Opinión Nacional

¿Quién puso LSD en el agua potable?

» Récord de viajes al exterior, incremento en la compra de vehículos, mayor consumo en sectores C y D. Y en medio de esto el país quizás elija votar por la reforma comunista: ¿quién puso LSD en el agua potable?», me interpelan las iluminadas letricas en la pantalla del teléfono celular. Quien me envía este mensaje es un agudo lector, atento al acontecer de la realidad política venezolana. A la luz de esos sondeos, de la experiencia personal reciente en un centro comercial en la isla de Margarita colmado por los cuatro costados, y de la publicidad de la camioneta Hummer a página completa, full color, en El Nacional, la interrogante es, en verdad, pertinente: ¿habrán puesto LSD en el agua potable? Una de las acepciones de alucinación que da Clave, diccionario de uso del español actual, es la de ofuscamiento, engaño o seducción que se consigue haciendo que se tome una cosa por otra. Agrega, a modo de ilustración, este utilísimo diccionario: «Ese tipo te tiene sumida en tal estado de alucinación y desconcierto que puede manejarte como quiera».

Por un instante dudé de si el amigo que envió el mensaje conocía esta acepción, porque confieso que no pude evitar la asociación entre «ese tipo» de la definición y el «tipo» nuestro, vociferante en cadena nacional, y pensar en Venezuela como la víctima que maneja como quiere.

¿Cuánto puede lograr el dispendio de la chequera petrolera?¿En verdad creen esos compatriotas consultados en los sondeos de opinión que son compatibles, no digamos posibles y éticamente sustentables, esos viajes al exterior, la adquisición de vehículos, las caravanas de Hummer y, más importante, la superación de la pobreza, con el modelo de socialismo autocrático y militarista, punitivo y moralista, que pretende imponernos el teniente coronel Chávez? Luego de ocho años de comprobada ineficiencia, militarismo y corrupción la duda tendría que ser razonable. ¿Por qué esos venezolanos que al parecer se pronuncian favorablemente acerca de la reforma (sic), no asocian el horror tan cercano del «mar de la felicidad cubana», la miseria y la opresión de ese pobre país, con el futuro que nos promete Chávez cuando su mentor e influencia más próxima es Fidel Castro y su fracasado modelo totalitario. ¿Habrán puesto LSD en el agua potable? ¿Por qué, efectivamente, los venezolanos hemos reaccionado tan pasivamente a este intento de fraude constitucional del teniente coronel Chávez? ¿Por qué los actores políticos no hacen los esfuerzos adecuados para lograr la concertación política que nos permita enfrentar exitosamente la imposición de la mal llamada reforma? El más desprejuiciado análisis indica que la propuesta de reforma (sic) es absolutamente inconstitucional y que sólo busca consagrar la presidencia vitalicia de Chávez. La propuesta del jefe del Estado atenta contra la Carta Magna vigente que consagra el carácter democrático de nuestro sistema político, define la alternabilidad en los mandatos de elección popular y fija una única reelección inmediata.

Bajo el engaño de dar más poder al pueblo y de toda la palabrería sobre el Poder Popular, se encubre una mayor concentración autocrática del poder y la conversión de la institucionalidad militar en una guardia pretoriana del jefe del Estado.

Recordemos una vez más que en los últimos cien años las tres personas que han estado mayor tiempo en el poder, de manera ininterrumpida en Venezuela, todos han sido militares: 1) general Juan Vicente Gómez (1908-1935): 27 años; 2) general Pérez Jiménez (1948-1958): 10 años; y 3) teniente coronel Hugo Chávez (1999-2007): 8 años, por ahora.

Chávez amenaza con que su nueva constitución será roja rojita. ¿Por qué, entonces, esos resultados de los mencionados sondeos? ¿Habrán, de verdad, puesto LSD en el agua potable? Todo dispositivo constitucional es, por naturaleza, expresión del pacto social. Históricamente la imposición de una constitución ha sido siempre foco de perturbación social. La promoción de los espacios para la reconciliación de los venezolanos requeriría del presidente Chávez verdadero apego al pensamiento de Bolívar que tanto se ufana en invocar: «La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos». Y de los venezolanos de convicción democrática, chavistas o no, honrar la memoria del Libertador rechazando este perverso intento de usurpar el poder constituyente del pueblo.

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