, destinado a la venganza, a dividirnos, a controlarnos y ponernos al servicio de lo programado en la Habana.

Los tiempos del socialismo del siglo XXI, nos han robado la ciudad, vivimos en jaulas llenas de barrotes, para protegernos de la violencia ciudadana, la que comete 20.000 crímenes anuales que quedan impunes. Dilapidaron la riqueza petrolera, destruyeron la producción alimentaria, endeudaron las generaciones por venir, desaparecieron el oro de las reservas y entregaron nuestra soberanía.

Nos han convertido en un país de sobrevivientes, separados de las familias y unos de otros. Gobernados por decadentes traidores, un país lleno de exilados de su propio pasado, donde todo lo que has sido se te prohíbe ahora, hasta convertirte en un extranjero dentro de tu propia ciudad.

Ya no nos reconocemos, ni reconocemos nuestra realidad, de la democracia nos llevaron al atropello judicial, político y represivo de un partido; de la abundancia pasamos al racionamiento. De una televisión con ideas libres a otra regida por la propaganda del PSUVE, con un mensaje de odio hacia la mitad de su pueblo.

Tenemos un país que está harto de la violencia, de la incapacidad de los que gobiernan, del cinismo y del abuso de poder, de un ejército que fue libertador y hoy obedece a las directrices de los Castro. Este pueblo se cansó de que lo tomen por tonto y de quedarse callado viendo a los enchufados disfrutar de la riqueza mal habida.

El espacio se hace pequeño, en el no caben más tristezas y melancolía, ¿Surgirá esa vía? , Sumergirnos en lo que siempre hemos sido, nos dará la fuerza necesaria para tomarla.

 

 

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