Opinión Nacional

Quiero volver al monte

Quiero volver al monte, de donde vine y nunca supe a qué,
Recuerdo
Solo
Atravesé montañas tras el horizonte y subí cada cerro más alto cada vez
Y
cada vez
me quedaba más lejos el destino
En la orilla del mar el cielo allá muy lejos cada vez más, era el punto de llegada que al intentar asirlo huía en su empeño de subir al cielo y dueño ser de todo el universo
O ahogarlo y limitar su grandeza de azul cóncava
Por miedo a la melancolía de los rincones, las miradas, la ternura, los ensueños, jamás miré hacia atrás,
me habría hundido en el miedo a perderla y siempre va conmigo,
conforma mi nostalgia de futuro, para evitar morirme por la crueldad de mis
empeños no alcanzados
y por los daños hechos que sin querer pude o
a voluntad a medias alcancé, sin odios, sin proyectos y
si alguna vez me sedujo un modelo, fue sencillo,
construir la justicia siempre arisca para satisfacer mis afanes perversos.

Quiero volver al monte,
llevarme de este mundo la memoria repleta de cuanto amo y amé.

Breve lista de nombres: mi familia, mi papa y mi mama que me inventaron en conticinio,
mis hermanos, mis hijos, mis amigos, mi mujer, en silencio, y esparcir sus aromas, porque el amor es aroma a necesidad y a libertad, sobre los pastos verdes, los colores del pájaro en sus trinos, recostarlo en la inmensidad del Caracolí,
que en su grandeza inmutable alcanza abrazar el azul del universo, verterlos al arroyo y remontando los tiempos y lugares muy lejos volver al más hondo y soberbio de todos mis temores, el ancho, obscuro, profundo, inalcanzable Mar.

Quiero volver al monte
de dónde vine y no supe tras qué,
para encontrar la belleza del grillo hecho colores mil una sola vez tan solo una,
cuando se viste de arco iris y magia para hacer el amor
y
y luego, muere.

Quiero volver al monte
y encontrar el toro tras el pífano que perdió de becerro en el alarde de sus primeros fuegos.

Quiero volver al monte,
dialogar con la yuyuca en su afán de prevenir los riesgos del camino, superar la prudente serpiente, por sabia, oculta al ojo.

Quiero volver al monte
de donde salí y nunca supe a qué, y encontrar el ladrido del perro en su único afán de saber qué es, y su esencia probar de cerro a cerro.

Quiero volver al monte
y aprehender sus sonidos, en su transparente belleza de cuanto no se escucha
y en las voces agudas del silencio
y cantar las canciones que me deja al pasar el cóndor sobre el viento sin que nadie me oiga ni mirarme intrigado por mis habituales desafinamientos para la alegría virgen de la piedra.

Quiero volver al monte
y encontrar a los indagadores niños espías sabedores de sí por las ficciones que las niñas desnudas le despiertan y a los viejos zamarros que evocan sus delirios inconclusos en su memoria plena
Quiero volver al monte
dialogar con la soledad que su presencia cubre caminos y distancias sin proferir palabra.

Quiero volver al monte
y encontrarme conmigo bajo del aguacero,
Soberbio, y descifrar en sus gotas de cántaros si de mí queda algo que el espacio ajeno de donde me regreso no borró por su peso de estáticos cementos.

Quiero volver al monte
Aferrarme a mi cuatro
a mi guitarra.
Mis cuentos mis poemas
Mis temas
Mi mandolina
Y llegar muy adentro en el bosque mi bosque en el medio del monte y amarrarme al verdadero encuentro
El silencio sin tiempo

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