Opinión Nacional

Rechazo, desespero y amenazas

El rechazo, el desespero y la amenaza son términos íntimamente relacionados entre si.

El desespero del régimen, por el deterioro creciente de su imagen y su afán ilimitado de perpetuarse en el poder, conduce a sus amenazas generalizadas y sistemáticas en contra de aquellos que opinan distinto, que disienten, que simplemente consideran con razón que el país se hunde por la arbitrariedad y la ineficiencia de un grupo que trata de imponerse violentando las reglas.

La amenaza es tan grave como la realización de un hecho criminal. Amenazar con violar los derechos humanos es tan grave como su violación misma. La política de amedrentamiento y de terror, sistemática y generalizada, como lo es, sin duda, resulta una violación clara de los derechos humanos de los venezolanos, tan grave como las ejecuciones sumarias y las detenciones políticas que lamentablemente parecen haber sido olvidadas.

Las constantes declaraciones del presidente de permanecer en el poder hasta el 2021 y mas allá, avalada por la corte oficialista que ríe y se divierte en su programa dominical, es una amenaza que se inserta en el irrespeto de nuestro derechos humanos. Esa amenaza no es un simple disparate ni un gesto más de guapería criolla. Es más bien -y así lo debemos ver- una manera de imponer a los que disienten, su rendición.

Unas veces las amenazas son individuales, otras veces a grupos específicos y otras al país completo.

El anuncio, por ejemplo, de traer estudiantes bolivianos para graduarlos de médico y puedan ejercer la medicina en el país junto a los enfermeros cubanos, desplazando a los médicos venezolanos, es una clara amenaza a un grupo. Se pretende acabar con el gremio médico, sustituirlo por uno sin ninguna formación, integrada por seudo profesionales extranjeros. Lo mismo que ocurre con la industria y el sector privado al que se intenta acabar por todos los medios -el ingreso al MERCOSUR, por ejemplo- para sustituirlos aunque, esta vez, vale precisarlo, por patriotas revolucionarios que incursionan en el mundo de los negocios.

Las inaceptables declaraciones del Ministro de Educación mediante las que anuncia la politización de la educación, constituyen una amenaza generalizada, dirigida al país en su conjunto. El Ministro asoma el fin de la educación privada. Un paso grave en la búsqueda de la “formación” del hombre del siglo XXI. Un disparate que fracaso en las destruidas repúblicas socialistas, satélites de Moscú en las tres décadas de horror y de terror que implantaron los regímenes de esos países que eliminaron los derechos civiles y políticos de sus pueblos, argumentando la preeminencia de los derechos económicos, sociales y culturales los que tampoco fueron efectivos como tampoco lo han sido en la isla de la felicidad, el ejemplo que siguen los revolucionarios bolivarianos.

Mientras voceros del oficialismo anuncian con “entusiasmo” su apego a las políticas de desarme, adentro y afuera, el presidente ofrece armar a miles de venezolanos para “defender la integridad y la soberanía del país”, otra excusa para mostrar la cara guerrera y la disposición del régimen de perpetuarse en el poder. Armar a los revolucionarios es peligroso. Más grave si se incorpora a los niños en este proceso ideologizador que contraría las Convenciones internacionales en vigor y los principios mas elementales de la convivencia y el respeto.

Las amenazas no son solamente adentro. Afuera, el régimen osa también recurrir envalentonado a esta práctica.

Estas amenazas han sido algunas veces claras y directas, otras veces implícitas e indirectas. En todo caso, amenazas, en el sentido más estricto del término, a algunos países de la región. Anuncios de ruptura de relaciones en un caso, de enfriamiento en otros, de suspensión del suministro petrolero en condiciones ventajosas, entre otras, constituyen un ejemplo muy claro de esta modalidad.

En este ámbito, el régimen amenaza a unos y a otros y a todos juntos, una osadía sin precedentes. Así, amenaza a la comunidad internacional con unirse a países que irrespetan las normas internacionales y que desestabilizan las relaciones internacionales, como Cuba, Corea del Norte, Irán, Bielorrusia. Los revolucionarios bolivarianos dicen promover la paz y la estabilidad en el mundo, mientras se alía precisamente con quienes violan los derechos humanos y las libertades y que constituyen realmente una seria amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

Venezuela aspira ingresar al Consejo de Seguridad pero su actitud amenazante y desestabilizadora le hace perder legitimidad. Sus políticas internas favorables al armamentismo, a la confrontación, de corte segregacionista contrarias a todo, así como sus alianzas peligrosas, destruyen la pretensión bolivariana.

La compra de armas, el armamentismo venezolano, mostrado en los desfiles militares que recuerdan los de la URSS en la Plaza Roja de Moscú, en la gloria de la destrucción comunista, constituye una amenaza a los países vecinos, un reto a la comunidad internacional en general, a los más débiles que temen un enfrentamiento político y militar con el hermano rico.

Amenazas, amedrentamiento, terror para imponerse, para perpetuarse en el poder que es el único fin que se persigue, es el resultado del fracaso, de la inseguridad y del deterioro de un régimen que justifica con el mayor descaro la violación de los derechos civiles y políticos de los venezolanos.

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