Opinión Nacional

Recreación partidista

En días recientes, el teniente coronel Chávez asistió a la inauguración de la escuela de cuadros del PPT. No utilizó visiblemente, para movilizarse, la Casa Militar, pues, se dijo que estaba en funciones políticas y no de Estado. Esta distinción es tardía y escasamente creíble, porque no se entiende la opción dizque bolivariana sin los recursos materiales y simbólicos del Estado, como tampoco se comprende al gobierno mismo sin los exagerados tributos de la ciudadanía para tapar sus errores, aún los más garrafales.

No podemos pasar por alto el evento en cuestión. Todos los pasos de quienes ejercen altas funciones de Estado, resultan reveladores, por modestos que sean, de un propósito y un estilo que nos afecta y afectará a todos.

Lo cierto es que el Jefe de Estado, Comandante en Jefe, Jefe de Gobierno y Jefe del Partido, no otro que él mismo, desconfía y rechaza toda noción de institución partidista y democrática. Al PPT lo sacó de sus elencos parlamentarios, humillándolo, para recurrir a una de sus figuras en el intento de capturar a la CTV y, luego, agregó a otras más a fin de parapetear al gobierno, por no mencionar que se vio obligado al sacrificio en alcaldías tan importantes como la de Petare.

El PPT, motivo de la recreación presidencial, acepta la quiebra política del oficialismo y se dispone a recoger y calificar el recurso humano que es indispensable en función del proyecto chavista. La escuela de cuadros constituye una apuesta no solicitada, nos tememos, por el vecino de Miraflores y ojalá sea escenario de un constante debate, la mejor forma de obtener una adecuada formación política, en lugar de resignarse como una agencia escamoteada de empleos públicos, una manifestación particular del clientelismo susceptible de un adiestramiento para la defensa callejera del régimen.

La escuela en referencia, tendrá futuro si lo es de la libre interpelación en torno a lo que se hizo, se hace y se hará en este país. La venia presidencial estorba para estos menesteres, habida cuenta de la incomodidad que siente hacia los partidos, porque –basta recordar- el MVR no es tal y, si forzamos las cosas, a veces parece comportarse como si fuese el liberalismo amarillo que agonizó, sin pena ni gloria, a comienzos del siglo pasado.

¿Hacia el terrorismo selectivo?

El terrorismo es uno de los paradójicos puntales de la tendencia globalizadora. Distintos son los motivos y estilos de un remolino mortal que atrapa a sus generadores, estableciendo una doctrina que es celebración de la muerte en un mundo que se resiste a las simplificaciones forzadas.

Recuerdo que, en su última entrega al “Papel Literario”, Juan Nuño observaba que los terroristas también podían convertirse en decentes y cuidadosas personas en funciones de gobierno (El Nacional, 07/05/95). Mientras tanto, barajados en la urdimbre urbana, pueden ilustrar una de las tantas descomposiciones existenciales que retratan directores como Imanol Uribe y su “Días contados” que, por cierto, pasó una televisora local como relleno de la madrugada, meses atrás.

Muy pocos dudan del discurso belicista del mandatario nacional, enfatizada una variedad de atavismos, fobias y resentimientos. Ya se dice de la relativa pérdida de control de los círculos chavistas, los cuales canalizan las energías desatadas del odio. Lo más peligroso de todo es el cinismo de los afanes propagandísticos, una constante de aquellos factores que ayudaron a sepultar una buena parte de lo que se dio en llamar el “socialismo real” : recientemente, el teniente coronel Chávez habló de barrer a toda la oposición en menos de lo que canta un gallo en el contexto de una jornada dedicada nada más y nada menos que a la paz.

Queda un escenario del “postchavismo” escandalosamente abierto y no es otro que el de la recia, frontal y endurecida negación a perder el gobierno, a pesar que el futuro expresidente pueda encontrarse cómodamente en el exterior. De la irracionalidad ciega, sembrada entre sus seguidores, quedarán los “objetivos militares” que tantas veces enunciaron con la torpe espontaneidad de un proceso enfermo igualmente de ceguera.

Nada extrañaría que, pretendiendo fortalecer una opción, ya no fuese el integrismo religioso o el patriótico el que le concediera explicación a lo que será nostalgia del poder. Simplemente, esa nostalgia servirá para el revanchismo de los sectores más fanatizados que –atendiendo órdenes expresas o tácitas- desaten una ola de atentados selectivos contra las figuras del nuevo escenario político, encuéntrense o no apoyando o compartiendo responsabilidades de gobierno.

Unos dicen exponerse en defensa del régimen actual, a la vez que otros sonríen con el festín del FUS o del FIEM. Más adelante, pretenderán que se les defienda y, perdida la calle, apostarán por la desaparición de los líderes que vendrán o, al menos, de los expedientes que queden en los tribunales.

Reinventar la épica

El gobierno se ha dedicado a todo, menos a la tarea de gobernar. Incluye, a falta de proyectos viables y concretos, una cierta alucinación del poder que, luego, se hará por el poder, pues, se ha abanicado con toda suerte de ofrecimientos y, aún gozando de una plena y reiterada habilitacion, ha fracasado: en lugar de aterrizar en la realidad, sigue la hinchazón de promesas en un país que tiene 2 millones de desempleados, va galopando la inflación hacia el 40%, las reservas internacionales bajan a unos 12 mil millones de dólares, hay un decrecimiento económico de 7 puntos, la devaluación luce imparable. Por si fuera poco, el precio de los errores consecutivos lo hemos pagado todos los venezolanos a través de los impuestos.

El problema no reside tanto en las conspiraciones golpistas que, igualmente, condenamos cuando están abiertos los caminos que llevan a la salida pacífica, democrática y constitucional de Chávez, sino en la pretendida desarticulación, aborto o frustración por el oficialismo. Este no ha aportado elementos convincentes e irrefutables de una intentona en marcha, con nombres y apellidos que digan de una contundencia que vaya más allá de las genéricas opiniones dadas a través de los medios, y, al contrario, lucen más fundados los indicios de un acto de provocación del gobierno que también tendrá entre sus huestes a quienes apuesten por la aventura de un autogolpe, así sean muy distantes las condiciones que bien aprovechó Alberto Fujimori al principiar los noventa.

Lo más destacado del allanamiento de la casa de Enrique Tejera París, además del trato cortés de los agentes policiales, no fue el célebre mapa de la “solución final”, denominación de burdos perfiles nazis, sino el “tubazo” del canal de televisión del Estado que, a pesar de la consigna del periodista, no es de todos los venezolanos. Un sospechoso “tubazo” que, al complementarse con el programa presidencial del más reciente domingo, nos lleva a pensar que, por muy modestas que sean las pesquisas y sus resultados reales, es necesario fabricar otra épica frente al golpismo. Vale decir, convertir una probable escaramuza en toda una gesta del heroísmo ante las obesas y blindadas fuerzas de la “contra”.

Gesta que nada o poco tiene que ver con las realidades palpablemente sufridas y una de ellas es la inseguridad personal. Ocurre que una parte de la Policía Metropolitana ha demandado una serie de reivindicaciones a través de una iniciativa que aparentemente no compromete a toda la entidad. No obstante, sorpresivamente, aparecieron algunos contingentes militares en Caracas con el pretexto de cuidarla, pero en los sitios más visibles de la ciudad y no en los distintos epicentros del hampa. Significa, nuevamente, militarizar el hecho público dejando intactos los problemas padecidos.

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