Opinión Nacional

¿Quién le teme a un RR?

No se trata de las iniciales del referéndum revocatorio, la figura
constitucional que como ya es sabido y resabido es decorativa cuando se
trata del primer mandatario y de los funcionarios de su entorno. Pero
operativa, es decir temible, para quienes se opongan dentro y fuera del
chavismo a los mandatos y deseos del Supremo, y para los caídos en desgracia
Al RR que nos referimos es a ese automóvil emblemático de la aristocracia
primero y de la riqueza después, llamado Rolls Royce. Verlo desplazarse por
las calles de cualquier ciudad del mundo, no importa el nivel de bienestar
del país del que se trate, siempre ha sido y sigue siendo una muestra de
opulencia.

En la Venezuela de la bonanza perezjimenista y en la del boom petrolero de
Carlos Andrés Pérez parte uno; podían verse contados vehículos de
esa marca inglesa rodar por las entonces pavimentadas calles de la capital
venezolana. A su paso no había quien no se detuviera para mirarlos y tratar
de averiguar quién o quiénes eran los afortunados pasajeros. Había y quizá
haya todavía uno blanco y descapotable, bastante antiguo pero reluciente,
que trasladaba a los novios mas adinerados el día de su boda. En fin, nada
que diera tanto status como un RR.

Después del Viernes Negro resultó difícil ver esa marca de automóviles en
nuestro país, quizá se hizo demasiado costoso mantenerlos y hasta podría ser
que sus propietarios sintieran temor de ofender con su riqueza a una
población que se iba empobreciendo día a día. Escasearon también otras
marcas menos onerosas pero igualmente reservadas a personas con ingresos
elevados. Los políticos, especialmente, se cuidaban de exhibir tales signos
de enriquecimiento evidente aún cuando este último les permitiera esa clase
de lujos. Quizá una de las características más resaltantes de la Cuarta
República que algún historiador debería anotar, fue ese afán de los
beneficiarios del poder por disimular, por ocultar eso que Rómulo Betancourt
crea tan inocultable como la tos: el dinero. Tales esfuerzos resultaron
vanos porque la convicción generalizada de que los políticos eran corruptos
y por consiguiente indebidamente enriquecidos, fue causa determinante del
derrumbe del sistema democrático.

A diferencia de aquellos que se enriquecían a costa del Estado pero se
esforzaban por esconderlo, los de ahora no padecen esas angustias. El
socialismo del siglo XXI en contraste con cualquier otro régimen de
tendencia similar, no significa que sus ideólogos y propulsores vivan con
privaciones y dejen de complacer sus caprichos en materia de ropas de marca,
joyas, restaurantes caros, casas, fincas y por supuesto, automóviles de los
más costosos. Gracias a ese socialismo ruedan ya 120 Rolls Royce por las
calles venezolanas. Pero como este año 2007 entraremos por fin en la etapa
definitoria y decisiva del tipo de sistema socialista que nos tocará
soportar en los próximos años, la misma empresa que importa los BMW, ya casi
tan populares como la arepa, empezará a traer los RR aunque en cantidades
limitadas debido a sus precios astronómicos.

Tenemos amigos en el exterior, entre ellos cubanos exiliados que viven en
los Estados Unidos, que no dejan de advertirnos cada vez que Chávez anuncia
una expropiación o una ley para reducir nuestros espacios democráticos, que
lo que se nos avecina es la reproducción del régimen fidelista. Todos
seremos despojados de nuestras casas y otros bienes y pasaremos a vivir en
la inopia como viven los cubanos desde la implantación del castro comunismo.

La ya anunciada, decretada y prácticamente ejecutada medida de cierre de
Radio Caracas Televisión ha disparado esas alarmas. No es fácil para las personas que
no viven aquí ni sufren a diario los efectos del chavismo en acción, entender que esa medida
nada tiene que ver con el socialismo del siglo XXI ni de ningún otro siglo. La Fiesta del Chivo,
de Vargas Llosa, sirve para explicarnos mejor el tipo de régimen que vivimos y que vamos a
sufrir con mayor rigor en los próximos tiempos. Es el del manotazo, el asalto, la arbitrariedad
y la incertidumbre. No hay leyes que valgan ni tiene sentido que las haya simplemente
porque no existen los jueces que las hagan cumplir. La ley es la palabra de Chávez, los deseos
que salen de su boca son órdenes y esas órdenes son leyes de obligatorio acatamiento.

Mientras marxistas reencauchados de distintas nacionalidades estudian la
forma de darle un barniz de socialismo a este régimen indefinible, en el
ámbito internacional se tiene cada vez mas claro de lo qué se trata: este 2
de enero Le Monde publicó un reportaje de su corresponsal en Caracas, con el
título de «Au Venezuela, viva la corrupción» que se inicia con la narración
del pago en efectivo de cuentas millonarias en hoteles y otros negocios y de
cómo esta forma de pago ya consuetudinaria en el país, pretende ocultar la
corrupción galopante de los validos del régimen chavista. The New Yorker, la
prestigiosa revista norteamericana publica en su último número un artículo
titulado «Synergy with the Devil» en el que se desmonta, con datos
financieros absolutamente comprobables, la falsedad del anti imperialismo de
Chávez. Una frase lapidaria lo dice todo: «Chávez va por el mundo dando
discursos sobre cómo debería matarse a la gansa pero depende de sus huevos
de oro para mantenerse en el poder».

Por lo visto este no es un gobierno para temerle a un Rolls Royce ni a otros signos exteriores de enriquecimiento obsceno. Lo que si causa terror es la ojeriza de Chávez, como en la Fiesta del
Chivo.

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