Opinión Nacional

Reciente viraje en la política exterior de Israel: acercamiento a Rusia

La actual política de Israel de acercamiento a Rusia, es vista por analistas locales con gran preocupación y es catalogada como contraria a la seguridad del país.

La actual política de Israel de acercamiento a Rusia, es vista por analistas locales con gran preocupación y es catalogada como contraria a la seguridad del país. La tercera visita del Canciller Sharon a aquel país en menos de dos meses, la promesa de una visita de su homólogo ruso a Israel a finales de abril, la débil e imprecisa posición israelí frente al conflicto en Kosovo, la supuesta solicitud al Congreso estadounidense de congelamiento de las sanciones misilísticas contra Rusia por 6 meses y la insistencia de Netanyahu para que el FMI apruebe un préstamo billonario a ese país, son sólo algunos de los indicadores del cambio radical de la política exterior de Israel, frente al gobierno de Moscú en los últimos meses.

Vale recordar que a lo largo de 1998, la política había sido de enfriamiento de las relaciones entre los dos países, motivada por la cooperación creciente entre Rusia e Irán, especialmente en materia tecnológica y militar. Por estas mismas razones, Israel emprendió lo que se conoció como una verdadera «cruzada persuasiva» ante Washington, para frenar la transferencia tecnológica rusa a Irán, en cuyo marco el entonces Ministro de Industria y Comercio, Natan Sharansky, alertó al Vicepresidente de EEUU, Al Gore, diciéndole que si no se impedía a Irán completar su arsenal de armamentos en 18 meses, Occidente enfrentaría los mismos problemas que ha enfrentado con el inventario de armas no convencionales de Irak. De igual manera, en diciembre pasado, el entonces Ministro de Defensa, Mordechai, decidió cancelar una visita a la capital rusa con objeto de renovar un acuerdo de cooperación militar porque, según fuentes militares, Rusia continuaba «cooperando con Irán en la producción de armas no convencionales, incluso atómicas».

En base a lo anterior, resulta contradictoria la política actual, por cuanto, si bien es cierto que las representaciones de los principales ministerios (Defensa y Exteriores) que tienen que ver con la formulación de la política exterior y de seguridad han cambiado, el interés nacional del Estado sigue siendo el mismo, y su fundamento es y seguirá siendo la seguridad. Desde esta óptica, resulta inconcebible para muchos israelíes que el Canciller Sharon esté buscando reforzar relaciones con un país que ayuda a otros que son una amenaza para el Estado de Israel. Sobre este particular, algunos analistas buscan la justificación de tales acciones de Sharon, en la necesidad de conseguir votos para Netanyahu de los israelíes de origen ruso. En este contexto, hay que destacar las palabras del Ministro en una entrevista concedida a William Safire del «New York Times», en la cual expresó: «si puedo obtener más del 70 % de apoyo de los rusos a Netanyahu, así será». Otra razón, a nuestro juicio, más sentimental que realista, que se argumenta para explicar la mentalidad del canciller israelí, -mentalidad que ha sido definida por analistas locales como desfasada y acorde a la época de la Diáspora-, sería «el cariño a la cultura rusa» que le habrían inculcado sus padres. Finalmente, el propio Sharon alega como motivación de sus iniciativas, la necesidad de lograr un balance internacional dando un papel más activo en él a Rusia.

No obstante, sean cuales fueren los factores que expliquen la nueva posición de Israel frente a Rusia, tanto a nivel internacional como interno, la misma ha suscitado fuertes críticas. A nivel internacional, los Estados Unidos, principal aliado de Israel, a través de su Subsecretario de Estado para asuntos del Medio Oriente y anterior Embajador en Israel, Martin Indyk, negó la supuesta coordinación de acciones entre ambos países en lo que a la política frente a Rusia se refiere. De esta manera, el funcionario estadounidense contradice lo que sostiene el Canciller Sharon, cuando alega que todo estaba previamente conversado con aquel país. Asimismo, Indyk expresó el malestar que las iniciativas de Israel estaban generando en Washington.

A nivel interno, las jugadas diplomáticas de Sharon frente a Rusia no han sido bien acogidas por la opinión pública en general. La prensa escrita, analistas y conocedores del tema, han definido la política hacia Rusia como «dañina» para Israel. Para ellos es claro que mientras el gobierno de Israel, principal interesado y afectado, continúe de buenas con Rusia será muy difícil para EEUU disuadir a la ex-superpotencia de disminuir su cooperación con Irán. Por otra parte, si bien es cierto que a los israelíes de origen ruso les simpatiza la idea de mejorar las relaciones entre ambos países, no es menos cierto que para ellos, como para todo el país, la seguridad de Israel es la prioridad.

La molestia de EEUU hacia Israel por su política hacia Rusia no hace sino reforzar su cada vez mayor aislamiento internacional, el cual se hizo evidente en la recién realizada III conferencia del «Proceso de Barcelona», entre Europa y los países del Mediterráneo. En ese evento, el Canciller Sharon debió enfrentar, en varias oportunidades, que gran parte de los países allí presentes acusaran a Israel de ser responsable del congelamiento del proceso de paz.

En este escenario, Arafat, el líder palestino, parece estar «pescando en aguas revueltas». En un acuerdo con Washington, decidió postergar la declaración de la independencia de su país. Los beneficios obtenidos son secretos, pero sin dudas existen y son fruto de una combinación de elementos. Para algunos, los más realistas, el principal elemento de los logros palestinos ha sido la diplomacia silenciosa y secreta de su líder; para otros, los más exagerados, la política del Primer Ministro Netanyahu, que ahuyenta cada vez más aliados para su país, en beneficio de su vecino, ha sido el factor determinante del éxito de la Autoridad Palestina. En cualquier caso, las verdades que afloran en este siempre acontecido escenario del Medio Oriente, son el aislamiento internacional de Israel y el temor generalizado de los israelíes por las implicaciones que en la seguridad del Estado podrían tener las acciones internacionales de sus líderes, enmarcadas en la casi desesperada búsqueda de votos de última hora.

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