Opinión Nacional

Ramonet

Chávez se presenta como la última oportunidad de cristalizar los sueños comunistas

El pasado domingo Ignacio Ramonet, director del periódico Le Monde Diplomatic, publicó un artículo sobre Chávez. Afirmó Ramonet: «Porque en momentos en que la socialdemocracia pasa en Europa por una crisis de identidad, las circunstancias históricas parecen haber confiado a Chávez la responsabilidad de asumir la conducción a escala internacional de la reinvención de la izquierda».

Esas líneas definen lo que ocurre con la vieja izquierda europea que abrazó con fuerza las ideas del comunismo y que, gracias a la socialdemocracia (a la que han combatido con más fuerza que a las opciones de derecha pues les robó el espacio de sembrar justicia social), no pudo nunca cristalizar mientras duró la guerra fría y mucho menos después de la caída del muro de Berlín.

La frustración de no haberlo podido conseguir en Europa aflora ahora cuando la socialdemocracia se redefine y moderniza. Mientras la mentalidad marxista desea que en nuestra patria se imponga lo que en Europa nunca pudieron, para no morir con la inmensa desilusión de haber defendido toda su vida, tesis que donde se aplicaron, fracasaron, Chávez se presenta para esta intelectualidad como la última oportunidad de cristalizar sus sueños comunistas.

Por décadas han vivido supuestas reinvenciones, para permanecer siempre igual y terminar en rotundos fracasos que, con la excusa de trabajar para el colectivo, terminan cercenando la libertad de los pueblos imponiendo férreos mecanismos de control para disminuir al mínimo a los ciudadanos.

Hasta la fecha, Chávez ha liderado un modelo económico de capitalismo de Estado, cuya renta utiliza para sembrar un populismo militarista a lo interno y comprar simpatías a lo externo. Como propuestas fundamentales para profundizar su modelo, nos presenta ahora dos tesis ya practicadas y fracasadas por los comunistas: mayor poder para el líder (Estado unitario o centralizado) y control estatal de toda la economía. ¿Dónde está la reinvención de la que escribe Ramonet? ¿Dónde anida lo novedoso de Chávez?

La socialdemocracia creó un sólido y exitoso modelo de integración denominado hoy Unión Europea. Gracias a mayoritarios gobiernos socialdemócratas del siglo pasado, puede hoy una Europa unida vivir con prosperidad y seguridad para sus pueblos. Fueron esos gobiernos los que le dieron un rotundo No al comunismo y, bajo el equilibrio de construir Estados fuertes pero también individuos fuertes y libres, lograron para Europa lo que el comunismo nunca logró en la extinta Unión Soviética, ni ha podido lograr en Cuba.

Frente al liberalismo extremo y al comunismo, la socialdemocracia impuso un sistema de vida exitoso. Hoy, frente a nuevos problemas surgidos o no solucionados, la socialdemocracia se regenera y se plantea nuevas luchas.

Parece que algunos (como Ramonet) nunca superarán los atavismos intelectuales que sí superaron muchos dirigentes de la izquierda francesa del Mayo de 1968. La mayoría de ellos evolucionó hacia un socialismo democrático, socialdemocracia o su nueva denominación ajustada a la evolución de la humanidad y la posibilidad de enfrentar nuevos retos, la democracia social.

Otros en cambio bien se ajustan a la izquierda comunista que describió el presidente Sarkozy en su campaña electoral así: «Proclaman: `haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la república porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida mucho de vivir en ella¿ Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin¿, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres».

Muy distinta a esa izquierda comunista ha sido la socialdemocracia europea, con orígenes comunes en ese mayo del 68, que logró apartarse de los extremismos colectivistas y que se propuso e impuso lograr justicia social en democracia sin defender el liberalismo de derecha, y lo ha logrado. La izquierda democrática nada tiene que ver con el socialismo autoritario que pretende imponerse en Venezuela y que tanto se parece a la descripción que realizó Sarkozy. A los que hoy nos gobiernan (comenzando por el Presidente) y se autodenominan revolucionarios, les calza plenamente la frase: «haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago».

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