Opinión Nacional

¿Quiénes son los responsables?

Una de las preguntas más importantes que surgió al final de la Segunda Guerra Mundial fue quién tenía la responsabilidad de la guerra en general y los abusos en particular. Si bien era fácil saber de quién habían emanado las ideas y las órdenes, y como por lo general los autores intelectuales no habían ejecutado a nadie personalmente, sí había una lista muy larga de personas que habían participado en diferentes grados y formas voluntariamente, al punto que se llegó a concluir que en varios países hubo una vasta mayoría de la población que colaboró y fue responsable de lo que sucedió. Al final, aunque pocos fueron los sentenciados, la defensa que argumentaron casi todos los acusados fue que ellos cumplían órdenes, pues muchas de ellas eran legales. Pero en cuanto a la legalidad, sí quedó claro que, además de la responsabilidad personal, hubo una responsabilidad colectiva cuando las personas voluntariamente formaban parte de esa mayoría que colaboró con lo que estaba sucediendo, un argumento tratado ampliamente por Arendt y que ella denominó la “banalidad del mal”, en el ser que por carecer de reflexión es capaz de ejercer el mal. Desgraciadamente en la segunda mitad del siglo veinte se comprobó, que no se necesitaba una guerra mundial para que esa situación se repitiera en todos los países donde los gobiernos se alejan de la democracia, y la mayoría confunde o desconoce su responsabilidad sobre los límites de su apoyo a las políticas gubernamentales.

De esa situación surgieron dos experimentos que se hicieron después de la guerra y que han servido de modelo para explicar la relación que existe entre el gobierno, las mayorías y las minorías, aclarando que no se hicieron específicamente sobre los Derechos Civiles. El primero, conducido por Solomon Asch en 1958, fue sobre la dependencia de las personas en la mayoría, y el segundo por Stanley Milgram en 1961, sobre obediencia a la autoridad. Como sería muy largo entrar en los detalles de ambos, solamente me referiré en forma muy general a ambos y su relación con la política.

El experimento de Asch reveló que la gente se pliega a los grupos mayoritarios porque no quiere ser parte de la minoría, o no quiere creer que la mayoría no tiene razón, o que es muy difícil ser la única persona que ve lo que los demás no ven, algo así como cuando “el rey está desnudo”. Asch lo explicó diciendo que en tiempos de crisis la gente que no estaba acostumbrada a tomar decisiones, prefería seguir las decisiones del grupo, por lo que desplazaba su responsabilidad personal hacia la responsabilidad grupal. El experimento de Milgram preguntaba ¿hasta dónde la percepción del grupo influencia la percepción de una persona?, y entre sus conclusiones estaba que la gente común y corriente se prestaba para obedecer a lo que ellos consideraban como la autoridad, de tal forma que no la cuestionaban y terminaban convirtiéndose en sus agentes de destrucción. El número de participantes que colaboraron con la autoridad para castigar a ciertos grupos fue tan alto, más del 60 por ciento, que se llegó a observar cómo alguien podía racionalizar sus acciones contra otra persona. El experimento se replicó en muchos países y el porcentaje de colaboradores se mantenía igual, aún cuando el gobierno fuera o no democrático.

Si llevamos estas situaciones al contexto político, el común denominador podría explicar cómo es que muchas personas se pliegan al grupo que domina políticamente en países donde hay poca o ninguna democracia, o sea al grupo que tiene la fuerza que ellos consideran como la autoridad, aún sin cuestionarla cuando el grupo dominante tiene estas dos características: está ilegítimamente constituido y las personas no están calificadas para el cargo. Estas condiciones ayudan a explicar la relación directa entre la calidad de la Administración Pública y el nivel de democracia que existe en un país: A menor democracia, mayor represión por parte de los que colaboran con el Gobierno, aún si los participantes no están en la Administración Pública, y los ataques aumentan en la medida que se seleccionan ciertos grupos que se van convirtiendo, por manipulación legal y política del Gobierno, en minorías, ya que la minoría la definen como la que se opone al Gobierno.

Si detallamos a los gobiernos que han creado leyes ilegítimamente, como los que tienen un fin determinado para atacar y perseguir a ciertos grupos minoritarios, despojándolos de sus derechos civiles (p.e. trabajar, votar, viajar, estudiar, expresarse) porque el Congreso, la Asamblea Legislativa, la Duma o el Reichstag o como se llame el Poder Legislativo que haya aprobado esas leyes, o que se crean por acción de la autoridad del Poder Ejecutivo por la vía de decretos que no se discuten, encontraremos que mientras esos grupos están en el poder y gozan de la fuerza de la represión para perseguir y castigar a las minorías, primero, sobra quien se pliegue a apoyar a esa mayoría, encontrando como razón válida que además de ser “legal” es conveniente, porque la mayoría está en lo correcto, y segundo, porque su responsabilidad (defender al sistema) está basada ser parte de la mayoría, y por consiguiente no existe responsabilidad personal.

Estas situaciones ayudan también a explicar por qué estas personas que están en la mayoría gubernamental, están convencidas que personalmente tienen respaldo legal, ya que éste reside en las leyes que el Gobierno ha creado arbitrariamente bajo la errada premisa que toda ley es legal, y porque individualmente jamás tendrán que responder a nadie en el futuro sobre sus actos. La responsabilidad se diluye, y la legalidad, desaparece.

Podemos entonces hacer estas preguntas: ¿Quién, o mejor dicho, quiénes son los responsables de lo que está sucediendo? ¿Dónde reside la legitimidad y la capacidad de las personas que están en la Administración Pública? ¿Cuál es la legitimidad de las leyes que restringen los Derechos Civiles de los ciudadanos que son parte de la minoría que se silencia cada vez más porque se excluye cada vez más; si esas personas que hoy llevan a cabo esos constantes abusos no creen que su situación alguna vez cambiará y les demandarán responsabilidad personal por sus actuaciones? Como preguntó Milgram: ¿quiénes son los responsables?

Hoy en Venezuela casi nadie se atreve a cuestionar, ni siquiera a preguntar por qué a nada. Esto demuestra que hay una gran falla en el sistema democrático. Y si bien pareciera que fuera solo el Presidente quien originara todo esto, en realidad hay una serie de círculos en su entorno que gravitan y viven de él, interesados en que el sistema continúe para siempre. Pero hay también, además, una pirámide humana que se extiende hasta muy abajo, donde están todos aquellos que se están beneficiando del sistema, alimentándose del abuso que éste ejerce sobre las minorías silentes, es decir, de aquellos que cuestionan y difieren de la mayoría. Ellos también son responsables.

Los estudios de Asch y Milgram pertenecen al mundo académico, pero la responsabilidad política y la justicia pertenece al mundo real, y ese mundo existe hasta cuando los papeles se cambian y los abusadores pasan al banquillo de los acusados y les demandan su legitimidad y sus responsabilidades. Desgraciadamente, esos casos no abundan en la historia, pero hay situaciones y llegará el día cuando la página de la Historia de Venezuela cambie, así como cambió en 1958, por recordar solo la más reciente, y se busque a los responsables, y muchos tendrán que responder mañana por lo que están haciendo hoy.

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